Dos generaciones, un mismo desencanto: por qué EE. UU. rechaza la tecnología y España no logra adoptarla

La paradoja tecnológica: EE. UU. y España pierden vocaciones digitales por falta de propósito y estabilidad

Dos Generaciones Un Mismo Desencanto Por Que Ee Uu Rechaza La Tecnologia Y Espana No Logra Adoptarla
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Joel Calata

Editor

La inteligencia artificial prometió ser la gran revolución del siglo XXI, y en cierta medida lo está siendo. Pero hay una paradoja que pocos anticiparon: justo cuando el mundo necesita más talento tecnológico que nunca, los jóvenes a ambos lados del Atlántico están mirando hacia otro lado. 

En Estados Unidos, la saturación del sector y el miedo a ser reemplazados por la misma tecnología que se supone deben dominar están empujando a toda una generación hacia las enfermerías y los hospitales

En España, el problema es más estructural: una juventud que no termina de conectar con los datos, que carece de referentes y que llega a la encrucijada de elegir carrera sin el acompañamiento necesario para tomar una decisión informada, dando forma a dos crisis distintas, pero que apuntan a un mismo síntoma: el futuro digital se está formando sin suficientes manos dispuestas a construirlo.

El sueño de Silicon Valley se desvanece

Durante al menos dos décadas, trabajar en una gran empresa tecnológica representó el pináculo de las aspiraciones profesionales de los jóvenes estadounidenses: sueldos estratosféricos, oficinas con futbolines, proyectos que "cambiaban el mundo", una narrativa que era potente y funcionó. 

Pero algo se rompió. Según la encuesta Career Interest Survey 2024, casi la mitad de la Generación Z quiere dedicarse a la medicina o a profesiones relacionadas con la salud, mientras que ingeniería y ciencias quedaron muy por detrás. El hospital, en su concreción y su propósito, venció al algoritmo.

Entre los empleadores más deseados por esta generación figuran el St. Jude Children's Research Hospital en primer lugar y la Mayo Clinic en segundo, por delante de gigantes como Google, Amazon o Apple. Lo que antes era la lista de los sueños tecnológicos se ha convertido en un catálogo de centros de salud, y no es un capricho ni una moda pasajera: tres de cada cuatro jóvenes encuestados colocan la estabilidad laboral por encima de prácticamente cualquier otro factor, incluyendo el salario, la ubicación o el prestigio de la empresa.

Detrás de este giro hay una razón concreta que los jóvenes articulan con sorprendente claridad: la inteligencia artificial. Las oleadas de despidos masivos en grandes empresas tecnológicas, combinadas con declaraciones de directivos que advierten que incluso los buenos programadores podrían volverse prescindibles, han calado hondo en quienes están a punto de entrar al mercado laboral. 

Según una encuesta del Instituto de Política de la Harvard Kennedy School realizada en 2025, cerca del 70% de los estudiantes universitarios considera que la IA representa una amenaza directa para sus perspectivas laborales, una cifra que los expertos califican de alarmante.

El caso de Josephine Timperman, estudiante de la Universidad de Miami en Ohio, ilustra bien esta tendencia: comenzó su carrera universitaria estudiando análisis de negocios, convencida de que las habilidades técnicas la diferenciarían en el mercado. 

Pero cuando comprendió que las tareas básicas de análisis estadístico y programación podían ser automatizadas con facilidad, cambió su especialización a marketing, buscando cultivar pensamiento crítico y habilidades interpersonales, las áreas donde los humanos todavía tienen ventaja. Su razonamiento resume el sentir de una generación: no basta con saber codificar, hay que saber pensar, relacionarse y conversar, porque eso es lo que la IA no puede reemplazar.

Una generación que usa la inteligencia artificial, pero no confía en ella

Lo que hace compleja esta situación es que los jóvenes estadounidenses no son tecnófobos. Muy al contrario: aproximadamente dos tercios de ellos utilizan herramientas de inteligencia artificial de forma habitual, principalmente para generar ideas, revisar textos o analizar información. Conviven con la tecnología, la integran en su cotidianidad, pero no confían en ella como garante de estabilidad profesional. 

Esa ambivalencia es la que define a esta generación: usa la IA pero no quiere depender de ella para construir su carrera, y la mitad de los jóvenes encuestados reconoce que le preocupa seriamente terminar en un estado de agotamiento extremo si entra en el sector tecnológico.

Compagnons Fa9b57hffnm Unsplash Foto de Compagnons en Unsplash

La encuesta del NSHSS recoge también que casi dos tercios de los jóvenes están preocupados por la destrucción de empleo provocada por la IA y que la mayoría cree que esta tecnología tendrá un impacto directo sobre su privacidad personal. No es un miedo abstracto ni irracional: saben que las mismas herramientas que hoy corrigen sus textos podrían mañana evaluar su rendimiento o decidir si su puesto de trabajo resulta prescindible

Ante esa incertidumbre, el sector salud aparece como un refugio: un ámbito donde la tecnología complementa en lugar de sustituir, y donde el propósito del trabajo es tangible y difícilmente replicable por un algoritmo.

España no teme a la tecnología; simplemente carece de vocación por ella

Al otro lado del Atlántico, el panorama tiene una textura diferente. En España, los jóvenes no están huyendo del sector tecnológico porque les haya defraudado; en muchos casos, simplemente nunca llegaron a planteárselo en serio. Un nuevo informe del Observatorio STEM de la Fundación ASTI, presentado en mayo de 2025 con una muestra de más de mil estudiantes de entre 14 y 18 años, revela que solo el 3,5% de los jóvenes españoles se plantea estudiar tecnología. Un porcentaje que se antoja especialmente bajo en un momento en que la digitalización avanza a un ritmo que el sistema educativo no logra seguir.

La brecha entre chicos y chicas en este ámbito es particularmente reveladora. Solo un 1,5% de las jóvenes contempla estudios en tecnologías de la información, frente al 11,5% de los chicos. En ingeniería, las cifras son igualmente dispares: un 4% de chicas frente a un 25,5% de chicos. En cambio, las Ciencias de la Salud concentran el interés del 36,5% de las estudiantes, una tendencia que en cierta manera espeja la de sus pares estadounidenses, aunque por razones distintas. 

Mientras en Estados Unidos la salud gana por desgaste de la tecnología, en España simplemente tiene más arraigo como vocación.

Hay un dato que sintetiza de forma contundente la magnitud del problema: según el Índice de Alfabetización de Datos elaborado por Qlik, solo el 3,7% de los jóvenes españoles de entre 16 y 24 años es capaz de entender, analizar y trabajar con datos correctamente

Un porcentaje que sitúa a España como el segundo país peor preparado en este ámbito a nivel mundial, superando únicamente a Singapur, y muy por detrás de otros países europeos como Suecia (17,3%), el Reino Unido (16,9%) o Francia (10,3%), por no hablar de India, donde el 47,2% de los jóvenes maneja datos con soltura.

El talento que el mundo necesita para construir el futuro está ahí, pero está mirando hacia otro lado: hacia las urgencias de un hospital, hacia una carrera de humanidades que no asuste, hacia cualquier horizonte que prometa que el esfuerzo valdrá la pena y que el trabajo de hoy seguirá existiendo mañana.

Foto de Luke Jones en Unsplash | Arif Riyanto en Unsplash

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