Hay una perla de sabiduría que lleva años circulandode aquí a allá atribuida a Bill Gates y que, de vez en cuando, se viraliza en LinkedIn por lo que revela sobre la eficiencia a la hora de trabajar:
"Siempre elegiré a una persona vaga para hacer un trabajo difícil porque una persona vaga encontrará una forma fácil de hacerlo".
Ingeniosa, provocadora y efectiva para provocar un efecto rápido en redes o para imprimir en una taza motivacional. El único problema es que no exiten realmente pruebas de que el fundador de Microsoft Gates la dijera alguna vez. Sin embargo no es de extrañar que se le atribuya precisamente a él porque su idea idea principal resuena con la filosofía de trabajar de forma inteligente, en vez de dura que es muy popular en el sector tecnológico.
Sin embargo, la idea es bastante más antigua que Silicon Valley. Ya en 1947, Clarence Bleicher, un destacado ejecutivo de la industria automotriz estadounidense, expresó algo muy similar ante un comité del Senado de los Estados Unidos sobre relaciones laborales: si tenía un trabajo difícil y no encontraba la manera de hacerlo, se lo daba a un hombre perezoso porque encontraría la forma más sencilla de resolverlo.
No se trata solo de una idea que se quede en la teoría. Décadas antes, en 1920, Frank B. Gilbreth Sr., pionero en estudios de eficiencia, ya había observado que quienes evitaban esfuerzos innecesarios tendían a descubrir métodos más rápidos. O lo que es lo mismo: la pereza bien entendida puede ser una herramienta de innovación.
Al estudiar los métodos de trabajo de distintos albañiles aseguró que de quien más aprendía era del trabajador "vago". Según su análisis, muchas mejoras casuales que eliminaban procesos innecesarios y reducían la fatiga de los trabajadores habían surgido precisamente de aquellos reacios al esfuerzo inútil.
También advertía de algo incómodo: los operarios considerados expertos, capaces de producir mucho y muy rápido, a menudo desperdiciaban más energía de la necesaria. Rendían, sí, pero a costa de agotarse muy por encima de lo razonable. En otras palabras, producir mucho no siempre significaba trabajar bien.
Quizá por eso la frase encajó tan bien pues en boca de Gates, porque resume una filosofía muy contemporánea. No se trata de trabajar más horas, sino de eliminar pasos absurdos, automatizar tareas repetitivas y encontrar atajos inteligentes. El genio no es quien más suda, sino quien simplifica mejor para sudar menos.
Aunque también hay algo de provocación cultural en ella. Durante décadas se nos enseñó a admirar el esfuerzo visible: madrugar, acumular tareas, estar siempre ocupado. Pero esta cita le da la vuelta al relato. No significa glorificar la desgana ni convertir la vaguería en método universal. Significa reconocer que hay personas con la valiosa habilidad de detectar procesos mal diseñados, cuestionar rutinas absurdas y negarse a complicar lo sencillo.
En muchas oficinas, esas personas pueden parecer desmotivadas hasta que resuelven en diez minutos lo que otros complican. Hoy la frase sigue muy viva porque habla de algo tan actual como la obsesión con la productividad, el agotamiento y la búsquedad de conseguir hacer más con menos tiempo. Nos atrae porque intuimos que vivimos rodeados de tareas innecesarias.
Así que lo de menos es Bill Gates lo dijo realmente o no. Lo importante es lo que nos puede enseñar. Al fin y al cabo, todos soñamos con trabajar mejor y cansarnos menos.
Foto de portada | Kuhlmann /MSC
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