Placer sin eyacular: los antiguos taotistas chinos que 'guardaban su energía' crearon una nueva forma de entender los orgasmos masculinos

Lo que antes se practicaba para 'no perder energía', ahora es una nueva práctica para el placer masculino

Intimidad china
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Joel Calata

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En el terreno de la sexualidad, las prácticas que involucran el placer sólo o en pareja son casi tan viejas como la humanidad misma. Por ello, durante siglos, los antiguos taotistas chinos cultivaron una visión del sexo profundamente distinta a la que predomina en la mayoría de las culturas occidentales.

Una de sus ideas más revolucionarias (y más polémicas desde una perspectiva moderna) es la creencia de que los hombres no deben eyacular durante el sexo. Esta práctica, conocida como retención seminal, dio origen a una nueva forma de entender el orgasmo masculino, y hoy está resurgiendo como referencia en los debates sobre el placer, la salud sexual y el control de la energía sexual.

Para ellos, el acto sexual no era simplemente una vía hacia el placer o la reproducción, sino una práctica espiritual, energética y de autoconocimiento donde el cuerpo humano era un microcosmos del universo, y el sexo una poderosa vía para equilibrar las energías del yin (femenino) y el yang (masculino).

Dentro de esta visión, el semen (llamado jing, o "esencia vital") era considerado un fluido sagrado, portador de la energía más refinada del cuerpo masculino. Perderlo con frecuencia se consideraba un derroche de energía vital que podía llevar a la fatiga, la debilidad e incluso al envejecimiento prematuro.

Frente a esto, los taotistas desarrollaron técnicas para tener relaciones sexuales prolongadas y placenteras sin eyacular. Estas incluían respiraciones profundas, control muscular del perineo y el esfínter, visualizaciones y ejercicios para redirigir la energía sexual a lo largo del cuerpo, especialmente hacia la columna vertebral, el cerebro y los centros energéticos conocidos como "dan tians".

Orgasmo sin clímax: un nuevo paradigma

Uno de los efectos más sorprendentes de estas prácticas era la posibilidad de alcanzar orgasmos sin eyacular. A diferencia del modelo común masculino, en el que el orgasmo y la eyaculación van de la mano, el enfoque taoísta los separa completamente: el hombre puede experimentar intensas sensaciones de placer, contracciones musculares y un estado de éxtasis sin expulsar semen.

La ciencia moderna aún está explorando este fenómeno, pero algunos estudios en sexología sugieren que es posible separar ambos eventos fisiológicamente. Además, se ha observado que algunos hombres que dominan estas técnicas pueden experimentar múltiples orgasmos seguidos, sin el período refractario típico que sigue a la eyaculación.

At sexo

A pesar del placer que representa esta práctica, ha surgido el debate de si en verdad el no eyacular se trata de una represión sexual y retención consciente. Para los taotistas, no se trata de negar el placer, sino de refinarlo y canalizarlo. La meta no es evitar el gozo, sino prolongarlo, expandirlo y volverlo una herramienta de crecimiento personal, salud y conexión con la pareja.

Los beneficios que se asocian a esta práctica incluyen una mayor vitalidad, mejor concentración, control emocional y un vínculo más profundo con el cuerpo. Sin embargo, también se requiere disciplina, autoconocimiento y una pareja que esté alineada con este enfoque del erotismo como camino de exploración mutua.

En las últimas décadas, estas enseñanzas han captado el interés de quienes buscan una sexualidad más consciente y menos centrada en el rendimiento. Libros como 'El hombre multiorgásmico' de Mantak Chia y Michael Winn han popularizado las prácticas taoístas en Occidente, mientras movimientos como el sexo tántrico o el sexo consciente han integrado estos saberes a nuevas corrientes de educación sexual en las que los encuentros en pareja buscan algo más allá que el placer.

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