Nuestras abuelas se han encargado de que un conocimiento español universal pase de generación en generación, con el objetivo de que no fallezcamos del calor en verano: la casa se cierra durante el día y se abre para ventilar cuando cae la noche. Este truco ha sido tan efectivo que incluso lo recomienda el Ministerio de Sanidad. Sin embargo, se nos ha quedado obsoleto y ya no funciona.
Cuando esta estrategia funcionaba, España no conocía los 30 grados de madrugada que ha sufrido Almería estos días, ni esas noches infernales de ola de calor cuando lo que entra del exterior es puro fuego, aunque sean las 4 de la mañana. Antes, el enfriamiento nocturno tenía sentido. Pero, ¿qué hacemos ahora que ha dejado de refrescar?
Las noches tropicales de más de 20 grados son doce más que en los 80 y las noches tórridas de más de 25 grados se han multiplicado por diez desde 1984, según los datos oficiales. Esto afecta a muchos millones de personas, que tienen problemas para dormir.
De hecho, la regulación térmica es fundamental para poder conciliar el sueño. El experto Cameron Van Den Heuvel explica que "en torno a una hora o treinta minutos antes de dormir, el cuerpo empieza a perder calor corporal. Esto hace que aumenten los sentimientos de cansancio en adultos normales sanos. Las personas con insomnio muestran que tienen una temperatura basal justo antes de dormir más alta que las personas que no tienen problemas de sueño." Pues el calor ambiente no está ayudando.
El funcionamiento de este truco va por zonas. En el interior peninsular aún renta abrir de madrugada. Sin embargo, en las zonas urbanas o en la costa, las noches son tan calurosas que han dejado de ser un salvavidas. Aquí no queda otra que transformar las viviendas: aislamiento de tejados y paredes, ventanas anti-calor y aires acondicionados para crear refugios climáticos donde el calor no penetre.
Fotos | Fernando Rosado, Richard Vanlerberghe y Ben Blennerhassett vía Unsplash.
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