La última fábrica de kufiyas en Palestina se niega a desaparecer. La Guerra de Gaza cambió su destino, pero para mejorarlo

La gran paradoja de la producción local de los pañuelos tradicionales palestinos 

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María Yuste

Editor Senior

En los años dos mil se la viste puesta a muchos de tus compañero de instituto, después la has seguido viendo en manifestaciones, incluso en alguna Semana de la moda o en redes sociales, alrededor del cuello de algún influencer que probablemente no sabría localizar la ciudad de Hebrón en un mapa. Hablamos de la kufiya, también conocida con otras grafías similares, shemagh, hatta o simplemente como "palestina". Un accesorio que se ha convertido en uno de los símbolos políticos más reconocibles del siglo XXI. Pero también es una de las prendas más incomprendidas. 

La paradoja empieza porque, a pesar de que en la actualidad identificamos este sencillo pañuelo de algodón de cuadros blancos y negros exclusivamente con Palestina, la realidad de su uso y origen es bastante más compleja. Además, todavía más llamativo aún es que actualmente solo queda una única fábrica que sigue confeccionándolos en sus fronteras. Se trata de Hirbawi, una empresa familiar, ubicada en Hebrón, que lleva más de seis décadas resistiendo a guerras, ocupaciones, crisis económicas y a la competencia del Made in China.

Image Hirbawi

Un pañuelo mucho más antiguo que Palestina

La historia de la kufiya es bastante anterior a cualquier Estado y conflicto contemporáneo. Su nombre parece derivar de Kufa, una ciudad situada en lo que hoy es Irak, aunque los historiadores no se ponen completamente de acuerdo sobre su origen exacto. Lo que sí está claro es que durante siglos fue una prenda habitual entre agricultores, pastores, nómadas y habitantes de distintas regiones del mundo árabe.

De hecho, versiones similares del pañuelo pueden encontrarse desde Irak hasta Jordania, Arabia Saudí o Siria. Los colores, patrones y nombre varían según la región, pero la función original era la misma: proteger del sol, el viento, la arena, el polvo y, en definitiva, de las condiciones climáticas del entorno. Por lo tanto, el pañuelo forma parte de un patrimonio cultural compartido por numerosos pueblos árabes.

Cómo un pañuelo campesino acabó convertido en un símbolo internacional

Durante gran parte de la historia de Palestina, la kufiya estuvo asociada sobre todo a los campesinos rurales. Mientras que en las ciudades se solía vestir el fez otomano, considerado más elegante y moderno. Sin embargo, todo cambió durante la revuelta árabe de 1936 contra el Mandato británico.

Arab Rally 1936 39 Loc Dominio público

Los insurgentes comenzaron a utilizar la kufiya para ocultar su identidad. Así que, cuando las autoridades británicas intentaron identificarlos, miles de palestinos empezaron a llevar el mismo pañuelo, independientemente de su origen social. De este modo, la kufiya dejó de ser una prenda del mundo rural para convertirse en un símbolo de unidad colectiva.

A partir de ese momento se iniciaría una resignificación progresiva que terminaría décadas después con una de las imágenes de la política internacional más repetida durante años en periódicos y televisiones de todo el mundo: Yasser Arafat siempre con su kufiya blanca y negra cuidadosamente colocada sobre la cabeza y cayéndoles por los hombros.

Bill Clinton Yitzhak Rabin Yasser Arafat At The White House 1993 09 13 The White House

Fue el paso final que terminó fusionando la imagen de Palestina con la de este pañuelo a nivel global, que pasó a convertirse en un emblema de su causa.

La globalización casi acaba con la producción palestina

La historia podría terminar aquí pero sigue porque, a medida que la kufiya se hacía más popular en Occidente (primero en movimientos de solidaridad, después como accesorio de moda alternativa y, finalmente, de forma mainstream) la producción palestina del pañuelo comenzó a desaparecer.

La causa era el precio. Durante los años noventa y los primeros años del siglo XXI, las kufiyas fabricadas en China empezaron a sustituir a las originales en el mercado internacional. Eran más baratas, podían producirse a una escala mucho mayor y llegaban a las tiendas occidentales con una facilidad y rapidez imposible de replicar para los fabricantes palestinos. El resultado fue devastador. Las fábricas fueron cerrando una tras otra hasta que solo quedó Hirbawi.

Palestinian Keffiyeh Loom

La fábrica que se negó a desaparecer

Fundada en 1961 por Yasser Hirbawi, en la región de Cisjordania, Hirbawi fue primero una de las decenas de fábricas textiles que producían kufiyas en Palestina. Sin embargo, mientras que su producción era de 150,000 unidades anuales en 1993, fue decayendo hasta solo 10,000 en el año 2010. En 2026 es la única que sigue funcionando.

Entrar en Hirbawi es entrar en una especie de cápsula temporal industrial. Sus antiguos telares mecánicos siguen funcionando décadas después de haber sido instalados. Y eso que muchas de las piezas de recambio ya ni siquiera se fabrican, así que los trabajadores tienen que improvisar soluciones para que las máquinas puedan seguir en activo.

Durante años, la empresa estuvo al borde del cierre porque la competencia extranjera redujo drásticamente la demanda y la producción cayó hasta niveles mínimos. Sin embargo, tras el estallido de la guerra de Gaza en octubre de 2023, la demanda internacional de kufiyas fabricadas en Palestina se disparó. Miles de personas comenzaron a buscar específicamente pañuelos producidos en Hebrón, tratando de evitar las versiones fabricadas en China.

Una situación profundamente contradictoria ya que, por un lado, las ventas alcanzaron cifras que no se veían desde hacía décadas. Pero, por otro, ese interés llegaba en medio de una tragedia humana con la que no había nada que celebrar.

What Does The Palestinian Kufiya Symbolize 6d7995de E393 4fe6 8742 661f5eb6ac9c Hirbawi

Los restocks comenzaron a agotarse en cuestión de horas y, desde entonces, conseguir una kufiya fabricada por Hirbawi requiere apuntarse a una lista de espera y esperar semanas a que esté lista la siguiente producción. La última de ellas tuvo lugar el pasado viernes 12 de junio y todos los modelos disponibles (en distintos estampados y colores) se agotaron rápidamente. No obstante, todavía es posible conseguir otros productos artesanales de la marca, como bisutería, marroquinería o tote bags bordadas.

No obstante, si a raíz de leer este artículo has corrido a leer la etiqueta de tu pañuelo para descubrir que no está hecha ni remotamente cerca de Oriente Medio, tal vez puedas conseguir una auténtica, por un precio de 40 euros, en el siguiente restock. Desde Hirbawi afirman que reponen existencias cada mes y puedes suscribirte a su lista de espera para recibir los anuncios de reposición.

Foto de portada | Jean-François Gornet y Hirbawi

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