No exagero cuando digo que nunca había oído llorar a tanta gente en una sala de cine. Durante el tramo final de 'La bola negra', los ruidos de la gente sollozando y sorbiéndose los mocos me llegaban en Dolby Surround. No voy a ocultar que yo deseaba que, en algún momento, me pasara lo mismo. Pero la catarsis no hizo acto de presencia. Salí de vuelta a la realidad sin haber soltado ni media lagrimita, convencida de que había visto una buena película pero con un pequeño regusto de decepción que me costaba un poco explicar y que me he intentado negar. Eso sí, no he conseguido quitarme la película de la cabeza desde que la vi.
Sucede y acontece que ya conocía la historia de Federico García Lorca y Rafael Rodríguez Rapún, había seguido la promoción de la película e incluso leído las únicas cuatro páginas que Lorca dejó escritas de 'La bola negra'. Así que llegué al cine habiendo unido ya todos los puntos de las tres tramas. Por desgracia, mientras notaba a otras personas reaccionar con sorpresa a las conexiones entre épocas que se iban revelando, en mi butaca yo solo sentía que la película avanzaba todo el rato por el camino previsto.
Para más inri, tampoco puedo decir que encontrara en las dos horas y media de película una lectura nueva o una revelación en lo que plantea sobre las vidas que no pudieron vivirse, las heridas intergeneracionales que dejaron la Guerra Civil y la represión o la necesidad de recuperar las historias silenciadas para sanarlas y dignificarlas. Por supuesto, son asuntos sobre los que merece la pena volver todas las veces que haga falta sin exigirles vanguardia; pero mi sensación es esa: que Los Javis te llevan por un recorrido demasiado clásico y poco original, a menos que no sepas casi nada de la temática de antemano.
No obstante, sí hay una parte que me emocionó, sorprendió y encantó: la historia de Carlos (interpretado por Milo Quifes) es para mí la que eleva toda la película a otro nivel. La escena del baile en el bar y, sobre todo, el final con la nieve me hicieron sentir que estaba viendo cobrar vida una obra dirigida por el mismísimo Lorca.
Los Javis se han atrevido a imaginar qué podría haber ocurrido con un personaje del que apenas nos quedó un diálogo y una sinopsis. En ese ejercicio encuentro lo más valioso de la película. Es una forma de intentar subsanar, aunque sea desde la ficción de otros autores, el vacío que el asesinato de Lorca dejó. En este caso, prinvándonos de una obra que habría sido muy importante para las letras españolas ya solo por abordar abiertamente la homosexualidad y la homofobia.
La película integra, en esta trama, versos de poemas e ideas de Lorca y se siente de verdad la presencia del poeta. La fotografía es extraordinaria de principio a fin y el reparto funciona muy bien, desde los más expertos a los novatos. No obstante, nada de eso me baja del burro de que esta es una obra más clásica y contenida que 'La Mesías' o 'Veneno'. Por otro lado, entiendo el deseo de Los Javis de hacer una película capaz de llegar a mucha gente y salir de su nicho. Desde luego, han hecho una película que puede arrasar en los Oscars fácilmente pero a la que, para mí, le falta más de la audacia de sus trabajos anteriores.
A pesar de ello, es una película que recomiendo no perderse en el cine. Es cierto todo lo que se dice sobre la experiencia colectiva que se genera. La sala parecía contener la respiración. Incluso cuando una escena ofrecía un chiste para aliviar la tensión, nadie se atrevía a reírse. Al terminar, la gente tardó en reaccionar y en levantarse de sus butacas y se quedó flotando un ambiente pesado, difícil de romper. Aunque yo no hubiera compartido el llanto, estaba allí, dentro de esa energía colectiva tan poco habitual ya.
Eso sí, he oído decir a los actores y directores que 'La bola negra' te impulsa a querer vivir. A mí, de momento, me ha dejado con ganas de meterme en la cama y no salir, pero también a querer reconectar con una vida más apasionada. Donde tengan más peso de los sentimientos puros y crudos y menos de todo lo demás.
Puede que simplemente necesite ver 'La bola negra' otra vez, a solas y sin esperar que me suceda nada concreto. Tal vez entonces pueda dejarme llevar más por la poesía de un chico que habla con la nieve que por la decepción de verle las costuras al guion.
Fotos | La bola negra
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