
Ayer Bill Gayten volvió a asumir la responsabilidad de presentar una colección de Alta Costura para Dior. Y volvió a fallar. Después de aprender la lección de que se mueve mejor en los códigos grabados a fuego de la marca que en la grandiosa genialidad creativa que caracterizó la etapa de Galliano, las prendas se mostraron a prensa y clientas en dos pases en los salones del mítico número 30 de la Avenue Montaigne y es que la presentación no tuvo nada que ver con los excesivos shows que organizaba Galliano. Maquillaje discreto, ausencia total de accesorios, sin ningún tipo de escenografía que apoyase el concepto de lo que se quería mostrar.














