El hecho de hacer testamento no siempre garantiza que todo salga como uno quiere. La última voluntad del testador se supone que va a misa, pero entre herederos las cosas se tuercen con más frecuencia de lo que parece. Y cuando se tuercen, casi siempre acaban en un juzgado, con los costes económicos y el desgaste familiar que eso implica.
Para evitarlo existe una herramienta legal poco conocida fuera de los despachos: la cláusula de penalización, más conocida como Cautela Socini. En una entrevista en la revista Lecturas, el abogado David Jiménez señala que "Es legal incorporar en los testamentos una cláusula que prohíba la intervención judicial de la herencia. Es decir, que se prohíbe la judicialización con el objetivo de que cualquier conflicto se resuelva por la vía extrajudicial o con la intervención del contador-partidor designado por el testador".
Cuidado, porque aquí hay un matiz que se presta a confusión. Una cosa es prohibir la intervención judicial y otra muy distinta impedir directamente que un heredero pueda acudir a los tribunales. Lo segundo, según el abogado, no tiene recorrido legal: "Una cláusula no puede impedir que los herederos acudan a la vía judicial, esa cláusula sería nula e impugnable. Estaría limitando los derechos de los herederos a impugnar el testamento o la división de la herencia".
La fórmula que sí funciona, la que da nombre a la Cautela Socini, va por otro camino: penalizar económicamente a quien decide judicializar, sin negarle nunca el derecho a hacerlo.
Cómo penaliza sin desheredar
"Según esta misma, se prohíbe la intervención judicial, pero aquel que lo incumpla recibirá solo la legítima estricta. Es decir, que no se deshereda a nadie ni se hace una desheredación parcial, es solo que, si lo impugnas, recibes lo mínimo que dice la ley", añade Jiménez.
En la práctica, esto significa que el heredero que decide ir a juicio no pierde sus derechos legitimarios —eso la ley no lo permite tocar—, pero sí renuncia a todo lo que excediera de esa legítima. Ese excedente pasa a repartirse entre los herederos que no impugnaron. "Es una forma de dar menos a quien impugne. La validez de esta cláusula está en que no cabe desheredar a un heredero por impugnar, sino darle lo que estrictamente dice la ley, no más", aclara el abogado.
Es una cláusula bastante habitual en la práctica notarial, precisamente porque juega dentro de los márgenes legales: no priva a nadie de un derecho fundamental, pero sí introduce un coste real para quien decide litigar en lugar de aceptar el reparto acordado.
Por qué un mal testamento puede salir muy caro
Este tipo de cláusulas solo tienen sentido dentro de un testamento bien construido, y ahí es donde suelen fallar muchas familias. No basta con redactar el documento: tiene que ajustarse a la situación personal y patrimonial de cada testador, porque un testamento genérico o mal planteado termina generando justo lo que se supone que debía evitar.
Es algo que se repite en distintos despachos especializados en sucesiones. La abogada Laura Cobo, por ejemplo, ha señalado en varias ocasiones que uno de los errores más frecuentes es no concretar el reparto de bienes indivisibles como viviendas o locales, algo que dispara los conflictos entre hermanos cuando llega el momento de decidir quién se queda con qué.
Y el abogado Pablo Ródenas ha explicado que, cuando el bloqueo ya se ha producido —por ejemplo, un heredero que se niega a firmar por puro rencor familiar—, existen mecanismos como el nombramiento de un contador-partidor por parte del notario para desatascar la situación sin necesidad de pasar por un juzgado.
La conclusión, viniendo de varios profesionales distintos, apunta siempre al mismo sitio: un testamento bien planteado, con asesoramiento legal desde el principio, evita retrasos en el reparto, reduce el riesgo de litigios y ahorra bastante dolor de cabeza a quienes se quedan. Cláusulas como la Cautela Socini son solo una pieza más dentro de esa planificación, pero una que puede marcar la diferencia quien decida llevar la herencia a un juzgado y quien prefiera resolverlo en casa.
Fotografías | David Jiménez, Magnific, pressfoto
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