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Luces, mazapán, espumillón... y de regalo una pelea: tenemos cinco consejos para sobrevivir a esta Navidad en pareja

Luces, mazapán, espumillón... y de regalo una pelea: tenemos cinco consejos para sobrevivir a esta Navidad en pareja
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La Navidad no siempre es una época fácil para las relaciones, pero tampoco tiene por qué ser letal. Te contamos cómo sobrevivir juntos al empacho gastronómico y familiar.

Oh, dulce Navidad… o no

Aunque tiene sus detractores (los hay, y tienen sus motivos y su derecho) la Navidad a priori es una época tierna, entrañable, familiar... Pero también puede suponer una época de estrés para las parejas. ¿Estrés? Sí, estrés, del que lleva a discusiones y conflictos. (Aquellos que no hayan discutido nunca en Navidad por favor que dejen sus comentarios aquí más abajo: queremos saber qué hacen.)

Bueno, quizá esté exagerando un poco... pero solo un poco, porque de hecho hay quien acuña ya el concepto de “estrés navideño” aplicado a las parejas.

¿Qué causa el estrés navideño a nivel de pareja?

De manera genérica podemos hablar de dos fuentes principales de conflicto: el tiempo (y qué hacemos con él) y el dinero (cuánto y en qué lo gastamos).

A la imagen de los dos yendo, alegres y despreocupados, a comprar los regalos de navidad para toda la familia, en medio de risas y bromas privadas, solo le falta una escena para ser ya de película: ambos tirando las bolsas al suelo para hacer sendas bolas de nieve y lanzarlas con un pavazo made in Hollywood a cámara lenta. Spoiler: esto no pasa.

Siendo realistas (aunque habrá quien lo haya hecho, de eso estoy segura) el día de las compras se parecerá más a “La chaqueta metálica” que a “Love Actually”: iremos a última hora (como el resto de los habitantes de nuestra ciudad), pillaremos atasco (porque están los otros habitantes de nuestra ciudad), no quedará nada de lo que teníamos pensado -aunque lo pensáramos hace cinco minutos- (porque lo han comprado nuestros vecinos de ciudad), etc.

Estrés. Esto somete a nuestra pareja a un nivel alto de estrés. Y ya si quieres rizar el rizo podéis ir (intentarlo) a merendar a Ikea y luego entrar “por si encontráis algo que comprar”.

Otro detonante para discusiones o malestar en la pareja suele ser la familia, la directa y la política y la conjunción de ambas en cenas o comidas festivas. Si además tienes hijos añade la decisión de qué se compra, cuándo se le da y ese temita “de nada” que es conciliar (porque claro, vacaciones escolares no tenemos todos).

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¿Qué podemos hacer para que nuestra relación brille como la nariz de Rudolph?

Negociemos los compromisos

Es posible que pretender asistir juntos (y hacerlo además de buena gana) a todos los compromisos (individuales y de pareja) sea un tanto ambicioso, además de innecesario. Esto nos puede llevar a desgastarnos, cansarnos y ponernos de mal humor. Reflexionemos: ¿de verdad hace falta que vayáis los dos a todos esos eventos? ¿Cuáles son importantes para nuestra pareja y cuáles no?

Establezcamos con antelación a qué vamos a ir y a qué no, de esta manera eliminamos la ambigüedad y la tensión que genera esa sensación de "no disponer de nuestro tiempo". Además, así es más fácil que planifiquemos alguna actividad por separado, que es la mar de saludable para la pareja.

Controlemos las expectativas y eliminemos la ambigüedad

Como contaba antes es muy posible que la escena navideña de amor, paz y compras sea más ciencia ficción que la última de Star Wars: si vamos con la idea de que las cosas van a ser idílicas es posible que nos sintamos defraudados y que eso termine repercutiendo en la pareja.

¿Sobre qué solemos crearnos especialmente expectativas?

  • El tiempo y el tipo de ocio que vamos a tener: ¿os vais fuera de vacaciones u os quedáis en vuestra ciudad? ¿Vais a estar en familia o vais a pasar las fiestas con amigos... o en pareja? Lo mejor es dejar claros los planes principales para evitar llevarnos chascos (y terminar discutiendo).

  • Los regalos: A pesar de algo que voy a comentar al final de este artículo, muchas veces nos llevamos verdaderas decepciones al recibir el regalo de nuestra pareja. En la mayoría de los casos la decepción viene porque pensamos que "era evidente" lo que queríamos o porque creemos (esperamos) que si nuestra pareja nos quiere ha de saber a la perfección qué regalarnos. Pero eso no es así: nos puede querer con locura y ser despistado para captar deseos, puede querernos como a nadie y sin embargo no haber captado nuestras sutilísimas señales... Sí, porque, reconozcámoslo, suspirar delante de un escapare no es precisamente una batseñal.

  • El sexo vacacional: solemos tener la creencia de que en vacaciones el sexo tiene que ser más, mejor, loco, salvaje e inolvidable. Casi nada. Pero la realidad es que no siempre es así y entonces viene la decepción. Sí, la lencería roja típica navideña es preciosa, sí, el ambiente festivo es propicio, pero... pero a veces se podrá y a veces no, y no pasa nada. No sometamos a nuestra sexualidad a un examen, simplemente disfrutémosla, haya chimenea, copas de champán y nieve en las ventanas... o no.

Pactemos el gasto

Y hagámoslo con tiempo, para poder tener la oportunidad de ahorrar o establecer un plan con antelación. Esto requiere que nos sentemos y negociemos: a quién regalamos y cuánto nos vamos a gastar, cuándo comprarlo, etc. Dentro de esta negociación "económica" podemos incluir también la partida destinada a ocio, comidas... porque supone una parte importante del gasto en estas fechas.

Ir a comprar los regalos si lo hemos dejado para el último momento (un clásico, por otra parte), como decía, puede ser una prueba de fuego (no solo para la pareja, también a nivel individual), así que intentad tener los regalos listos con tiempo. Sé que es fácil de decir y difícil de hacer, pero merece la pena.

Ante la familia: ser equipo

Estar más tiempo con la familia de uno de los dos o, mejor, con la familia de ambos al mismo tiempo, puede ser demasiado.

Antes de que lleguen las fiestas y empecemos a notar la presión, decidid qué días vais a pasar con cada una de las familias, o si no vais a estar con ninguna... o lo que sea que queráis. Tratad con bondad a vuestra pareja: es posible que su familia no te encante, pero para él puede ser importante pasar la Nochebuena con ellos, o simplemente no tiene ganas de discutir y prefiere ir para evitar tensiones... Sea como fuere vosotros sois una unidad, una pareja, y lo que queréis es estar bien, ¿verdad? Enterremos el hacha de guerra, esto no es una competición, al contrario.

Holiday Di

Un poquito de magia navideña

Un estudio realizado en 2015 señalaba que la mayoría de las personas prefieren regalos inesperados o sorpresa que regalos solicitados de manera explícita, y que la valoración del que regala es mayor cuando el regalo es también sorpresa o desconocido. Sorprendámonos pues.

Esto no quita que hagamos nuestra carta a los Reyes Magos (y que Sus Majestades tengan buena comprensión lectora y nos traigan lo que en ella ponemos... si se puede). El tema es que si además de esto hay un detalle inesperado, algo sorpresa, parece que ambos estaremos más satisfechos.

Insisto, no tiene por qué ser algo enorme, ni tenemos por qué dejarnos un dineral en ello, puede ser algo pequeñito, incluso un gesto. Así lo indica otro estudio realizado en la Open University: cuando se le preguntaba a los participantes sobre qué era lo que más le gustaba de su relación, lo que resaltaría como especial, eran precisamente los pequeños gestos, los detalles, lo que “enamoraba”.

Preparar un desayuno “especial” (por si fuera poco todo lo que comemos en estas fechas), dejar listo un baño con espuma sin que el otro lo espere, acariciar solo por el placer de dar placer... son algunas ideas, pero seguro que a los duendes ayudantes de Santa Claus se les ocurren más.

¡Feliz Navidad!

Fotos: The Holiday

En Trendencias: ¿Tú también discutes con tu pareja en vacaciones más que nunca? Algunos expertos vienen en nuestra ayuda

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