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Existe una relación directa entre píldora y depresión (según un gran estudio) y te interesa saberlo antes de tomarla
Salud

Existe una relación directa entre píldora y depresión (según un gran estudio) y te interesa saberlo antes de tomarla

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La aparición de la píldora anticonceptiva en la década de los años 60 fue un hito muy importante para el empoderamiento femenino, puesto que permitió a las mujeres separar el sexo de la procreación y aumentar su participación en la vida laboral fuera de los hogares.

A día de hoy son más de 100 millones de mujeres en todo el mundo las que utilizan la píldora anticonceptiva para prevenir embarazos o controlar sus menstruaciones.

Sin embargo, ni la píldora ni el resto de anticonceptivos hormonales están libres de efectos secundarios. Normalmente nos centramos en los efectos físicos de la píldora, pero la principal razón por la que las mujeres dejan o cambian la píldora es por los efectos secundarios a nivel mental.

La depresión es una de las enfermedades mentales más comunes y debilitantes, afectando al doble de mujeres que hombres. Se estima que una de cada cuatro mujeres sufrirá de depresión a lo largo de su vida.

Una de cada cuatro mujeres australianas de entre 18 y 49 años utiliza la píldora en algún momento dado de sus vidas. Sin embargo, son pocas las que saben que existe una relación entre la píldora y la depresión.

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Tipos de píldoras anticonceptivas

Existen muchos tipos de píldoras anticonceptivas y cada una tiene una dosis y unos tipos de estrógenos y progesterona diferentes.

La píldora que más se suele recetar es una píldora que combina un estrógeno para prevenir la ovulación y una progesterona para reducir el riesgo de que un óvulo fecundado se implante en la pared del útero.

La mayoría de píldoras anticonceptivas combinadas tiene una dosis y un tipo similar de estrógeno, pero los tipos y dosis de progesterona pueden ser muy diferentes.

También existen varias píldoras de progesterona que no contienen estrógenos. A estas píldoras se las conoce como "mini píldoras" o inyecciones anticonceptivas ("depot provera"), o el anticonceptivo que se implanta en la piel (Implanon o Norplant).

Hormonas y salud mental

Un reciente análisis ha demostrado que las hormonas sexuales tienen un impacto significativo en las zonas del cerebro relacionadas con las funciones emocionales y cognitivas. Se ha demostrado que la progesterona puede provocar depresión, sobre todo en las mujeres más vulnerables.

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La progesterona sintética (a diferencia de la progesterona natural) tiene efectos significativos en la serotonina y en las monoamino oxidasas, causando depresión, irritabilidad y ansiedad.

Hay muchas diferencias en la manera en la que los cambios hormonales afectan nuestro estado de ánimo y nuestro comportamiento: algunas mujeres son muy sensibles a pequeños cambios en los niveles de estrógeno y progesterona; mientras que otras no.

¿Qué dice la ciencia?

En nuestra investigación hemos medido el impacto clínico de varios tipos de píldoras anticonceptivas en el estado de ánimo y en el nivel de ansiedad. En general, llegamos a la conclusión de que aquellas mujeres que tomaban la píldora tenían más posibilidades de estar deprimidas que aquellas que no la tomaban.

Las mujeres que toman alguna de las píldoras con una cantidad de estrógenos baja sufren más de depresión que aquellas que toman una píldora con una dosis de estrógenos más alta.

Algunos tipos de progesterona eran más "depresivos" que otros, pero los métodos anticonceptivos que solamente contienen progesterona eran los más depresivos de todos los métodos anticonceptivos analizados.

Un estudio realizado en 2016 en Dinamarca en más de un millón de mujeres corrobora nuestros resultados. Los investigadores de este estudio encontraron que, en comparación con aquellas mujeres que no tomaban ninguna píldora, las mujeres de entre 15 y 34 años que tomaban una píldora anticonceptiva combinada eran 1,23 veces más propensas a ser diagnosticadas con depresión y a recibir antidepresivos por parte de sus médicos.

Las adolescentes de entre 15 y 19 años que utilizaban anticonceptivos orales combinados tenían incluso mayores tasas de depresión que las mujeres de mayor edad y eran 1,8 veces más propensas a ser diagnosticadas con depresión que las mujeres similares que no tomaban la píldora. La tasa llegaba a las 2,2 veces en el caso de adolescentes que utilizaban anticonceptivos que solamente contenían progesterona.

El estudio llegó a la conclusión de que la depresión es un posible efecto secundario significativo del uso de métodos anticonceptivos hormonales, especialmente en el caso de adolescentes.

No todo son malas noticias

Las últimas investigaciones realizadas por nuestro grupo y por otros grupos sugieren que la píldora anticonceptiva combinada podría mejorar la "memoria verbal" o la memoria para las palabras y el lenguaje. Se piensa que se debe al estrógeno porque se ha demostrado que puede influir positivamente en las regiones del cerebro relacionadas con la memoria.

La ciencia también sugiere que las píldoras que contienen una progesterona estructuralmente similar a la testosterona mejoran las capacidades espaciovisuales (una capacidad que tradicionalmente se asocia más a los hombres) y que las píldoras que contienen otras progesterona pueden empeorar dichas capacidades.

Buscando el anticonceptivo adecuado

Existen muchos tipos de anticonceptivos hormonales y su uso se ha de adaptar cuidadosamente a cada persona, especialmente en el caso de adolescentes. Tanto las mujeres como sus médicos han de ser conscientes de que los anticonceptivos hormonales pueden acarrear problemas de salud mentales y las mujeres deberían abandonar el tratamiento si experimentan efectos secundarios mentales.

La necesidad de desarrollar nuevas píldoras anticonceptivas hormonales que no tengan efectos adversos en el cerebro no es algo nuevo y las mujeres están en su derecho de controlar su fertilidad sin comprometer su calidad de vida.

Autoras: MJayashri Kulkarni, profesora de Psiquiatría en la Universidad Monash y Caroline Gurvich, Neuropsicóloga Clínica e Investigadora Senior en la Universidad de Monash.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el artículo original aquí.

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