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3 Cosas que enseñar a nuestros hijos hoy para que el mundo sea un poco mejor mañana
Psicología

3 Cosas que enseñar a nuestros hijos hoy para que el mundo sea un poco mejor mañana

Los primeros meses de vida de un bebé preocupan a los padres. Pasar de pareja joven sin obligaciones a familia con un recién nacido asusta.

La realidad es que es relativamente fácil. Están las clases de preparación al parto en las que te cuentan cómo cuidar un ombligo o sacar los gases de un bebé. Están los pediatras que te dan instrucciones muy detalladas sobre cómo alimentarlo. Si llora, sólo tienes que repasar la lista, bastante corta, de las posibles causas: hambre - sed - frío - calor - sueño - pañal sucio. Cólico, si has tenido mala suerte. Lo más importante es que los padres son conscientes de que no saben qué hacer con su bebé y buscan respuestas.

En cuanto los niños crecen un poco, todo se complica. Hay muchas más cosas de las que preocuparse, hay muchos más errores que cometer, los padres estamos mucho más cansados y sin embargo no hay un pediatra o una matrona preparados para solucionar todas las dudas.

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Afortunadamente, está la ciencia. Así como a nosotros nos preocupa la felicidad y el éxito de nuestros hijos, a los científicos, muchos de ellos padres, también. Algunos llevan años estudiando precisamente esto, qué cualidades, comportamientos y hábitos nos llevan a ser más felices.

De ellos os traemos tres:

1. Dar las gracias por las cosas buenas que hay en tu vida. Aunque parezca sacado de un libro de religión o, como mínimo, de uno new age, la ciencia lo apoya: estar agradecido por lo bueno que hay en tu vida te hace más feliz. Lo confirman los estudios de Sonja Lyubomirsky, profesora de psicología de la Universidad de California y los de Martin Seligman, de la Universidad de Pensilvania. ¿Cuál es la explicación científica de este hecho? La adaptación. Si no hacemos un esfuerzo consciente de fijarnos en las cosas positivas, nuestra mente se acostumbra a ellas y no las tiene en cuenta. ¿Os acordáis de la ilusión de estrenar esos zapatos que tanto os gustaban? ¿O un nuevo coche? ¿O empezar a vivir por fin en vuestra nueva casa? ¿Qué ha pasado con esa alegría que nos hizo sentir? Símplemente nos acostumbramos a ella. El resultado es esa actitud en la que se fijó un cómico americano en un vídeo que se volvió viral: estamos rodeados de cosas maravillosas, sin embargo todo el mundo está desgraciado. Así que sí, una de las cosas más valiosas que podemos enseñar a nuestros hijos es fijarse en las cosas buenas que les rodean. ¿Cómo se hace? Es tan sencillo como sentarte a su lado por la noche y repasar juntos el día para encontrar tres cosas que han ido realmente bien.

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2. Dedicarse a algo que le gusta. La futura profesión de un hijo es fuente de mucha ansiedad para los padres. De ahí la búsqueda del mejor colegio, las clases de apoyo para que pueda sacar buenas notas, los premios si lo consigue… Todo para que el día de mañana pueda tener una buena carrera y un trabajo bien pagado. ¿Y qué dice la ciencia de todo esto?.. Anders Ericsson, profesor de psicología de la Universidad de Florida que ha dedicado su carrera al estudio de las personas que consiguen resultados excepcionales en el campo profesional o deportivo, afirma que el el alto rendimiento profesional o deportivo es casi exclusivamente cuestión de práctica y que justamente por eso es importante hacer algo que te gusta realmente, ya que sin ello es casi imposible que le dediques suficientes horas para conseguir ese nivel de dominio de un oficio. Así que, a pesar del vértigo que nos puede dar esto, tenemos que centrarnos en ayudar a nuestros hijos a encontrar su verdadera vocación en lugar de imponerles clases de violín o matemáticas. El día que encuentre algo que le hace feliz, no habrá que insistirle para que practique. Para muchos padres será todo un alivio.

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3. Hacer ejercicio todos los días. Hay pocas cosas cuyo impacto en nuestras vidas subestimamos más que el ejercicio físico. La educación física es la materia a la que menos atención prestamos, no dejar salir al patio nos parece un castigo aceptable y si un día los niños no salen a la calle a jugar porque tienen deberes, no nos parece grave. Y sin embargo la ciencia ha demostrado que el ejercicio es prácticamente una cura universal: mejora nuestro estado de ánimo cuando estamos deprimidos, reduce nuestra ansiedad, aumenta la creatividad, mejora la productividad y la memoria. Todos estos argumentos no son necesarios para los niños. El ejercicio es su estado natural. Sólo que ellos lo llaman jugar en los columpios. Quizás los que necesitan hacer un esfuerzo somos nosotros, los padres. Somos nosotros los que tenemos que asegurarnos que nuestros hijos se mueven lo suficiente. Hacia la edad de 10 años esta tarea se volverá un poco más complicada, es cuando, según algunos estudios, muchos niños abandonan el deporte y el ejercicio. Pero quizás nos ayude a persistir el hecho que el ejercicio aumenta en un 30% la cantidad de sangre que llega a la zona del cerebro asociada con el aprendizaje y la memoria y que después de un entrenamiento físico somos capaces de recordar un 20% más de palabras nuevas.

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Son sólo tres cosas, relativamente fáciles de incluir en nuestras rutinas con los hijos. Pero ¿cómo ayudarán estas tres cosas a que el mundo sea un lugar mejor?.. Veamos, un mundo de gente agradecida por lo que tiene, que hace lo que realmente le apasiona, está sana, activa, con buena salud emocional… ¿Hace falta algo más?

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