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La vergüenza de pedir un descuento en artículos de lujo

La vergüenza de pedir un descuento en artículos de lujo
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El descuento, ese pedacito de precio que nos recortan de la etiqueta del artículo que queremos comprar y que se convierte en la hazaña del día, pasando por delante de la alegría de haber adquirido esa cosa que nos gusta tanto.

Odio esta fiebre del regateo fuera de su contexto. No estoy haciendo el hipócrita: a mí me gusta tanto que me hagan un descuento como a todos pero ¿pedirlo?. Sólo de pensarlo me sofoco de vergüenza.

Esa vergüenza que han perdido la mayoría de clientes y que regatean como si estuvieran en un bazar árabe. Ahora ya no se pregunta si ese artículo lleva descuento: directamente se exige, se da por sentado. ¿Qué nos pasa?.

Dolce & Gabanna

Creo que hemos perdido el sentido crítico y, si no pedimos un descuento, ya no somos nadie. ¿Lo pedimos en el supermercado al comprar productos básicos, o en la gasolinera como protesta por el abuso de impuestos por litro? ¿En los libros del colegio de los niños?. No, sólo nos sale la vena regateadora cuando vamos de tiendas a comprar esas cosas de las que podemos pasarnos pero que queremos tener y es por costumbre, como autómatas.

Por cierto que me sorprenden las personas racistas sobre costumbres de otras culturas pero que se adaptan tan perfectamente al gesto de acercarse al mostrador y soltar tan tranquilamente: ¿qué descuento me haces? ¿Cómo, no hay descuento? Oh, sólo un 10%, ¿no me haces más?.

Es cierto que esta sociedad de consumo en la que vivimos nos crea unas necesidades tan viscerales cuanto más lujosas día tras día: el listón aumenta sin cesar. Y como todo el mundo lo pide pues nosotros también.

¿Os habéis parado a pensar el sentido que tiene?. Una cosa es irte al mercadillo y comprar cinco pares de zapatos de primera necesidad y pedir un precio global. Pero, ¿entrar en una perfumería y pedir un descuento por un tratamiento de Orquídea Impériale que ronda los 380 euros?. Eso es vergonzoso. Yo quiero eso tan lujoso pero no estoy dispuesto a pagar su precio: ¿me regalas un pedacito y así no me dolerá tanto el bolsillo?.

Si está de oferta, genial. Si nos proponen el descuento, saldremos más contentos que unas pascuas. Si nos regalan ese complemento a juego por adquirir un bolso exclusivo en Loewe es que saben cómo agradecerte que sean su cliente y seguro que te acordarás que fué un regalo cuando lo utilices. Pero, ¿regatear en un artículo de lujo?. Antes prefiero no comprármelo. O esperar a las rebajas que para eso existen.

No sé si os acordáis del comentario sobre el descuento que pidió el presidente estadounidense Eisenhower en Tiffany’s cuando fué a pagar el encargo de una joya exclusiva pero eso es todo lo opuesto a tener clase. Quien supo mantenerse muy en su sitio fué Tiffany’s.

Fotos | Lukasz Strachanowski, Saigon, stëve
En Embelezzia | Techno Luxury, conferencia sobre la industria del Lujo en Berlín del 17 al 18 de novembre 2009

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