El trabajo remoto le dio a millones de personas la libertad de elegir dónde vivir sin depender de una oficina, sin embargo, esa libertad sumada a los efectos cada vez más visibles del cambio climático, está transformando la manera en que las personas con mayor poder adquisitivo deciden a dónde mudarse.
Ahora ya no basta para ellos con huir del frío o buscar los días soleados, sin que también entran en la fórmula del espacio perfecto para vivir factores como el riesgo de inundaciones, de un incendio forestal o el calor extremo, además del costo real de mantener una propiedad en una zona de extrema exposición a estos factores.
Durante años, el mudarse de ciudad respondía a motivos como el cambio de trabajo, de escuela, la cercanía con la familia o el precio de la vivienda, y aunque estos factores siguen estando presentes, lo cierto es que el clima se convirtió en uno quizá tan importante como los anteriores.
De acuerdo a una encuesta de Redfin citada en Forbes, 22% de los encuestados en Estados Unidos mencionaron que un buen clima sería una gran motivación para mudarse de estado, mientras que el 21% comentó que el riesgo de desastres climáticos influiría directamente en su decisión, porque no es sólo vivir bajo un cielo despejado, sino proteger su patrimonio de la naturaleza.
Foto de Maksim ŠiŠlo en Unsplash
El clima se convierte en un problema financiero
El verdadero vínculo entre el clima y las bienes raíces se aprecia en el golpe en el bolsillo: las primas de seguro han subido con fuerza en zonas propensas a huracanes, incendios e inundaciones, o incluso, en algunos casos dejan de renovarlas, de acuerdo a un reporte de Kin Insurance, que señala que casi la mitas de los propietarios entrevistados contempla mudarse por factores por el clima, mientras que el 93% afirma que su vivienda se verá afectada por algún tipo de daño.
Por eso, para quienes tienen mejor solvencia económica la mejor forma de invertir es lejos de este tipo de riesgos, porque no sólo se trata de comprar en la zona más exclusiva o con la mejor temperatura, sino de calcular si la propiedad seguirá siendo asegurable y rentable en un lapso de tiempo considerable, porque el precio de compra apenas es el principio: el verdadero costo de una vivienda llega cuando se cubren seguros y mantenimiento ante los embates de la naturaleza.
Bajo esta lógica, el mapa de la riqueza en Estados Unidos se reordena para que las ciudades que antes se consideraban refugios de lujo, ahora enfrenten dudas sobre su viabilidad a largo plazo, lo que da paso a que nuevas áreas más seguras, pero menos glamorosas, se conviertan en el foco de atención de quienes pueden vivir lejos del desastre.
Foto de Adam Young en Unsplash
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