Pocas veces un medicamento diseñado para tratar la diabetes tipo 2 termina cambiando algo más que el físico y la salud de las personas: eso es exactamente lo que están haciendo los GLP-1, el grupo de fármacos al que pertenece el famoso Ozempic.
Si bien estudios anteriores han demostrado que es el culpable de que los perfumes dulces y gourmand estén en su momento, y ahora el sector del lujo se ha convertido en el nuevo objetivo: ya que la irrupción de medicamentos para perder peso nunca había generado tantas motivaciones nuevas para comprar en marcas premium.
Un guardarropa nuevo como recompensa
El uso de medicamentos GLP-1 para adelgazar se ha convertido en uno de los principales motores de consumo dentro del sector: expertos como Federica Levato, socia sénior de Bain & Co., lo explica sin rodeos: en la categoría de moda y calzado, el entusiasmo de haber bajado de peso tiene una correlación directa con las ganas de renovar el guardarropa completo, y eso viene acompañado de una mayor confianza del consumidor.
Y no se trata de confianza económica en el sentido clásico, sino de algo más íntimo y poderoso: el sentimiento "YOLO" (de vivir el momento) que primero surgió tras la pandemia y que hoy se alimenta de la nueva confianza en uno mismo que traen medicamentos como Ozempic y Mounjaro.
Los números respaldan esa lectura. Según una encuesta de Circana, alrededor del 80% de los usuarios de GLP-1 anticipa que necesitará ropa nueva a causa de los cambios de talla, y el 55% ya ha comprado prendas o calzado nuevos. Además, analistas de Bernstein calculan que los cambios de guardarropa derivados del uso de GLP-1 podrían generar hasta 13,000 millones de dólares adicionales en gasto anual en ropa.
Y buena parte de ese gasto, señalan los expertos, no va hacia las tiendas de descuento sino hacia marcas de mayor valor percibido, porque quienes se reinventan físicamente también quieren reinventarse en la forma en que se visten.
Un reto para la industria
Sin embargo, este fenómeno también tiene una cara que incomoda a la industria de la moda. El Vogue Business Size Inclusivity Report del otoño-invierno 2026, publicado en marzo, encontró que de los casi 8,000 looks presentados en la temporada, el 97.6% correspondía a las llamadas "tallas estándar" de la industria.
La representación de tallas medianas y grandes cayó a sus niveles más bajos desde que la publicación comenzó a rastrear la inclusividad de tallas, lo que sugiere que el auge de los medicamentos para adelgazar podría estar empujando silenciosamente a las marcas a reducir su diversidad de tallas en lugar de ampliarla.
A medida que los consumidores reconstruyen sus guardarropas, reevalúan qué les queda, qué les favorece y qué se alinea con su nuevo estilo de vida, es aquí donde las marcas que logren entender esa dimensión emocional serán las que capitalicen mejor este cambio que, según los especialistas, no es una tendencia pasajera sino una transformación estructural que apenas comienza.
Foto de Dima Pechurin en Unsplash
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