Oscar Wilde y su controvertida visión del amor: "Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer, siempre que no la ame"

Es una cita de su novela 'El retrato de Dorian Gray' perfecta para soltar en una cena e iniciar un debate

Famous Bi Writer Oscar Wilde 2 1
Sin comentarios Facebook Twitter Flipboard E-mail
maria-yuste

María Yuste

Editor Senior

Si estás buscando una frase que parezca escrita para provocar una discusión en una cena o incluso en un grupo de WhatsApp y que se arme la de Dios es Cristo, prueba con una de las citas afiladas, ingeniosas y deliberadamente incómodas de Oscar Wilde y que siguen epatando más de un siglo después de haber sido escritas:

"Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer, siempre que no la ame" 

Es una frase que aparece en su famosa novela 'El retrato de Dorian Gray', publicada en 1890. Así que, siendo escrupulosos, no sale de la boca del propio Wilde, sino de Lord Henry Wotton, uno de los personajes más fascinantes y polémicos de la literatura inglesa. Un hombre brillante, seductor y profundamente cínico que se dedica a ir soltando paradojas sobre el amor, la moral, el placer y la sociedad como quien tira piedras a un estanque para ver cuánto tarda en formarse la onda. Este es un matiz muy importante.

Porque una de las trampas más habituales al leer a Oscar Wilde (o a cualquier otro autor) es asumir que todas las frases de sus personajes reflejan automáticamente sus opiniones personales. Sin embargo, Wilde disfrutaba jugando con la contradicción. Sus novelas, obras de teatro y ensayos están llenos de personajes que dicen cosas provocadoras precisamente para cuestionar las certezas de su época.

X7khm4ih7bm5w7fy35njkua4ly

De todos modos, en este caso, tampoco conviene absolverlo demasiado rápido. Wilde escribió numerosas frases sobre las mujeres que hoy resultan difíciles de defender. Algunas eran simples bromas satíricas y otras reflejaban prejuicios muy presentes en la sociedad victoriana. Su obra contiene algunas observaciones que hoy consideraríamos claramente misóginas, aunque también es cierto que muchas de ellas estaban formuladas desde la exageración humorística y la provocación intelectual más que desde un intento serio de describir la realidad.

Para entender esta frase en concreto hay que viajar a finales del siglo XIX. La Inglaterra victoriana era una sociedad obsesionada con las apariencias, las convenciones sociales y los matrimonios estratégicos. El amor romántico coexistía con un sistema en el que muchas relaciones se construían sobre intereses económicos, posición social o expectativas familiares. En ese contexto, la idea de que amar puede complicarlo cobra un matiz distinto al que tendría en una lectura actual.

También había algo profundamente personal e identitario en la mirada de Wilde hacia las mujeres. Aunque estaba casado y tenía hijos, vivió gran parte de su vida ocultando su sexualidad en una sociedad que perseguía las relaciones homosexuales. De hecho, acabaría siendo juzgado y encarcelado por ello. Conocer ese contexto ayuda a entender por qué sus escritos están llenos de reflexiones sobre el deseo, la máscara social y la distancia entre lo que sentimos y lo que mostramos al mundo.

oscar

Vista desde hoy, la frase resulta inaceptable si se lee literalmente. La mayoría de las personas no diría que la felicidad consiste en evitar amar. De hecho, las relaciones profundas y significativas son uno de los factores que la psicología moderna asocia más al bienestar y a la satisfacción vital. Sin embargo, si el problema viene de amar específicamente a una mujer, entonces podría ser la cita de un incel que odia a las mujeres.

Sin embargo, si todavía nos puede seguir sonando interesante es porque señala una verdad tan universal como atemporal: amar nos vuelve vulnerables. Cuando no amamos, controlamos mejor la situación. Hay menos miedo, menos incertidumbre y menos riesgo de sufrir. Podemos mantener cierta distancia emocional. El problema es que también nos privamos de una parte importante y bonita de la experiencia humana.

En ese sentido, la paradoja de Wilde podría reinterpretarse de una forma mucho más actual. Tal vez sea cierto que es más fácil vivir sin amar profundamente. Lo que probablemente no sea cierto es que esa facilidad equivalga a una mayor felicidad.

Wilde

Amar implica exponerse al rechazo, a la pérdida y a la decepción. Significa aceptar que no podemos controlarlo todo. Pero también abre la puerta a algunas de las experiencias más intensas y significativas que podemos vivir. El precio del amor es la vulnerabilidad y la recompensa, precisamente, es que deja de ser una vida vivida desde la barrera.

Por eso, más de un siglo después, la frase más que tener razón, nos obliga a preguntarnos qué entendemos por felicidad. Si buscamos una existencia cómoda, segura y protegida de cualquier herida emocional, quizá Lord Henry tenga razón. Pero si hablamos de una vida rica, profunda y auténtica, la respuesta probablemente sea la contraria.

La verdadera lección no es que el amor impida la felicidad. Es que las cosas que más sentido dan a nuestra vida suelen ser también las que nos hacen más vulnerables. Por ello, la madurez consiste precisamente en aceptar ese riesgo.

Fotos | Dominio público

En Trendencias | Los 100 mejores libros de la historia que te engancharán de principio a fin

En DAP | Aurelio Rojas, cardiólogo: “Consumir plátano, uvas, mango o piña por la noche podría fragmentar el descanso”

En Xataka | Los expertos coinciden en que abrir las ventanas de noche y cerrarlas de día está dejando de ser la mejor estrategia frente al calor

Inicio