'La bola negra' no es otra película más sobre la guerra civil española: una mirada queer sobre la generación de mis bisabuelos

La producción más ambiciosa de los Javis que pasará a la historia del cine de nuestro país

Img 5447
Sin comentarios Facebook Twitter Flipboard E-mail
noemi-valle

Noemí Valle

Editor

Hace cuatro días que fui a ver 'La bola negra', cuatro días en los que he evitado dejar quietas en una página todas las sensaciones que me ha despertado esta película dirigida por Javier Ambrossi y Javier Calvo. Era lunes y la sala abarrotada enmudecía mientras los primeros minutos la pantalla se engrandecía con un Guitarricadelafuente interpretando a un soldado del bando nacional. Su cara se acompasaba con una versión de Judeline del pasodoble militar de Jacinto Guerrero, una versión que arruga la letra original y le quita heroicidad a la canción. Es 1937 en España, plena Guerra Civil, y sin embargo, el resultado es una cinta antibelicista. No va de ninguna lucha armada, va más bien sobre el conflicto íntimo que libera un hombre homosexual. Sobre la violencia que supone esconder quién es.

La película cuenta tres historias de tres hombres homosexuales en diferentes momentos de la historia: una Granada onírica y republicana en 1932, la Guerra Civil en 1937 y un pasado reciente que nos sitúa en 2017. En la primera, inspirándose en una obra inacabada de Lorca, Milo Quifes debuta interpretando a Carlos, un joven cuya solicitud para entrar como socio en un casino es rechazada por su condición sexual. En la segunda, Guitarricadelafuente se estrena también en el cine dando vida a Sebastián, el elegido para ser centinela del republicano Rafael Rodríguez Rapún en un hospital militar en Santander, llevando a la gran pantalla el texto de Alberto Conejero 'La piedra oscura'. 85 años más tarde, Carlos González es Alberto, un historiador y dramaturgo que se topa con una extraña herencia familiar tras la muerte de su abuelo. Glenn Close y Penélope Cruz completan el reparto, junto con Lola Dueñas, Natalia Molina y  Antonio de la Torre. 

cvbn Miguel Bernadeau como Rafael Rodríguez Rapún y Guitarricadelafuente como Sebastián

Este tríptico resulta brillante para comprender la contaminación entre épocas, las cuales se cruzan con la figura de Lorca y se trenzan en una reivindicación de lo queer. Y sí, la película es barroca, pero creo que todas estamos un poco cansadas del minimalismo sensorial y buscamos en el arte hecatombe y epopeya, y el universo de los Javis tiene mucho de eso. Por eso la celebración de la corporalidad y los fotogramas que dialogan con la iconografía clásica. España se está rompiendo y aun así en la pantalla el deseo se hace ancho y la vergüenza mengua. 

La herencia de Lorca: el imaginario disidente y la importancia de la memoria histórica

La metáfora tan visual de la bola negra como símbolo de repudio colectivo a todo lo disidente viene como anillo al dedo. Pero, además, resulta que el título ha sido extirpado de una de las últimas obras de Lorca que quedaron inacabadas, como su biografía, tras ser asesinado a manos del bando franquista. Noventa años después de su muerte, esta cinta invita a ligar obra y personaje, algo que resulta imprescindible para comprender el universo creativo del autor, ese único lugar en el que podía volcar sus sentimientos. Hablar, aunque fuera enmascaradamente, a los hombres de su vida.

Wkkb65p4jnhqbffllucjo2qfci Miguel Bernadeau como Rafael Rodríguez Rapún y Alberto Cortés como Federico García Lorca

La acogida masiva de la película por parte de la generación Z es evidente y tiene algo de prodigio. Dos tercios de la misma miran a una España que solo podrían haber conocido sus bisabuelos y les devuelve un país cuyas heridas siguen encontrando la forma de seguir abiertas. Hablo ahora en primera persona: yo al menos no necesito que todo lo que consumo esté narrado en presente; entiendo el cine como una ventana, no solo como un espejo. Cuando una cinta es virtuosa, se alza con 20 minutos de ovación por parte de la crítica en Cannes y el premio a mejor dirección en el festival, pero la audiencia también la celebra; por eso se ha llevado el premio del público en Toronto y supera los 1,2 millones de espectadores en menos de una semana. 

Hay una escena en la que un Lorca en blanco y negro se dirige a Rapún, su último gran amor. Cito al poeta sin literalidad absoluta, culpa de los errores de una memoria sesgada por la emoción del momento en la sala: “Este país tiene demasiadas historias de amor enterradas en los campos. Hay que arañar la tierra para que salgan, para que puedan existir más.” Es quizás el brochazo definitivo para entender de qué va este metraje, para desplazar los sentidos de quienes decidieron que no es más que otra invitación a una rumiación colectiva sobre la Guerra Civil. Va, sobre todo, de lo que no pudo ocurrir a causa de ella. Apostillo, estoy convencida de que quienes buscan quitarle épica a la obra con esta idea, sencillamente, no han visto 'La bola negra'.

Fotos | Noemí Valle, 'La bola negra'

En Trendencias | Las 38 mejores series de Netflix que puedes ver ahora mismo

En Xataka| Se buscan voluntarios para vivir gratis en un refugio de la Sierra de Gredos a cambio de trabajar 24 horas semanales cuidando animales abandonados 

En Xataka| Arturo Pérez-Reverte elige su película del oeste favorita de Clint Eastwood: "Obra maestra, está a la altura de los mejores westerns de la historia"


Inicio