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Una librería vacía consigue llenarse de clientes de la noche a la mañana gracias a un tweet y a la magia de las redes sociales

Una librería vacía consigue llenarse de clientes de la noche a la mañana gracias a un tweet y a la magia de las redes sociales
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Petersfield Bookshop es una librería independiente especializada en libros de segunda mano, mapas y publicaciones antiguas que, a pesar de sus 100 años de historia, ha encontrado recientemente en Twitter su mejor aliado. Y es que esta es una de esas historias bonitas en las que la gente se une mostrando el lado más positivo de las redes sociales.

Todo empieza con un martes de lluvia en Hampshire, al sur de Inglaterra. Un día poco apacible en el que son escasos los clientes que se acercan hasta Petersfield. Además, de ellos, ninguno acaba efectuando una compra. Hacia el final de la jornada, Robert Sansom, su librero, apenado por haber hecho cero libras de caja, algo que no había visto nunca en 13 años trabajando allí, decide compartirlo en Twitter sin imaginar lo que las fotos de los pasillos vacíos de la librería estaban a punto de desencadenar.

Sobre todo, a partir de que el escritor de ciencia ficción Neil Gaiman  decidiera retwittearlas a sus más de dos millones de seguidores. Fue entonces cuando las tornas se volvieron y los pedidos a su tienda online empezaron a llegar desde todas partes del mundo.

De la noche a la mañana, la librería facturó mil libras (unos 1.170 euros al cambio) y el tweet melancólico, que ya acumula más de 8.000 retweets y 16.000 "me gusta", se transformó en uno mucho más alegre:

"¡Menuda noche! Estamos completamente sobrepasados en el buen sentido. Tenemos 1.100 seguidores nuevos, montones de pedidos online y unos 300 mensajes. Muchos de ellos preguntándonos por libros, intentaremos responder a todos lo antes posible. Por favor, tened paciencia. ¡Muchas gracias a todos!".

Una muestra de "la magia" que son capaces de orquestar las redes sociales en contraposición a otros aspectos negativos que también conllevan como la dependencia o el llamado síndrome de la doble pantalla. Y es que, aunque los pasillos de esta librería no se llenaron físicamente, sí lo hicieron de forma virtual no solo salvando el día de un pequeño comercio sino convirtiéndolo en uno de los mejores de su larga historia.

Fotos | Unsplash

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