En días pasados decenas de personas hicieron fila durante horas (o incluso días) frente a boutiques de Swatch en Hong Kong, Singapur, Nueva York y Ciudad de México, y la ocasión no era el lanzamiento de un teléfono ni una zapatilla de edición limitada: esperaban un reloj de bolsillo de 40 milímetros en ocho colores inspirados en el Pop Art.
Se llamaba Royal Pop, la colaboración entre Swatch y Audemars Piguet de la que, en menos de dos horas, ya no había existencias; así, la industria relojera que llevaba meses mirando con envidia el fenómeno de los coleccionables de moda, acababa de tener su propio momento Labubu.
La colaboración que nadie anticipó del todo
El diseño del Royal Pop conserva con fidelidad los códigos visuales del Royal Oak: el patrón "Petite Tapisserie" en la esfera, los ocho tornillos hexagonales en el bisel y el acabado satinado vertical que distingue a la colección insignia de AP.
Sin embargo, más allá de las especificaciones técnicas, lo que convirtió al Royal Pop en fenómeno cultural fue una decisión de diseño aparentemente sencilla: cada pieza se entrega con una correa de piel de becerro, pensada para colgarse al cuello, engancharse a un bolso o sujetarse a la ropa, básicamente cualquier lado excepto para llevarse en la muñeca.
Según WatchTime, ese gesto devuelve al Royal Pop a una larga tradición de Swatch, los famosos relojes Pop de los años ochenta, cuya caja podía desprenderse de la correa y sujetarse como accesorio, pero lo reactualiza con el vocabulario visual de 2026 llevándolo con una Birkin o en una mochila, respondiendo así al mismo deseo que impulsó el fenómeno Labubu: no solo tener un objeto valioso, sino ostentarlo en movimiento.
Y esta comparación no es casual: mientras que en mayo de 2025 las búsquedas de "labubu doll" crecieron un 60% interanual, el mercado relojero tradicional atravesaba turbulencias: el estudio anual de Deloitte sobre la industria suiza registraba que el 43% de los ejecutivos del sector tenía una perspectiva negativa para sus principales mercados de exportación.
Así que Swatch y AP ha dado justo en la diana: si la generación Z consume el lujo como herramienta de autoexpresión y no como marcador de estatus, el formato del coleccionable de bolsillo (lujo accesible y fotografiable) era la respuesta correcta al momento equivocado del mercado.
Para una maison que celebra en 2026 su 150 aniversario y que ha construido su reputación sobre la independencia y el dominio familiar, ese giro en color convierte al Royal Pop en algo más que un ejercicio de marketing generacional: es también una declaración de principios sobre qué debe durar en la industria del lujo cuando todo lo demás cambia de forma tan veloz.
Fotos de Audemars Piguet
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