Harriet Tubman tenía 13 años cuando recibió el golpe en la cabeza que le dejaría secuelas neurológicas el resto de su vida. Un capataz de esclavos había lanzado una pesa de hierro contra otra persona esclavizada que intentaba escapar y le dio a ella. A partir de entonces sufriría fuertes dolores de cabeza, convulsiones y episodios repentinos de sueño. La historia de lo que hizo después suele contarse obviando la gravedad de esa incapacidad, a pesar de ser un factor que convierte los capítulos de su biografía en algo todavía más épico.
Tubman es famosa, principalmente, por haber conseguido escapar de la esclavitud y volver para ayudar a otras personas a hacer lo mismo. No obstante, menos conocido es que también trabajó como espía durante la Guerra Civil estadounidense, participó en una operación que liberó a más de 700 personas, defendió el voto femenino y dedicó los últimos años de su vida a fundar una residencia para ancianos negros sin recursos. Aunque cada una de esas vidas ya da para llenar una sola biografía, ella las vivió todas.
Araminta Ross
Antes de pasar a la historis como Harriet Tubman, se llamó Araminta Ross y nació esclavizada en Maryland. En 1849, logró huir hacia el norte pero, en vez de limitarse a intentar rehacer su vida allí, lejos de quienes podían capturarla, no se olvidó de que había dejado atrás a su familia. Regresó a Maryland unas 13 veces durante la década siguiente y guio hacia la libertad a unas 70 personas, muchas de ellas parientes y amigos.
El Ferrocarril Subterráneo era el nombre de la red que lo hizo posible, aunque no tenía vagones ni circulaba bajo tierra. Lo formaban personas dispuestas a ponerse en peligro ofreciendo refugio, información y ayuda para que quienes escapaban pudieran avanzar de un lugar seguro al siguiente. Un recorrido que no era precisamente corto. Después de la ley de esclavos fugitivos de 1850, llegar a un estado donde la esclavitud estaba prohibida no bastaba para sentirse a salvo: quienes habían escapado podían ser perseguidos y capturados. Así que algunas rutas continuaban hasta Canadá.
La mujer que conocía los caminos y las posiciones enemigas
Después, cuando estalló la Guerra Civil, Tubman encontró otra forma de combatir el sistema esclavista del que había huido. Trabajó para la Unión (el bando partidario de abolir la esclavitud) como cocinera y enfermera, y más tarde como exploradora y espía. La experiencia que había adquirido organizando fugas resultaba muy útil en un territorio donde saber por qué camino pasar, a quién preguntar y en quién confiar era la clave para el éxito de una misión.
En 1863 esa información fue decisiva en el río Combahee, en Carolina del Sur. Las fuerzas confederadas habían colocado minas y otros obstáculos para impedir que avanzaran las embarcaciones de la Unión. Tubman y su red reunieron información sobre el río y las plantaciones de las orillas. Con ella se preparó una incursión que resultó en la liberación de más de 700 personas esclavizadas en una sola noche.
A Tubman se la reconoce como la primera mujer que dirigió una operación militar estadounidense de este tipo. Es una frase que impresiona, pero la escena lo vale: una mujer a la que se había negado la libertad desde su concepción ayudó a organizar la llegada de barcos hasta plantaciones donde cientos de familias seguían esclavizadas. Su conocimiento y el de otros hombres y mujeres negros, muchas veces omitido en los relatos de la guerra, fue parte crucial de la estrategia.
Todo ello mientras continuaban los síntomas de aquella lesión que había sufrido de niña. Algunos expertos llaman narcolepsia a su trastorno del sueño, que incluía ataques, convulsiones y episodios de somnolencia. Tubman las concebía como visiones religiosas y les daba un sentido dentro de su fe. No obstante, no existe un diagnóstico clínico oficial sobre lo que le sucedía.
Después de la guerra siguió preguntándose quién necesitaba ayuda
Tras la rendición de la Confederación, Tubman pasó a implicarse en la lucha por el voto femenino. Ella cconocía bien los límites de hablar de libertad en un país donde las mujeres seguían sin poder votar y donde las mujeres negras afrontaban, además, la discriminación racial. En 1904, la feminista Susan B. Anthony la presentó en una convención sufragista en Nueva York.
También tuvo que reclamar ayuda para sobrevivir. Aunque había prestado servicios durante la guerra, obtener una pensión por su trabajo le llevó años. Primero recibió una pensión de viudedad y en 1899 consiguió un aumento por su labor como enfermera. Su trabajo como exploradora y organizadora militar nunca obtuvo el mismo reconocimiento.
En su casa en Auburn, Nueva York, acogía a familiares y otras personas que necesitaban apoyo. Con el tiempo, Aubman quiso crear un asilo para personas racializadas que envejecían sin recursos. Compró una propiedad con ese fin, pero reunir el dinero para ponerla en marcha no fue fácil. Finalmente, la cedió a la Iglesia Episcopal Metodista Africana de Sion con la condición de que ellos abrieran y gestionaran la residencia. El hogar comenzó a recibir personas en 1908. Años después, ella misma viviría allí como paciente, hasta su muerte en 1913.
Así que recordarla solo como la abolicionista que ayudó a liberar a cientos de otros esclavos se queda muy corto. Tubman sabía que salir de una plantación significaba solo haber resuelto el primer problema de los que venían después e intentó solucionarlos todos.
Fotos | Dominio público
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