Audre Lorde, poeta, en 1981: "No soy libre mientras otra mujer no lo sea, aunque sus cadenas sean muy diferentes a las mías"

La poeta y activista cuestionó un feminismo que pasaba por alto el racismo, la clase social y las distintas realidades de las mujeres

audre Lorde
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María Yuste

Editor Senior
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María Yuste

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Conseguir un sueldo igualitario, tomar nuestras propias decisiones sin tener que pedirle permiso a un hombre o poder decidir sobre nuestro propio cuerpo son conquistas que merecen celebrarse. Sin embargo, ¿qué ocurre con todas las mujeres que todavía no pueden hacer lo mismo? La cita de Audre Lorde planteó una pregunta incómoda sobre dónde termina nuestra idea de igualdad: si en la libertad que hemos conseguido para nosotras o también en la que todavía les falta a las demás.

"No soy libre mientras otra mujer no lo sea, aunque sus cadenas sean muy diferentes a las mías". 

Estas palabras las pronunció la poeta en junio de 1981, durante una conferencia de la Asociación Nacional de Estudios de las Mujeres de Estados Unidos. Su intervención indagaba en las respuestas de las mujeres al racismo y quedó recogida después en 'Hermana otra' ('Sister Outsider'), su colección de ensayos y discursos publicada en 1984.

La propia Audre Lorde, aunque nació en Nueva York, era hija de inmigrantes caribeños. Fue poeta, ensayista, bibliotecaria y profesora, además de una figura destacada del feminismo negro y lésbico. Publicó su primer poema cuando todavía estaba en el instituto y después utilizó la escritura como una herramienta para abordar el racismo, el sexismo, la homofobia y las desigualdades económicas.

Una de las ideas centrasles de su obra es que no todas las mujeres viven la discriminación de la misma manera. Ser negra, lesbiana o tener pocos recursos añade dificultades que un feminismo centrado en las experiencias de las mujeres blancas y acomodadas puede pasar fácilmente por alto. Lorde situó esas diferencias en el centro de sus ensayos y defendió que reconocerlas era necesario para una lucha compartida.

audre Lorde

Qué quería decir con las "cadenas" de otras mujeres

En aquel discurso de 1981, Lorde denunció que las cuotas de inscripción a la propia conferencia había dejado fuera a las mujeres pobres y de color que querían participar. De este modo, un encuentro dedicado a combatir el racismo había dejado fuera a algunas de las mujeres cuya experiencia necesitaba ser escuchada.

Llevando su reflexión a algo más concreto: la invitación puede ser la misma para todas; las posibilidades de aceptarla, muy distintas. Aplicado al feminismo, obliga a preguntarse quién puede participar, qué problemas reciben atención y qué mujeres siguen quedando al margen. Lorde, además, predicaba con el ejemplo y reconocía sus propias ventajas. 

No escondía que su empleo universitario le permitía dar de comer a sus hijos, una seguridad que otras madres no tenían. Ella era también una mujer discriminada por su raza y su orientación sexual, pero eso no le impedía reconocer que contaba con recursos de los que otras carecían.

AUDRE LORDE K. Kendall

 Es una distinción importante porque podemos sufrir una desigualdad y, al mismo tiempo, tener una posición favorable en otros aspectos de nuestra vida. Además, reconocerlo no resta valor a lo que hemos vivido sino que yuda a entender por qué nuestras necesidades no representan automáticamente las de todas las demás.

La igualdad también se mide fuera de nuestra burbuja

Pensemos en una mujer que consigue un ascenso y contrata a otra para cuidar de sus hijos. Su progreso profesional es una buena noticia. Pero también importa si la cuidadora tiene un salario digno, descanso y posibilid de atender a su propia familia. Mirar solo a la primera deja la historia de la lucha por la igualdad a medias. Es también el centro de un debate muy recurrente en los últimos tiempos como es el de la gestación subrogada y las famosas que optan por saltarse las complicaciones y limitaciones del embarazo y el posparto pagando a otra mujer que lo sufra por ellas.

Para abordar estas contradicciones, Lorde invitó a ampliar la mirada sin exigir que todas compartamos los mismos problemas. Podemos defender un derecho que ya tenemos y que a otra le falta. Podemos tomarnos en serio una discriminación que no hemos sufrido. La solidaridad empieza cuando la experiencia ajena nos importa por sí misma, sin necesidad de encontrar en ella un reflejo de la nuestra.

Por eso en el final de su frase está la clave más importante: "aunque sus cadenas sean muy diferentes a las mías". No hace falta que otra mujer viva como nosotras para que su libertad nos concierna. El reto, precisamente, está en recordar eso también cuando nuestra vida empieza a ir bien.

Foto de portada | 350 Vermont

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