Fayna Pérez, abogada experta en herencias: "Hacer testamento no significa dejarlo todo arreglado"

Fayna Pérez

Planificar la herencia es importante, pero no garantiza que no se existan problemas con el reparto

Nacho Viñau

Editor

Cuando mueren los padres, no siempre se acaba la etapa más difícil para sus hijos. A veces, los problemas empiezan entonces, cuando toca repartir los bienes, decidir qué hacer con la casa familiar y ponerse de acuerdo sobre un patrimonio que, además de su valor económico, guarda recuerdos y puede despertar viejos reproches. Y lo que parecía un trámite acaba convirtiéndose en una disputa entre hermanos.

Es precisamente entonces cuando pueden aflorar problemas que llevaban años latentes. Hermanos que no se ponen de acuerdo, reproches por quién cuidó más de los padres o discusiones sobre el reparto de una vivienda pueden transformar una herencia en un conflicto que se prolongue durante años. Fayna Pérez, abogada especializada en derecho sucesorio, conoce bien estas situaciones después de más de 25 años de ejercicio profesional entre Gran Canaria y Lanzarote.

Y en una entrevista publicada en Canarias7, la letrada ha puesto el foco en una idea que conviene tener presente: hacer testamento es importante, pero no garantiza que una herencia vaya a resolverse sin problemas. Planificar el reparto del patrimonio, revisar las decisiones con el paso del tiempo y hablar con la familia son cuestiones que pueden evitar que los herederos tengan que enfrentarse a más dificultades de las necesarias.

Hacer testamento no siempre evita los conflictos entre hermanos

Existe una idea bastante extendida de que basta con acudir al notario, dejar escrito cómo queremos repartir nuestros bienes y olvidarnos del asunto. Sin embargo, las circunstancias personales cambian, las relaciones familiares evolucionan y lo que hoy parece una decisión equilibrada puede convertirse en un problema dentro de unos años, y por eso hay que ir renovándolo cada cierto tiempo.

Fayna Pérez lo explica con en la entrevista en Canarias7: «Un testamento es un documento vivo». Una separación, el nacimiento de nietos, una ayuda económica a uno de los hijos o los cuidados que un familiar haya prestado durante una enfermedad son circunstancias que pueden modificar lo que consideramos justo o conveniente.

Por eso, la abogada recomienda revisar el documento periódicamente y, especialmente, cuando se producen cambios importantes en nuestra vida. No se trata únicamente de decidir quién recibe cada bien, sino de pensar en las consecuencias que ese reparto puede tener para quienes se quedan.

Uno de los ejemplos que plantea es el de los padres que deciden dejar todos sus bienes al 50% entre sus hijos porque creen que así están siendo justos. El problema aparece cuando el patrimonio incluye una vivienda y cada hermano tiene expectativas distintas: uno quiere conservarla, mientras que el otro necesita venderla; uno vive cerca y el otro reside en otra ciudad.

Para esta abogada, «Dejar todo al 50% puede significar condenar a tus hijos a entenderse». Una decisión que sobre el papel parece equitativa no siempre tiene en cuenta las necesidades, las circunstancias económicas o los proyectos de cada heredero.

Las herencias también pueden pasar factura a nuestra salud emocional

Cuando se habla de herencias, solemos pensar en propiedades, cuentas bancarias, impuestos y documentos notariales. Sin embargo, la parte emocional puede ser mucho más difícil de gestionar que la económica. A la tristeza por la pérdida de un ser querido se suman las decisiones pendientes y, en ocasiones, los desacuerdos con personas de la propia familia.

La abogada explica en la entrevista que los conflictos sucesorios pueden sacar a la superficie viejos reproches: quién estuvo más pendiente de los padres, a quién ayudaron económicamente o quién recibió más apoyo en determinados momentos de su vida. Cuestiones que parecían olvidadas pueden reaparecer cuando llega el momento de repartir el patrimonio.

Pérez lo expresa con una reflexión especialmente significativa: «Hasta que no se resuelve una herencia, muchas veces tampoco puede haber un duelo sano».

La especialista describe situaciones en las que la incertidumbre y las disputas llegan a afectar al sueño y al bienestar psicológico de los herederos. Incluso después de firmar los documentos necesarios, las relaciones familiares pueden quedar deterioradas. Por eso, su consejo es intentar alcanzar acuerdos y evitar que las expectativas económicas terminen convirtiéndose en un enfrentamiento interminable.

En ocasiones, sostiene, puede compensar más renunciar a una parte de lo que se esperaba recibir que mantener una disputa durante años. «Puede ser preferible perder parte de tus expectativas y resolver rápido que alargar el conflicto», afirma. 

La casa familiar, uno de los grandes focos de disputa

Si hay un bien que suele concentrar buena parte de los conflictos sucesorios, ese es la vivienda familiar, ya que además de representar una parte importante del patrimonio, suele estar vinculada a recuerdos, etapas de la infancia y experiencias compartidas.

Precisamente por esa carga sentimental, repartir una casa no siempre es tan sencillo como dividir su valor entre los herederos. Puede que uno quiera conservarla porque sigue viviendo en ella, que otro necesite venderla o que ninguno tenga recursos suficientes para asumir su mantenimiento.

También pueden aparecer interpretaciones dolorosas sobre las decisiones de los padres. Que la vivienda se deje a uno de los hijos puede despertar la sensación de que ha sido el favorito, mientras que otros familiares pueden considerar que su dedicación durante los últimos años no ha recibido el reconocimiento esperado.

La abogada recuerda que estas situaciones serían más fáciles de gestionar si se hablaran antes. Conocer las necesidades de cada hijo, explicar las decisiones y estudiar las distintas opciones permite anticiparse a algunos de los desacuerdos que, de otro modo, podrían aparecer después del fallecimiento.

Qué pasa si heredamos deudas o morimos sin testamento

La planificación sucesoria no consiste únicamente en decidir quién recibirá los bienes. También hay que tener en cuenta que una herencia puede incluir obligaciones económicas y que aceptar sin conocer su situación puede tener consecuencias importantes, ya que también podemos heredar deudas.

En la entrevista con el medio canario, Fayna Pérez recuerda que «cuando hablamos de herencias no hablamos únicamente de bienes; también puede haber deudas». Por eso, recomienda estudiar el patrimonio antes de tomar decisiones y buscar asesoramiento cuando existan dudas.

Entre las posibilidades que contempla la legislación española está la aceptación de la herencia a beneficio de inventario, una fórmula que, si se cumplen los requisitos legales, permite limitar la responsabilidad del heredero por las deudas hereditarias al patrimonio de la propia herencia. Las condiciones y el procedimiento deben revisarse con un profesional antes de actuar.

¿Y qué sucede cuando una persona fallece sin haber hecho testamento? En ese caso, será necesario tramitar una declaración de herederos y la distribución se determinará conforme a las reglas legales aplicables. El resultado puede no coincidir con lo que habría querido el fallecido, de ahí la importancia de planificar dentro de los límites que establece la ley.

La recomendación de la abogada es no precipitarse. Cuando acaba de fallecer un familiar, es habitual que los herederos estén atravesando un momento emocionalmente complicado y no tengan claro por dónde empezar. Contar con un profesional que ayude a ordenar los trámites puede evitar errores y repartir la carga de trabajo entre los familiares.

Cuándo conviene hacer testamento y por qué hay que revisarlo

No hace falta esperar a alcanzar una determinada edad para empezar a pensar en el testamento. La compra de una vivienda, el nacimiento de los hijos, el inicio de una nueva relación o un cambio importante en la situación económica pueden ser buenos momentos para revisar cómo queremos organizar nuestro patrimonio.

En opinión de Fayna Pérez, uno de los errores más habituales es evitar la conversación por miedo a enfrentarse a la muerte. Sin embargo, hablar de estas cuestiones con tiempo permite tomar decisiones con más calma y explicar a la familia por qué se ha optado por un reparto determinado.

Su conclusión, recogida en la entrevista de Canarias7, resume el sentido de esa planificación: «Una herencia se prepara en vida; después de la muerte solo se puede arreglar».

Hacer testamento sigue siendo una herramienta fundamental para ordenar la sucesión, pero no debería entenderse como un trámite que se firma una vez y se olvida para siempre. Revisarlo cuando cambian nuestras circunstancias, estudiar las implicaciones de cada decisión y buscar asesoramiento especializado puede ayudar a evitar problemas patrimoniales y familiares.

Porque dejar las cosas organizadas no significa únicamente decidir quién recibirá nuestros bienes. También implica pensar en las personas que tendrán que gestionar nuestra ausencia y procurar que, cuando llegue el momento, puedan concentrarse en lo verdaderamente importante.

Fotografías | Fayna Pérez

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