Desayunar, comer o cenar huevos es una idea genial. Y si los combinas con este alimento, aumentarás la absorción de proteínas

Si acompañas los huevos con estas frutas podrás aprovechar al máximo sus propiedades

Nacho Viñau

Editor

Los huevos son uno de esos alimentos que admiten pocas críticas desde el punto de vista nutricional. Son una fuente excelente de proteínas de alto valor biológico, contienen todos los aminoácidos esenciales, son fáciles de cocinar y encajan tanto en el desayuno como en la comida o en la cena. 

Pero hay un matiz relevante que a menudo pasamos por alto: que el huevo sea un alimento nutritivo no significa que siempre aprovechemos al máximo lo que nos ofrece. Y aquí es donde entra en juego con qué lo acompañamos.

Por qué el huevo es una proteína de referencia

El huevo lleva décadas siendo el patrón de referencia para medir la calidad proteica de otros alimentos, y no es casualidad. Contiene los ocho aminoácidos esenciales en proporciones equilibradas, lo que lo convierte en una proteína completa. Su digestibilidad es también alta cuando está cocinado: un huevo crudo, además del riesgo de salmonela, se digiere bastante peor y reduce de forma significativa el aprovechamiento de sus nutrientes.

El método de cocción también importa. Las preparaciones más saludables, como el huevo cocido, el huevo poché, a la plancha o en tortilla francesa, preservan mejor sus propiedades que los fritos o las elaboraciones con exceso de grasa, que dificultan la digestión y pueden degradar parte de sus nutrientes con las altas temperaturas.

El acompañamiento que te ayudará a absorber las proteínas

Si queremos ir un paso más allá y maximizar la absorción de las proteínas del huevo, la clave está en combinarlo con determinadas frutas tropicales: la piña, la papaya y, en menor medida, el kiwi. Y la razón es bioquímica.

La piña contiene bromelina y la papaya, papaína. Ambas son enzimas de la familia de las peptidasas, también llamadas proteasas, cuya función es descomponer las proteínas en sus aminoácidos constituyentes para facilitar su absorción. Es el mismo mecanismo que el organismo activa de forma natural a través del páncreas cuando digiere cualquier alimento proteico, pero con la ayuda extra de estas enzimas vegetales, el proceso resulta más eficiente.

Dicho de otra forma: cuando comemos huevos acompañados de piña o papaya, las enzimas de estas frutas colaboran con las proteasas pancreáticas en la digestión, logrando que el intestino delgado absorba los aminoácidos con mayor facilidad. Esos aminoácidos pasan al torrente sanguíneo y se distribuyen por todo el organismo para cumplir sus funciones: reparar tejidos, sostener la masa muscular, sintetizar hormonas y un largo etcétera. 

Y esto, es especialmente importante a partir de los 50, con la sarcopenia. A partir de esta edad, el músculo empieza a reducirse a un ritmo de entre el 1 y el 2% anual. A partir de los 60, la pérdida de fuerza se acelera aún más, oscilando entre el 1,5 y el 3% cada año. Y en las mujeres, el proceso se vuelve más brusco al coincidir con la menopausia.

Además, llevar esta combinación a la práctica no exige ningún esfuerzo especial. Un desayuno con huevos revueltos o tortilla francesa acompañado de unos trozos de piña o papaya fresca es perfectamente viable. En la cena, unos huevos a la plancha con una pequeña guarnición de estas frutas también tiene sentido desde el punto de vista nutricional.

Fotografías | timolina, Freepik

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