Una montaña por tu cumpleaños no es para tanto: estos son los 9 regalos de amor más wow de la historia
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Una montaña por tu cumpleaños no es para tanto: estos son los 9 regalos de amor más wow de la historia

Hace unos días, saltaba la noticia de que Noruega pretende hacer un regalo bastante especial a Finlandia en el centenario de la nación: nada más y nada menos que una montaña. Así que, si estos son los regalos que se intercambian los países por un simple cumpleaños, nos hemos preguntado cuáles serán los regalos más espectaculares motivados por el más loco de los sentimientos: el amor.

El Taj Mahal

Taj Mahal

Quizá el regalo por amor más conocido de la historia. El emperador mogol Shah Jahan lo construyó, cerca de Agra (India), en honor de su esposa favorita, Mumtaz Mahal, que acababa de fallecer durante el parto de su decimocuarto hijo. El mausoleo blanco es la parte más conocida de un conjunto de edificios que se ha convertido en un enclave mítico por su belleza y por el halo romántico que lo rodea.

Las ciudades de Tánger y Bombay

Tanger

Aunque, cuando hablamos de un pasado remoto, es difícil distinguir entre amor verdadero y obligaciones de estado, el regalo de dos ciudades bien merece encontrarse en esta lista. Cuando se acordó el matrimonio de Carlos II de Inglaterra con la princesa portuguesa Catalina de Braganza, el novio recibió como dote las ciudades de Tánger, puerto estratégico en el estrecho de Gibraltar, y Bombay (actual Mumbai). La historia completa le resta romanticismo al asunto: el rey dedicó más tiempo a sus amantes que a su mujer y llegó a reconocer hasta 14 hijos ilegítimos.

Jardines colgantes de Babilonia

Babilonia

Cuando la reina Amytis de Babilonia comenzó a mostrar una nostalgia preocupante por su hogar, las montañosas tierras de Media, su esposo, el rey Nabucodonosor II, decidió construir los jardines colgantes de Babilonia en medio de su árida y desértica tierra (el actual Irak). El resultado fue considerado una de las Siete Maravillas del mundo antiguo, pese a que hoy en día algunos historiadores ponen en duda que llegaran a existir.

Cleopatra

Cleopatra

Cleopatra fue una figura mítica en su época, no tanto por su belleza –como ha querido vender la historia posterior– como por su inteligencia estratégica. Cuando su trono egipcio estuvo en peligro, se propuso hacerle a Julio César, el emperador romano, un regalo no de amor, aunque sí de seducción: ella misma, envuelta en una alfombra. La historia es algo más compleja, pero para el recuerdo ha quedado el regalo de sí misma.

La perla La Peregrina

Peregrina

Y de Cleopatra pasamos a la mujer que le dio vida en la gran pantalla: Elizabeth Taylor. La historia de algunas joyas es tan fascinante (o más) que la de muchas personas. Si la historia de la perla la Peregrina (que incluye reyes, acusaciones de plagio y hasta una mordedura de caniche) impresiona, unirla a una de las historias de amor más tormentosas de Hollywood, la de Liz Taylor y Richard Burton, es un espectáculo asegurado. En resumen: Burton pagó 37.000 dólares en 1969 por el regalo para Elizabeth, una cantidad verdaderamente desproporcionada en la época.

El trono de Inglaterra

Eduardoviii

No es exactamente que Eduardo VIII regalara su trono a su amada, Wallis Simpson, sino más bien todo lo contrario: renunció a él para poder vivir libremente su historia con la norteamericana divorciada que hizo tambalear el trono de Inglaterra durante meses, allá por 1936. Su hermano se convirtió en rey y ellos se dedicaron a vivir una vida de socialité entre las Bahamas, París y los Estados Unidos.

Rosas eternas

Joe Di Maggio

No se puede decir que el matrimonio de la estrella del béisbol Joe DiMaggio y la actriz Marilyn Monroe fuera demasiado exitoso, puesto que se divorciaron a los 9 meses de contraer matrimonio. Pero parece que el amor de él no se extinguió, pues, tras la muerte de ella en 1962 a causa de una sobredosis de barbitúricos, él le envió media docena de rosas rojas a su tumba... todos los días durante décadas.

Una obra sinfónica

Richard Wagner

En la mañana del día de Navidad de 1870, la esposa de Richard Wagner, Cosima, se vio sorprendida por la presencia en las escaleras de su casa de 17 músicos. Tocaron para ella la composición que hoy se conoce como el Idilio de Sigfrido, una pieza compuesta por su marido para ella con ocasión del nacimiento de su hijo. La obra fue inicialmente compuesta para quedar en la intimidad de la pareja, pero las dificultades económicas que atravesó el matrimonio en años posteriores hizo que tuvieran que venderla, lo que provocó un gran disgusto a Cosima.

Una silla a su lado

Mckinley

Ida, la esposa del presidente de los Estados Unidos William McKinley, sufrió durante el mandato de su esposo depresión (a causa de la muerte de sus dos hijas) y ataques epilépticos. Pese a que el protocolo dictaba que ella permaneciera solo en el ámbito privado, el presidente insistió en que siempre se sentara a su lado en las cenas de estado, para ser el quien se encargara de ella en caso de que tuviera un ataque. Incluso en el lecho de muerte de él, tras recibir un disparo en 1901, sus pensamientos fueron para Ida: «Mi mujer... Tened cuidado con cómo se lo decís» fueron sus últimas palabras.

Imágenes | Wikimedia Commons, Pixabay y Gtresonline.

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