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Mi vida poliamorosa: quienes practican el poliamor nos lo explican (y no tiene nada que ver con líos de una noche)
Sexo y Relaciones

Mi vida poliamorosa: quienes practican el poliamor nos lo explican (y no tiene nada que ver con líos de una noche)

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El poliamor se define como la situación sentimental en la que que se tiene «una relación íntima, amorosa, sexual y duradera de manera simultánea con varias personas, con el pleno consentimiento y conocimiento de todos los amores involucrados». Dentro de una definición tan amplia, entran muy diferentes variables de relaciones, lo que crea algo de confusión en quien es ajeno a este modo de vida. Esto, unido al tabú que aún supone hablar de poliamor, hace que nos cueste comprenderlo. Por ello, hemos hablado con tres personas que lo practican (o lo han practicado), para que nos aclaren toda la curiosidad que nos genera.

¿Poliamor o polisexo?

«Poliamor» es un neologismo compuesto por los componentes «poli» (muchos) y «amor». Amor. No sexo. O no solo sexo. Hablamos con Julio (nombre simulado, 38 años), para que nos explique cómo entiende él la diferencia entre ambos conceptos: «Siempre he sido una persona muy abierta en cuanto al sexo. Desde mi época universitaria, he mantenido relaciones sexuales con hombres y con mujeres indistintamente. Pero el poliamor llegó más tarde, cuando ni siquiera sabía que existía o que podía existir como tal, y fue algo completamente diferente. Fue amor. Con dos personas, sí. Pero no tenía nada que ver con hacer un trío. Era muchísimo más».

Poliamor

Olivia (nombre simulado, 28 años) no se considera practicante del poliamor, aunque una de sus experiencias parezca contradecir sus palabras: «No es que reniegue del poliamor, pero, en general, no me gustan las etiquetas. Yo viví una relación de pareja con mis dos compañeras de piso entre los 22 y los 24 años, aproximadamente, a pesar de que ninguna de las tres somos lesbianas y solo una ha tenido antes o después de aquello relaciones con otras mujeres. Quizá esa es, para mí, la mejor prueba de que no es algo que tenga que ver solo con el sexo».

Coincide con ellos Luis (32 años), que vivió una relación de casi cuatro años con su mejor amiga y con otro hombre: «Ella y yo éramos amigos desde niños y siempre había habido algo entre nosotros, aunque nunca habíamos sido una pareja tradicional. Nos habíamos acostado entre nosotros y también con otra gente, en experiencias muy abiertas. Siempre fue amor entre nosotros y sexo con los demás, hasta que conocimos a alguien que lo cambió todo. Ella se enamoró de él, pero no dejó de estarlo de mí, y yo me enamoré en cierta manera también de él. La mejor demostración de que no fue solo sexo quizá sea que entre él y yo nunca hubo una interacción sexual directa».

Vale, lo hemos entendido, pero... ¿cómo se gestiona el día a día?

Aclarada la diferencia entre poliamor y simple promiscuidad, queremos saber más. Cómo surge una relación poliamorosa, cómo se sabe que las otras personas quieren lo mismo que nosotros, cómo se gestiona el compromiso, la fidelidad, el día a día y la opinión del resto del entorno. Dejamos que hablen quienes lo han vivido:

  • ¿Cómo surgió tu relación poliamorosa?

Julio: «Yo me enamoré de mis dos mejores amigos, un chico y una chica, pareja entre ellos. Habíamos sido inseparables desde el instituto y, cuando teníamos 27-28 años, por una serie de circunstancias, me quedé sin piso durante unos meses y ellos me ofrecieron mudarme temporalmente al suyo. Una noche, entre copas, nos propusimos hacer un trío, algo puramente sexual. Ese traslado temporal se convirtió en cuatro años en los que lo compartimos todo. Y esa idea inicial de 'solo sexo', en la relación más seria y en la que más implicado he estado en toda mi vida».

Olivia: «Cuando acabé la carrera, me trasladé a Madrid, a un piso compartido con dos chicas. Enseguida nos hicimos muy muy amigas. Fueron años un poco locos, con muchas salidas nocturnas, experimentación y ganas de probar cosas nuevas. Un par de veces acabamos en la cama y era solo sexo. Dejó de serlo cuando una de mis compañeras empezó a salir con un chico y las otras dos nos sentimos celosas. Lo hablamos, porque estábamos muy perdidas con esos nuevos sentimientos, y ella misma reconoció que también se sentía rara trayéndolo al piso donde vivíamos. No tardaron en dejarlo, y no tardamos nosotras en tener una relación entre las tres, en la que yo no encuentro demasiadas diferencias con las relaciones heterosexuales y exclusivas que tuve después».

Luis: «Como decía antes, mi mejor amiga y yo siempre nos habíamos querido, pero teníamos sexo con otras personas, juntos o por separado. Cuando ella se enamoró de uno de esos compañeros de cama, creí que yo quedaría fuera, pero, una noche, fuimos capaces de confesarnos que a todos nos apetecía estar juntos. Duró algo más de un año y, cuando se acabó, quedé tan destrozado que me di cuenta de que solo podía haber sido amor».

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  • ¿Cómo se gestiona el compromiso y la fidelidad en una relación poliamorosa?

Julio: «Poliamor no significa acostarse con cualquiera o que no existan el compromiso o la fidelidad. Nosotros consideramos desde el primer momento que la clave era hablarlo todo, establecer nuestras normas. En nuestro caso, siempre estuvo claro que ellos dos eran pareja y seguirían siéndolo si lo nuestro se acababa. Ellos no se acostaban con nadie más que entre ellos o conmigo, pero yo sí, aunque, con el paso del tiempo, me fui haciendo más monógamo, si es que esa palabra tiene cabida en este caso».

Olivia: «En nuestro caso, el propio hecho de que la relación empezara porque sentíamos celos si alguna de las tres tenía relaciones con otras personas marcó las normas de la fidelidad. Durante los dos años que duró nuestra relación, que yo sepa, ninguna salió ni tuvo sexo con otras personas».

Luis: «Nosotros sí éramos una pareja en el sentido más tradicional del compromiso y la fidelidad. Ni nos planteábamos estar con otras personas porque nos llenaba lo que teníamos. No buscábamos sexo, ni muchísimo menos amor, más allá de lo nuestro».

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  • ¿Cómo es el día a día de una relación así?

Julio: «Mucho más normal de lo que cualquiera pueda pensar. Vivíamos juntos, trabajábamos, viajábamos... Si salíamos a cenar, éramos tres, en vez de dos. Al irnos a trabajar, les dábamos un beso a dos personas, en vez de a una. Y las tareas domésticas se repartían entre tres, en vez de entre dos. Sé que suena raro desde fuera, pero, para nosotros, como llevábamos toda la vida siendo amigos, era algo completamente natural. Siempre habíamos pasado muchísimo tiempo juntos».

Olivia: «Nosotras fuimos compañeras de piso antes que amigas, y amigas antes que amantes, así que eso facilitó mucho las cosas. Como curiosidad, sí hicimos algunas modificaciones en la casa. Dejamos de tener un cuarto cada una y convertimos uno en el dormitorio, con una cama XXL que siempre compartíamos, otro en el vestidor y otro en un despacho».

Luis: «Los comienzos fueron complicados. Ninguno de los tres convivíamos y decidir hacerlo fue un paso adelante al que nos costó un poco adaptarnos. Ninguno nos hemos criado viendo a dos hombres y una mujer compartir cama, mesa y vida, así que nos costó hacernos a la idea, pero después fue fluyendo hasta que nos convertimos en tres personas implicadísimas en una relación, de la misma manera que puedo estarlo yo ahora con mi pareja normal».

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  • ¿Y el entorno? ¿La familia? ¿Se les cuenta algo así?

Julio: «Nosotros nunca contamos a nuestras familias lo que teníamos, pero tampoco lo desmentimos. Yo me mudé a vivir con una pareja estable durante unas semanas, hasta que solucionara un problema con mi casa, y me quedé cuatro años. Supongo que hubo quien sospechó y quien no se lo podría ni plantear. En cuanto a los amigos, supimos siempre a quién podíamos contárselo y a quién no. Los de mente más abierta nunca nos juzgaron y los que sabíamos que no lo aceptarían, simplemente, nunca lo supieron».

Olivia: «Al vivir juntas ya desde antes, nadie sospechó nunca nada y, por mi parte, yo no lo he contado nunca a mi familia. Solo lo saben algunos amigos muy cercanos, y dudo que nadie más lo sospeche. Supongo que es más fácil siendo chicas. La gente tiende a ser más comprensiva con que tengamos gestos de cariño, con que durmamos juntas o compartamos muchas cosas que en el caso de las amistades masculinas quizá se miraría con suspicacia».

Luis: «Nosotros vivíamos en Londres, así que nuestras familias estaban lejos. De hecho, siempre habíamos compartido piso con varias personas, así que nadie se planteó que entonces lo hiciéramos por otros motivos. De todos modos, nunca nos escondíamos. Yo le daba un beso a ella en la calle igual que se lo daba a él. O ella se despedía de nosotros en el metro dándonos un beso a cada uno. Vivir en una ciudad que no era la de ninguno de los tres facilitó que los tabús nos dieran igual. No creo que la sociedad, en general, esté preparada para esto todavía al cien por cien».

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La ideología por encima de los sentimientos

Quienes reniegan del poliamor y no lo consideran una opción factible acusan en ocasiones a sus defensores de poner la ideología por encima de los sentimientos. Es decir, de creer en el poliamor como forma de relación emocional, poniendo esa creencia por encima de los sentimientos que luego surgen. Julio no está de acuerdo en absoluto: «Es en muchas relaciones monógamas donde se pone la ideología por encima de los sentimientos. Se reprimen las ganas de estar con otras personas por fidelidad a la pareja. No digo que esté mal. Simplemente, no entiendo que se nos acuse a quienes sí hemos vivido un poliamor pleno de reprimir lo que sentíamos. Yo jamás tuve celos de ellos, ni él de verme con ella, ni ella de verme con él, ni nada».

Una cuestión que nos llama la atención al conversar con ellos es el hecho de que, en los tres casos, la relación poliamorosa acabó. ¿Significa esto que las relaciones de este tipo están abocadas al fracaso? En esto, los tres tienen opiniones muy diferentes. Nos hablan de cómo acabó esa relación, cómo se sintieron y qué relación ven entre el fin de su amor y la peculiaridad de sus relaciones.

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Julio: «En nuestro caso, se acabó por circunstancias externas. A él le surgió una oportunidad laboral impresionante en Estados Unidos. Ella decidió seguirlo; yo no. Ninguno creíamos en las relaciones a distancia, así que, aunque nos dolió, supimos que lo mejor era romper. No creo que tuviera nada que ver con que fuéramos tres. Yo tengo un negocio en España y mi vida asentada aquí. Ahora tengo una pareja, y tampoco me iría con ella si se trasladara al otro lado del mundo ni le pediría que se quedara conmigo renunciando a sus aspiraciones. Los visité un par de veces en Estados Unidos y, cuando volvieron a España, eran padres y teníamos vidas muy diferentes. Siguen siendo mis mejores amigos y los tres recordamos aquella época con nostalgia y con mucho buen rollo».

Olivia: «Yo sí tuve la sensación siempre de que era una relación sin futuro. No necesariamente abocada al fracaso, sino, simplemente, a extinguirse. Y fue justo eso lo que ocurrió. Una perdió interés, yo fui detrás y solo una de ellas se aferró a lo que teníamos. Yo empecé a salir pronto con un chico y retomé mis relaciones normales. Hoy en día me hablo con una de ellas, pero de la otra hace años que no sé nada».

«Las relaciones se acaban. Las poliamorosas y las tradicionales. Creo que vivimos lo mismo que cualquier persona que se enamora».

Luis: «No sé si el poliamor está destinado al fracaso, pero el mío acabó mal. Me pasó lo que supongo que más teme una persona en una relación a tres bandas: ser el que sobra en la ecuación. Cuando llevábamos juntos algo más de un año, me dijeron que ya no querían seguir con aquello, que querían estar ellos dos juntos, en exclusiva. Fue la ruptura más dolorosa de mi vida. En una separación normal, sigues queriendo a una persona que deja de quererte. En esta, todo fue doble. Yo seguía queriendo a dos personas, y eran dos personas quienes no me querían. Me alejé de ellos, así que perdí también a mi mejor amiga. Hoy en día, con él no tengo ninguna relación, y con ella nos felicitamos los cumpleaños, las navidades y poco más. Ellos siguen juntos».

Julio hace un último alegato a favor del poliamor: «Las relaciones se acaban. Las poliamorosas y las tradicionales. Yo he tenido muchas relaciones en mi vida, se han acabado y nadie ha pensado que fuera por la naturaleza en sí de la relación. Creo que vivimos lo mismo que cualquier persona que se enamora. Simplemente, el poliamor es más inusual, o menos conocido, aunque ahora se empieza a hablar más de ello, no sé si por una cuestión de moda, de demostrar que somos muy abiertos, o porque siempre se ha hecho y ahora solo se habla más de ello».

Imágenes | Soñadores.

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