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Entrevista a un terapeuta de maltratadores: se resisten a reconocer que tienen un problema e intentan reforzar su victimismo

Entrevista a un terapeuta de maltratadores: se resisten a reconocer que tienen un problema e intentan reforzar su victimismo
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Cuando un hombre tiene una condena firme de violencia de género, pero la pena es inferior a dos años y no hay antecedentes, está sujeto, por lo menos en Cataluña, a hacer un programa de rehabilitación.

Por estos programas pasan todo tipo de hombres, de cualquier rango de edad o estatus social. Después de hablar con un maltratador rehabilitado, hablamos con Santiago Luque, psicólogo de los programas de intervención.

El problema de estas terapias es que hay mucho descarte al inicio. Muchos de los hombres que vienen obligados, mandados por un juez, asisten a las sesiones necesarias y luego no vuelven. Pero el grupo que decide quedarse suele llegar a un porcentaje más alto de éxito, entre el 60% y el 70%, porque existe un mínimo de concienciación de que tienen un problema.

Lleva en la Fundación Agi desde 1999 atendiendo a este perfil de hombres desde entonces: "Soy psicólogo clínico, cuando empecé prácticamente era un campo bastante inexplorado. Había poca información desde la intervención en el hombre, el agresor. Comenzaron a surgir bastantes recursos hacia la mujer, la víctima, pero hacia el hombre no existía prácticamente nada".

Nunca se plantean a ellos mismos como el problema

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Fundación Agi y otra entidad fueron los primeros en Cataluña en trabajar con la problemática desde la vertiente del agresor. Mirando hacia atrás nos cuenta que el panorama ha cambiado mucho desde que se aprobó la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Ahora se habla del problema en los medios de comunicación, no se oculta, cuando antes era algo que se quedaba en casa.

Los hombres que asisten a este tipo de terapias suelen llegar a ella obligados por sus mujeres y/o familiares, o porque tienen una denuncia interpuesta con una condena firme.

Es este último caso el que más conlleva mayor problemática debido a que "muchas veces no tienen conciencia de lo que hacen. Han dominado la relación a base de violencia y cuando la mujer toma las riendas o toma alguna decisión como esta, no entienden nada. Para ellos la relación funcionaba. Si alguna vez fueron conscientes de que no era así, siempre culparon a la mujer. Para ellos, la mujer era quién hacía las cosas mal, que hace lo que no debe". Nunca se plantean a ellos mismos como el problema.

Se sienten expropiados, que otras personas toman la decisión por ellos y no pueden controlar lo que está pasando. Entonces cargan contra el sistema judicial, la sociedad, la mujer, la ponen de bruja. Tienen un alto nivel de resistencia a entender que tienen un problema.

La violencia de género no entiende de edades o clases sociales

Santiago ha podido ver de todo, y nos afirma que no hay ningún tipo de filtro o predominancia de algún perfil de hombre en concreto. Lo que si observa es mayor tendencia a la violencia física en hombres con menos recursos verbales. La gente con más recursos en este aspecto usan estrategias más manipulativas, mucho más sutiles, una violencia más verbal y psicológica.

"Son estrategias más peligrosas, porque la mujer no se da cuenta del proceso, más lento, invisible, difícil de justificar ante la ley. Es como respirar un veneno, no te vas enterando, pero vas cayendo, y la mujer cae en procesos depresivos, de ansiedad y no sabe por qué. Y cuando se da cuenta, para entonces ha creado una indefensión tal que le impide salir de la situación". Y justo para tomar decisiones difíciles, como separarse de la pareja, es necesario estar preparado psicológicamente, y no lo están por eso mismo.

Al inicio de la terapia se realiza un cuestionario a los usuarios para valorar el índice de agresividad que puede haber en la relación, y el objetivo es ir identificando que esos indicadores de violencia han dejado de existir. Al inicio se hacen sesiones más intensivas y posteriormente se van espaciando a medida que se comprueba que lo aprendido se consolida en la persona. Eso se puede comprobar porque el propio usuario te indica si las situaciones de violencia se repiten, o las frecuencias de las broncas.

"La mayoría de los hombres venían aquí a vomitar la tragedia que tenían o la perspectiva victimista que tenían del problema"

Nos explica Santiago que "a veces no todo es tan fácil, hay relaciones de pareja que son complejas de por sí, en las que no hay violencia, pero hay un muy mal entendimiento porque tienen una forma de ver la vida muy diferente. Ahí hay que diferenciar entre violencia y que la relación simplemente no va bien". En ambos casos, Santiago hace un acompañamiento hacia la separación de la relación, lo más consensuada y menos traumática posible, aunque muchas veces ya es la mujer la que da ese paso.

Pero de aquí a 20 años atrás el panorama ha cambiado, a este porcentaje de hombres rehabilitados se ha llegado después de mucho tiempo de trabajo.

"La mayoría de los hombres venían aquí a vomitar la tragedia que tenían o la perspectiva victimista que tenían del problema. Esto ha cambiado mucho, la mayoría de los hombres voluntarios que vienen entienden que algo les sucede. Otra cosa es que sean plenamente conscientes del nivel de responsabilidad que tienen de lo que están haciendo. Y cómo esto afecta a la víctimas".

La educación emocional es la clave

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Como se puede ver constantemente en medios de comunicación y redes sociales, el maltrato no tiene edad. No se queda sólo en matrimonios con hijos, sino en las mismas relaciones adolescentes, y "parte del problema es que hay unos niveles de dependencia muy elevados en las relaciones, incluso en los más jóvenes". La clave para poder evitarlo sería la educación emocional.

"Es muy difícil entender por qué sucede todo esto, y si tuviéramos la clave ya se habrían tomado medidas. Para empezar, la educación emocional sirve para romper muchos mitos sobre las relaciones humanas, las relaciones entre el hombre y la mujer. También hay una parte de responsabilidad por parte de la mujer relacionada con qué es lo que espera de los hombres".

Nos indica que hay una serie de contextos que refuerzan los roles de género como el cine, donde se muestra un estereotipo muy concreto de mujer y lo que esta debe esperar de un hombre, y viceversa con el hombre, y esto se nos interioriza desde la infancia. El papel que juega la violencia en todo esto, cómo el hombre resuelve y triunfa a través de ella, y en el papel de héroe.

"Todo este tipo de películas refuerzan que la violencia es legítima si tú tienes razón. Ante la injusticia, funciona la violencia".

Luego hay muchos factores como la cultura patriarcal en la que crecemos, la pornografía, el factor familiar... Todo eso son factores que influyen en que se creen este tipo de relaciones de dependencia emocional y violencia.

"Seguramente si pudiéramos impartir educación emocional en las escuelas se podría prevenir en parte este problema, y otros como el bullying. Al final no dejan de ser faltas de respeto, y la base es la misma: el poder, el dominio, ejercer la violencia para recibir algún beneficio".

Aunque un psicólogo intuya una situación de violencia, a veces no puede hacer nada

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"Es algo que me he trabajado mucho tiempo, pero a veces ha sido inevitable que a uno se le merme la motivación... Ver que hay casos que no puedes manejar porque no hay forma de que se den cuenta de que tienen un problema", nos cuenta Santiago cuando le preguntamos lo peor de trabajar con personas con problemas de violencia doméstica.

En ocasiones aunque intuyan que hay una situación de violencia, si no hay un delito de sangre o nadie ha actuado, los medios policiales no quieren intervenir, y ahí es cuando los psicólogos se ven atados de pies y manos.

Aunque después de una sentencia acaben en una terapia psicoeducatica, "el número de sesiones es limitado, ellos vienen obligados y enfadados con el sistema, hay mucho trabajo que hacer con ellos y no siempre se consigue".

En las sesiones el discurso se repite: "la mujer hace cosas para fastidiarme a mí", "ella no hace las cosas bien", "tengo que corregirla". Ahí hay que "hacerles ver que todo al final se traduce en una relación de dependencia, y la violencia es una reacción o síntoma de su nivel de la misma, ¿cuántas mujeres que se han separado han muerto en lo que va de año a manos de sus parejas? No soportan vivir sin ella después de establecer ese vínculo de dependencia".

"Intentan incluso boicotear las sesiones, de forma inconsciente, al final lo que quieren es que se les escuche, e intentan reforzar su victimismo. Nuestro trabajo es ir gestionando estas situaciones".

Pero también nos cuenta que es muy satisfactorio ver cuando la terapia da resultados y los usuarios le cuentan sus avances, y ver cómo empiezan a autocuestionarse y replantearse cómo han estado viviendo.

La conclusión de Santiago es que el hombre más que cambiar para su mujer, debe cambiar para ellos mismos, pues la primera víctima de la violencia es uno mismo. "Hay una víctima real, pero el propio agresor también es una víctima de sus creencias", nos aclara.

"Él no ha elegido la educación que se le ha trasmitido. Cuando surge un confrontamiento con otra persona, el primero que sufre es uno mismo. La diferencia es que es un sufrimiento que dura poco. Luego el de la víctima real que dura más, se cronifica, y deja unas consecuencias devastadoras".

Fotos | Pixabay

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