
¿Tendrá algo que ver que Kylie Minogue sea novia de Andrés Velencoso con que aparezca en la portada de febrero 2010 de Vogue España? Seguramente bastante. Pero en este mundo como en todos, la mayoría de cosas funciona así. Cuando estás en un sitio u otro nunca es por casualidad. Siempre es por “conexión con”. No digo que la pequeña australiana no hubiera aceptado posar para la edición española de Vogue en otras circunstancias, sería absurdo pensar eso, pero estoy segura de que su agenda habría estado mucho más apretada.
De todos modos, y por primera vez en bastante tiempo, me gusta la portada de la revista. Porque nos muestra a una Kylie sensual pero real, cercana y cerca del prototipo de mujer real. Una mujer que no mide 1’80 ni tiene 20 años como la mayoría de clónicas modelos. Una mujer menuda, sí, delgada, aunque con curvas allí donde toca y un especial gusto por marcarlas mientras muchas juegan a esconderlas. Y por qué no, una mujer que ha pasado por quirófano para mejorar, ¿pero acaso hay algo más real hoy en día que someterse al bisturí a partir de una cierta edad? En el mundillo del show business hay que renovarse (literalmente) o morir. Y eso es lo que hay. Pero sobre todo, una mujer susceptible al mismo mal que las demás: la enfermedad.
Algo de lo que nos olvidamos bastante a menudo cuando se trata de famosas. A las que habitualmente colocamos en el pedestal de la inmunidad ante lo malo.






