
Boris Cyrulnik es uno de los grandes expertos en resiliencia , y gran parte de su pensamiento nace de una experiencia personal marcada por situaciones extremas
Cumplir años no elimina las inquietudes, simplemente las transforma. Hay preocupaciones que pierden fuerza y otras que empiezan a ocupar más espacio. Lo laboral deja de estar siempre en el centro y aparecen cuestiones relacionadas con la salud, la energía o la memoria. También cambia la forma de interpretar lo que pasa alrededor. A cierta edad, muchas cosas se miran con otra distancia y otra perspectiva. No necesariamente mejor ni peor, solo distinta. Incluso Brad Pitt ha reconocido que es más consciente del tiempo y de todas las experiencias que he vivido, tanto buenas como malas.
Por eso tienen interés las reflexiones del neurólogo y psiquiatra francés Boris Cyrulnik. Este experto lleva décadas estudiando cómo las personas afrontan el dolor, las pérdidas y los golpes de la vida. Y no lo hace únicamente desde la teoría: buena parte de su pensamiento nace también de una experiencia personal marcada por situaciones extremas.
En su libro Envejecer con resiliencia, explica que muchas experiencias difíciles del pasado vuelven a aparecer con el paso del tiempo, aunque pueden afrontarse de otra manera cuando existen vínculos sólidos alrededor. El apoyo de la familia, los amigos o el entorno cercano ayuda a convertir esas vivencias en una fuente de aprendizaje y estabilidad. Para Cyrulnik, la resiliencia no consiste en olvidar el daño sufrido, sino en darle un sentido dentro de la propia historia personal.
Envejecer con resiliencia. Cuando la vejez llega: 100628 (Psicología / Resiliencia)
Quién es Boris Cyrulnik y por qué importa lo que dice
Para quien no lo conozca: Cyrulnik es el gran divulgador del concepto de resiliencia tal como lo entendemos hoy. Su historia personal explica buena parte de su interés por el tema. De niño perdió a sus padres en la Segunda Guerra Mundial y escapó de una redada escondiéndose, cuando una deportación casi segura lo esperaba.
De ahí que cuando habla de recuperarse de los golpes, no lo hace desde la teoría. "La resiliencia es iniciar un nuevo desarrollo después de un trauma", explicaba. No se trata de borrar el dolor ni de aparentar una fortaleza que no existe. Lo que Cyrulnik propone es que una persona puede quedar herida y, aun así, encontrar la manera de reorganizar su vida si cuenta con apoyos: vínculos afectivos, palabras que sostienen, entornos donde sea posible volver a arrancar.
A partir de los sesenta, la resiliencia se vive de otro modo
A partir de los sesenta años, esa capacidad de adaptación se vive con una perspectiva distinta. Especialmente, si seguimos una serie de hábitos que refuerzan la resiliencia. Cyrulnik advertía que a veces hacen falta cuarenta, cincuenta o sesenta años antes de que volvamos a ver ese junco torcido del todo enderezado. No son plazos matemáticos. Son los que cada uno necesita.
Lo que sí cambia con la edad es el peso de las cosas. El cuerpo baja el ritmo. La memoria gana protagonismo. Y esos objetivos que durante décadas lo ocuparon todo —el trabajo, la agenda, el estatus— empiezan a verse desde una distancia diferente. El ejecutivo con la agenda repleta que de pronto puede resultarle absurda. El profesor que ya no quiere vivir únicamente para ser útil. Los retos son otros. Los dramas también, aunque las herramientas para afrontarlos no hayan cambiado tanto.
"Las certezas que nos han sostenido toda la vida empiezan a resquebrajarse", advertía Cyrulnik sobre esta etapa, según recoge Cuerpo y Mente. Las ideas de acumular, de aferrarse, van dejando paso a otro tipo de necesidades. Ese coche robado que hace veinte años fue el gran drama quizá ahora ya no lo sería, porque con el tiempo descubrimos que lo importante no estaba ahí.
"Muchos ya han perdido seres queridos, ilusiones, a veces un estatus social, y sin embargo siguen adelante con una fuerza interior asombrosa", exponía en sus reflexiones. La diferencia con quienes se hunden en esta etapa es, de nuevo, haber aprendido a vivir con las propias heridas sin ocultarlas del todo.
Y su conclusión sobre los sesenta es directa: "A los sesenta, ya no podemos engañarnos. El cuerpo, la memoria y las emociones hablan juntos sin vacilación". Quienes han tapado sus heridas a base de trabajo urgente, éxito o poder se quedarán sin recursos cuando llegue la jubilación
Fotografías | Google Play, Freepik
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