Alexis Colvin, cirujana ortopédica: "Hay algo que podemos llamar el 'aceite del motor' para nuestras rodillas, que es el fluido sinovial. Y el ejercicio estimula su producción"

Una vida activa no solo activa la producción de este fluido, también ayuda a reducir la rigidez y la inflamación y a lubricar la superficie del cartílago

Nacho Viñau

Editor

Las rodillas son de esas articulaciones a las que apenas prestamos atención… hasta que empiezan a doler. Y cuando lo hacen, a menudo ya superados los 50, la prevención llega tarde. Durante años han soportado nuestro peso, nuestros ritmos y también nuestros excesos sin que nos detuviéramos a pensar en ellas.

Las utilizamos para todo: subir escaleras, caminar a diario, levantarnos del sofá o correr para no perder el autobús. Sin embargo, rara vez les dedicamos los cuidados que merecen. Y eso sin contar las veces que las hemos castigado con ejercicios de alto impacto o con movimientos repetitivos que, con el tiempo, terminan pasándoles factura.

A partir de los 50, esa falta de cuidado empieza a pasarnos factura. Rigidez matutina, molestias cuando cambia el tiempo, problemas al levantarnos del sofá.  Y por eso, cuidar estas articulaciones es clave para garantizar una buena movilidad y mantener la autonomía a la hora de evitar caídas que pueden acabar en roturas de cadera.

El 'aceite' que mantiene tus rodillas funcionando

Alexis Colvin es profesora de cirugía ortopédica en la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí, en Nueva York, es una experta en salud articular. En declaraciones recogidas por la BBC, Colvin utiliza una metáfora que lo explica todo con una claridad aplastante: "Hay algo que podemos llamar el 'aceite del motor' para nuestras rodillas, que es el fluido sinovial. Y el ejercicio estimula su producción, lo que ayuda a reducir la rigidez y la inflamación. También ayuda a lubricar la superficie del cartílago".

Pero, ¿Qué es exactamente ese fluido? Se trata de un líquido transparente y viscoso (de consistencia parecida a la clara de huevo) que recubre el interior de las articulaciones. Su función es la de lubricante natural: recubre los extremos de los huesos, reduce la fricción y amortigua el impacto del movimiento diario. Sin él, las articulaciones simplemente se desgastan más rápido. Pero lo que muchos no saben es que el cuerpo produce más o menos fluido sinovial en función de cuánto nos movemos. El sedentarismo, en ese sentido, no solo nos debilita muscularmente: también nos seca las rodillas por dentro.

Colvin va más allá en su explicación: ese fluido no se limita a lubricar. También alimenta el cartílago que protege la articulación y contribuye a reducir los procesos inflamatorios. Dicho de otra forma, moverse con regularidad no es solo cuestión de tonificación o de quemar calorías. Es, también, una forma de mantener engrasada la maquinaria que nos sostiene.

Los movimiento cotidianos son claves para mejorar el movimiento de las rodillas

Uno de los puntos más relevantes de las recomendaciones de esta cirujana es el momento en que conviene empezar a prestar atención a las rodillas.  "Invertir unos minutos semanales en fortalecerlas puede marcar la diferencia para preservar la salud articular a largo plazo", señala Colvin, que sitúa el inicio ideal de estas rutinas en la treintena, que es precisamente cuando la masa muscular y ósea comienzan su lento declive. 

No hace falta, eso sí, convertirse en atleta de élite ni apuntarse a un programa de entrenamiento brutal. Además de realizar sencillos ejercicios, la propia experta señala que gestos cotidianos, como levantarse de una silla sin apoyarse en los brazos o subir un tramo de escaleras a propósito, ya representan un trabajo útil para las articulaciones. El cuerpo agradece el movimiento en cualquiera de sus formas.

Los músculos que rodean la rodilla son tan importantes como la rodilla misma

Hay otro factor que Colvin y otros especialistas destacan con insistencia: la salud de las rodillas no depende solo de lo que pasa dentro de la articulación, sino también de la musculatura que la rodea. Cuádriceps, glúteos, isquiotibiales y pantorrillas forman una especie de red de protección. Cuando estos músculos están fuertes y bien coordinados, la articulación soporta menos presión y el riesgo de lesiones se reduce considerablemente.

Esto tiene una implicación práctica muy concreta: ejercicios de bajo impacto como las sentadillas con la espalda apoyada en la pared, las elevaciones de pierna en posición tumbada o simplemente subir escalones de forma controlada son más valiosos para las rodillas de lo que parecen. No solo trabajan los músculos, sino que también favorecen una mayor densidad ósea y mejoran el equilibrio, algo que se vuelve cada vez más importante conforme cumplimos años.

Fotografías | Alexis Colvin, Freepik

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