Abel Marín, abogado de Herencias: "El error más común al hacer un testamento es ir a la notaría para firmar una plantilla estándar que no entiende"

Abel Marín

Repartir una herencia parece sencillo sobre el papel, pero en la práctica es donde salen a la luz rencores que llevaban años dormidos

Nacho Viñau

Editor

Otorgar testamento es uno de los pasos más importantes para planificar una herencia. A la hora de hacer testamento, no solo sirve para dejar por escrito la voluntad sobre el reparto de los bienes, sino que también ayuda a facilitar los trámites a los herederos, reduce la incertidumbre y, en muchos casos, evita disputas familiares que pueden prolongarse durante años y deteriorar las relaciones entre los miembros de una misma familia.

Aun así, firmar un testamento no garantiza por sí solo que la sucesión vaya a desarrollarse sin complicaciones. Los abogados especializados en derecho sucesorio recuerdan que no basta con acudir a la notaría y dejar un documento estándar si este no refleja con precisión las circunstancias personales y patrimoniales de quien lo otorga. Un testamento excesivamente genérico, con disposiciones poco concretas o que no contemple determinadas situaciones familiares, puede acabar generando interpretaciones distintas entre los herederos, retrasar el reparto de la herencia e incluso desembocar en procedimientos judiciales que podrían haberse evitado con una mejor planificación.

De hecho, el reparto del patrimonio familiar es uno de los principales detonantes de rupturas entre hermanos, incluso entre quienes llevaban toda la vida llevándose bien. Basta un piso mal repartido, una plantilla de testamento firmada sin leer del todo o una viuda que se cree con más derechos de los que realmente tiene para que una familia entera acabe en los juzgados.

De todo esto sabe, y mucho, Abel Marín Riaguas (Valencia, 1972), abogado especializado en sucesiones y autor de "Protege tu herencia". En una entrevista en La Voz de Galicia, Marín repasa los errores más habituales a la hora de hacer testamento y explica por qué, según su experiencia, casi ningún conflicto hereditario tiene que ver realmente con el dinero.

PROTEGE TU HERENCIA: Guía práctica para evitar errores y solucionar los problemas más comunes en Herencias y Testamentos

Cuando el dinero saca lo peor (o lo mejor) de una familia

Marín lo tiene claro: gran parte de los problemas se originan mucho antes del fallecimiento, en el momento de firmar el testamento. "Ir al notario para firmar la plantilla de un testamento que no entiende", responde sin dudar cuando le preguntan por el fallo más habitual. Y va más allá: para él, todas las herencias son, en el fondo, inmerecidas. "Legales, pero inmerecidas. Son un regalo. Y deberíamos mirarlas desde la óptica del agradecimiento y no como si fuera un derecho", explica.

El piso que vale el doble y el hermano que no está de acuerdo

El problema, señala, empieza en cuanto entran en juego varias personas con intereses distintos. "Lo más habitual es que la herencia se comparta con hermanos y con la viuda o viudo", apunta el abogado, que recuerda que ese reparto exige un acuerdo entre todas las partes, algo nada sencillo cuando el grueso del patrimonio en España es inmobiliario y su valor no siempre está claro para todos por igual.

Pone un ejemplo que reconocerán muchas familias: dos hermanos heredan dos pisos de sus padres, uno vale medio millón de euros y el otro 200.000. A priori parece un reparto justo, un piso para cada uno. Pero, como dice Marín, "al que le toca el de 200.000, dirá que no está de acuerdo, porque no valen lo mismo". Y ahí es donde se enreda todo lo demás: "detrás de esto, cada hijo tiene sus cónyuges... hay yernos, nueras... hay celos también entre hermanos, envidias desde pequeños". 

De hecho, dejar un piso en herencia entre varios hermanos es, para el abogado, uno de los focos de conflicto más frecuentes, salvo que todos tengan clarísimo que lo van a vender y repartir el dinero. Basta con que uno de ellos atraviese un divorcio y necesite quedarse a vivir ahí "temporalmente" para que, diez años después, el problema siga sin resolverse.

La figura que casi nadie conoce (y que evita muchos líos)

Para estos casos, Marín recomienda una herramienta que apenas se usa: el legado. Consiste en asignar un bien concreto a un heredero concreto, con la obligación de compensar económicamente a los demás si es necesario. Volviendo al ejemplo de los dos pisos, se podría legar la vivienda de 200.000 euros a un hijo y la de medio millón al otro, con la obligación de este último de pagar la diferencia a su hermano. El heredero, eso sí, siempre puede renunciar, porque el legado es, al final, un regalo voluntario.

También se pueden incluir condiciones en el testamento pensadas para evitar que un hijo se instale en la vivienda familiar y complique la convivencia con el resto, sin necesidad de llegar a desheredarlo. Eso sí, siempre respetando la legítima que marca la ley.

El gran perjudicado si no hay testamento

Otro de los mitos que el abogado se encarga de desmontar es el del cónyuge viudo que, según cree mucha gente, se queda con todo mientras viva si no hay testamento de por medio. "Hay una falsa creencia de que el viudo disfruta de todo mientras viva y no es así", advierte. Sin testamento, los hijos heredan a partes iguales y al viudo o viuda le corresponde solo el usufructo de un tercio, mucho menos de lo que la mayoría imagina. Por eso insiste en que, si de verdad se quiere proteger a la pareja, hay que dejarlo por escrito.

Sobre cuándo hacer testamento, la respuesta del abogado es sencilla: en el momento en que haya algo que dejar. Y no una sola vez. Marín recomienda revisarlo cada vez que cambian las circunstancias vitales, ya sea un divorcio, una nueva pareja o el nacimiento de un nieto con alguna necesidad especial. Al final, como resume él mismo, el testamento no es un trámite burocrático de última hora, sino la única forma de asegurarse de que las cosas se hagan como uno quiere y no como acaben decidiendo, a las bravas, quienes se queden.

Fotografías | Amazon, DC Studio, DC Studio

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