La moda española todavía no había tenido a su Coco Chanel o a su Elsa Schiaparelli, pero eso podría estar a punto de cambiar
La historia de la moda española ha girado tradicionalmente en torno a nombres masculinos elevados a categoría de mito. Que si Cristóbal Balenciaga, que si Amancio Ortega... No solo es que no hayamos tenido a nuestra Coco Chanel patria o a una Elsa Schiaparelli propia, sino que el relato también se ha contado desde una idea de éxito vinculada casi exclusivamente al volumen, la expansión y la herencia. Sin embargo, mientras que ese imaginario sigue ocupando titulares e incluso siendo todavía el marco de referencia, la realidad creativa va ya por otro lado.
Hoy, la vanguardia de la moda española no la define ni los nombres que más facturan ni quienes ocupan puestos en las listas Forbes o quienes heredan imperios ya bien posicionados (ejem, Marta Ortega). Lo hace una nueva generación de mujeres diseñadoras y emprendedoras que están redefiniendo la marca España desde dentro hacia fuera.
Hay un dato que ayuda a entender este cambio de paradigma de forma bastante clara. Según un informe de la Asociación Creadores de Moda de España, el diseño de autor español superó por primera vez en 2024 los 1.000 millones de euros en facturación, confirmando que la moda emergente nacional ya no es una escena periférica ni un subproducto local, sino una industria con proyección internacional y valores propios.
Y es que, además, buena parte de esa producción responde a criterios de sostenibilidad y proximidad: cerca del 70% se fabrica en la cuenca euromediterránea y el uso de fibras recicladas empieza a funcionar más como norma que como excepción. Esto es representativo porque el éxito de esta nueva generación también reside en entender la moda como algo más que mercancía y en no perseguir el crecimiento a cualquier precio. Aun así, y aunque no siempre desfilen en los circuitos tradicionales, se las han apañado para marcar la estética y la conversación a través de firmas independientes con universos reconocibles sin necesidad de logotipos, pero con un discurso que conecta con una comunidad que no solo compra, sino que se identifica.
Paloma Wool
Aunque Paloma Lanna es hija de Paloma Santaolalla y Miguel Lanna, fundadores de Nice Things y Globe (o lo que es lo mismo: nacida en el seno de una familia dedicada a la industria textil), ella se ha hecho un hueco en la escena con su propia marca tras licenciarse en Derecho y Negocios. Paloma Wool nació en 2014 en Barcelona como un proyecto profundamente personal, más cercano a un universo creativo que a una empresa de moda al uso.
Su modelo de negocio tampoco se basa en tendencias rápidas ni en producción masiva, sino en una estética reconocible, casi íntima. Hay algo en sus prendas que trasciende la tendencia inmediata y se instala en el imaginario cultural a largo plazo. Paloma Wool no vende solo prendas, vende una manera de estar en el mundo. Lo más curioso es que ha logrado crecer, manteniendo esa lógica intacta, hasta tener presencia física en tres ciudades como son Nueva York, Barcelona y Londres.
Además, se ha convertido en un nombre habitual de la Semana de la Moda de París. Mientras que celebrities como Kendall Jenner, Bella Hadid, Rosalía o Kaia Gerber han lucido las prendas de Paloma Wool en más de una ocasión (sin campañas de por medio) llevando a la marca española a convertirse en sinónimo de moda en Hollywood.
Lagaam
Detrás de esta forma española está Inés Arroyo, y su caso demuestra cómo lo digital, cuando se sabe usar con inteligencia, puede ser una herramienta de construcción de marca y no solo de venta. Y es que ella, antes de fundar Lagaam junto a su hermano, fue una de las primeras influencers en despuntar en redes sociales.
Su producción se define por ser ética y localizada en su totalidad en Cataluña, siendo este uno de los principales valores de la firma. Además, toda la filosofía y esencia de marca gira en torno a la mujer.
Aunque, probablemente, lo más innovador del proyecto sea el concepto de su tienda basado en las guide store, siendo el suyo uno de los primeros comercios nacionales en apostar por dicho modelo, basado en tiendas que trabajan sin stock y que son un híbrido entre el local físico y el digital.
El resultado es una marca rentable, reconocible y con una comunidad extremadamente fiel, que valida que otro modelo de crecimiento (más directo, más ágil y menos jerárquico) no solo es posible, sino eficaz.
La Manso
Adriana Manso convirtió La Manso en un fenómeno global desde Barcelona, solo con una premisa aparentemente sencilla: joyas de resina coloristas, irreverentes y alejadas del lujo tradicional. Aunque detrás de esa estética pop hay una comprensión muy afinada del presente.
La Manso triunfa porque ha rechazado la solemnidad histórica de la joyería y ha propuesto una relación más libre, lúdica y expresiva con los accesorios. Su éxito internacional (especialmente entre el público joven) se apoya en una identidad visual potentísima, colaboraciones estratégicas y una narrativa que celebra lo imperfecto y lo personal.
No aspira a gustar a todo el mundo, y precisamente por eso funciona. Sus joyas han llegado a las manos de Madonna, Dua Lipa, Lily-Rose Depp o Bella Hadid, entre otras.
Gimaguas
Fundada en 2018 por las gemelas Claudia Durany y Sayana Durany, Gimaguas ha sido descrita por el medio especializado 'The Business of Fashion' como uno de los artífices de la nueva influencia mundial de la moda española. Es uno de los ejemplos más afinados de cómo dos mujeres menores de 30 años han sabido capturar el espíritu de una generación sin pasar por los códigos clásicos de la moda.
Su propuesta parte de una estética relajada y aparentemente sencilla, pero muy pensada: prendas que dialogan con el mundo, el cuerpo real y una idea de feminidad libre de artificios que ha convencido desde Rosalía o Lily-Rose Depp, pasando por Kylie Jenner, Hailey Bieber o Addison Rae.
El éxito de Gimaguas no está en la espectacularidad, sino en la coherencia de su universo y en su capacidad para construir identidad sin sobreexplicarse. Creció desde Barcelona hacia el mundo exterior apoyándose en comunidad, redes sociales y un imaginario visual reconocible al instante, demostrando que hoy el deseo se genera más desde la autenticidad y la conexión cultural que desde las grandes pasarelas.
Foto de portada | La Manso, Paloma Wool y Gimaguas
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