“Vestir a las mujeres no es una profesión de hombres”, zanjó Coco Chanel. Con esta frase resumía su postura la dama de la alta costura, la cabecilla de una generación de mujeres que, en el periodo de entreguerras —como sucedió en tantos otros sectores—, despuntó y cosió las entretelas de una industria, la moda, que sería capital en los siglos XX y XXI.
Si bien es cierto que la llamada alta costura comenzó a concebirse como tal en la primera mitad del siglo XIX, fue en las décadas de los años 40 y 50 cuando firmó su mejor época. Sin desmerecer el trabajo y el legado de hombres como Cristóbal Balenciaga o Christian Dior, hoy miramos a esas mujeres pioneras que lograron revolucionar la silueta de la mujer en la moda. La Alta Costura fue el origen de esta revolución que acabó derivando en nuestro presente.