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Tardaron en hacer su aparición y lo hicieron por separado. Tras el goteo de celebridades y autoridades, casi todos actores del ámbito catalán, diseñadoras (Purificación García y Rosa Clarà), cómicos (El Tricicle) y la madre del artista, Pilar Bardem que llegaba sola, y suponemos, vestida por el Corte Inglés, se bajaba del coche un estupendo, y repito estupendo, Javier Bardem, impresionantemente guapo con un traje en color oscuro y camisa blanca.
Haciéndo un esfuerzo por mostrarse afable y cercano, se notaba que lo hacía forzado, pero y que más da, Bardem se entregó al poco público congregado en el Auditorio de Barcelona, y posó , firmó, tocó y besó, a más de dos y más de tres. Y la cosa no era para menos, porque es espectacularmente atractivo, doy fe absoluta de ello.
Tras diez largos minutos llegaba él, Woody Allen, el despistado director de la película acompañado por su discreta y menuda mujer, Soon Yi, y esperó a pie de alfombra roja con cara de vivir en otro planeta, a su nueva musa por excelencia: Penélope Cruz, que segundos después, se bajaba del coche que patrocinaba el evento enfundada en un vestido color negro firmado por Dolce & Gabbana, muy parecido al que llevaba su hermana en la fiesta de Vanity Fair en Sevilla.
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