
El filósofo italiano explica a través de la política, como la trampa de la bondad ingenua hace que otros se aprovechen de que somos buenas personas
¿Es la bondad una virtud que castiga el entorno laboral? Hace ya tiempo que reflexionamos sobre amabilidad y maldad en un mundo en el que la productividad, el capitalismo y las cifras parecen ser lo único que importa. Y el filósofo italiano Nicolás Maquiavelo tiene su propia opinión al respecto que podría resumirse perfectamente en su cita “hay que ser zorro para conocer las trampas, y león para hacer huir a los lobos”.
Aunque Maquiavelo la escribió pensando en príncipes y repúblicas, podemos aplicarla sin problemas a un entorno tan competitivo como es el del trabajo. Se recoge dentro de su obra ‘El Príncipe’, concretamente en el capítulo XVIII que el filósofo natural de Florencia dedicaba a explicar cómo un gobernante debería mantener sus promesas. En este capítulo explica que existen dos formas de combatir: una a través de las leyes (la forma propia de los hombres) y otra a través de la fuerza (algo propia de las bestias). El problema como líderes es que a veces las leyes no son suficientes y por eso es necesario saber usar la naturaleza de la bestia, momento en el que entra la figura del zorro y la del león.
El león de Maquiavelo representa la fuerza para “asustar” a los enemigos directos, pero es incapaz de protegerse de los engaños sutiles. El zorro representa la astucia y la agudeza mental necesarias para identificar y evitar las trampas y engaños más sutiles. Según Maquiavelo, un líder no puede apoyarse únicamente en la fuerza del león ni en la astucia del zorro y necesita las dos cualidades a la vez.
Esto no significa que tengamos que ser crueles. En absoluto. Aunque Maquiavelo también dijera que “es mejor ser temido que amado, si no se puede ser ambas cosas”, que durante años se convirtió casi en una guía para el liderazgo duro, la verdadera interpretación de que “hay que ser zorro para conocer las trampas, y león para hacer huir a los lobos” se centra en que la ingenuidad no es una virtud sino una vulnerabilidad en el entorno laboral.
Cuando falta el zorro: la trampa de la bondad ingenua
El problema no es ser buena persona. Ser buena gente jamás puede ser el problema en la vida y en el trabajo tampoco. El problema es ser tan ingenua que no puedas ver las trampas a tu alrededor. No te falta bondad, te falta zorro. Por ejemplo, cuando aceptas más tareas sin poner límites para evitar el conflicto. Cuando no negocias tu sueldo por no parecer ambiciosa. Cuando dices que sí a un favor tras otro sin preguntarte quién se está beneficiando de su disponibilidad.
Maquiavelo diría que existe una falta de capacidad de leer la dinámica de poder que está ocurriendo porque esa bondad tuya se convierte en un recurso que otros explotan. Puedes ayudar y ser buena persona sin dejar que otros se aprovechen, pero para eso necesitas la astucia del zorro que te permita ver que estás entrando en una trampa.
Cuando te falta el león: el miedo a imponerse
Una vez localizas la trampa como un zorro, necesitas la fuerza del león para enfrentarte a ella y su firmeza para decir "esto no" sin disculparte por hacerlo. El problema está en que durante años se nos ha enseñado de forma más o menos explícita y especialmente a las mujeres, que la amabilidad y la sumisión son términos intercambiables, que poner un límite es ser una persona difícil y que reclamar lo propio es no jugar en equipo.
Para mantenernos firmes es indispensable según Maquiavelo “aprender a no ser bueno, y a practicarlo o no de acuerdo con la necesidad”. No se trata de ser malo ni cruel, sino de adaptarse a las circunstancias, observar lo que te rodea y actuar en consecuencia. Según Maquiavelo, si los demás no van a jugar limpio contigo, ser la única persona moralmente ingenua y rígida te convierte en presa fácil. Pero eso ya es otro tema. porque hay quienes pensamos que es mejor mantenerse fiel a los principios que dejarse arrastrar por la maldad de otros.
La filósofa Hannah Arendt apuntaba en sus reflexiones sobre este texto en ‘La condición humana’ que Maquiavelo captó la cualidad destructiva de la bondad cuando esta se traslada de manera ingenua a la esfera de la acción competitiva. Por eso en un entorno demasiado egoísta en el que cada uno actúa siguiendo sus propios intereses, como en algunos ambientes laborales, la astucia del zorro y la fuerza del león son las herramientas necesarias para sobrevivir.
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