
Caminar por la playa es una actividad física estupenda para cualquier edad
Cuando caminamos habitualmente, y no hace falta que sean esos 10.000 pasos al día que se ha creído siempre, estamos haciendo una actividad física que no solo es buena para nuestro corazón, sino que nos ayuda a tener un envejecimiento activo. Lo bueno es que en verano, es un hábito que podemos seguir haciendo aunque no nos llevemos las zapatillas para andar a las vacaciones. Caminar por la orilla de la playa es algo que recomiendan entrenadores y médicos y que podemos hacer en cualquier edad, solo hay que tener ciertas precauciones.
Según explicaba el entrenador Javier Verdugo en Instyle, hay que elegir "arena mojada y durita, siempre”. El motivo es la inestabilidad del terreno, que en la arena seca es mucho mayor. “Imagina que la arena mojada es como un buen colchón que te sujeta el pie, mientras que la arena seca es una trampa que te atrapa", explicaba, lo cual es especialmente importante a medida que cumplimos años.
Caminar sobre arena gasta más energía que caminar sobre una superficie dura como puede ser la acera, y a nivel biomecánico, la arena blanda es más exigente que la arena húmeda, más firme. “Lo ideal para la gente mayor de 60 años o que tengan alguna lesión de espalda, es que caminen por la parte mojada cerca de la orilla que es la más compacta y que conlleva un esfuerzo menor y además realizarlo por la parte menos inclinada”, explicaba el traumatólogo Jose Nebot.
Para Verdugo hay una señal que puede dar la voz de alarma a partir de los 60 de que el esfuerzo caminando en la playa es demasiado, aunque la edad por sí sola no determina nada y tiene más que ver con nuestro estado físico previo. Según el entrenador, las “piernas de plastilina”, es decir “sentir que de repente la rodilla o el tobillo se te van de lado o 'flaquean'. Es la señal de que los cables del cerebro se han cansado y ya no sujetan los músculos", asegura. Esta sensación de pérdida de control, se produce porque el sistema nervioso y muscular están fatigados y disminuye la capacidad de estabilizar la articulación.
Al fatigarnos, se empeora la calidad de la marcha y aumenta el riesgo de compensaciones, por lo que "andar como un pingüino" o "mirarse los cordones", dos gestos más que apunta el entrenador, aparecen cuando comienza el cansancio. Cuando ocurra, lo mejor es parar a descansar porque aquí no se trata de llegar al límite, sino de hacer una actividad física agradable con "paseos muy conscientes de 20 a 30 minutos. Aquí buscamos pisar de forma bonita y perfecta, no llegar lejos", asegura Verdugo.
Insistimos en esto: no depende de la edad. Hay personas con 70 años que están mucho más en forma que personas de 40 años, como la entrenadora Liz Hilliard, de 72 años. Lo que hay que tener en cuenta es que la actividad física siempre debe adaptarse a nuestro estado físico y a nuestras lesiones previas, tengamos la edad que tengamos.
Fotos | Kampus Production en Pexels
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