Mucha gente quiere ganar al discutir mientras otras buscan aprender. Las más inteligentes emocionalmente están en el segundo grupo

Esto no va de salirse con la suya, sino de buscar puntos en común y solucionar los problemas

Anabel Palomares

Editor

Las personas con más inteligencia emocional no tienen la mentalidad de que discutir es algo malo. María Esclapez lo explicaba a la perfección en su libro ‘Me quiero, te quiero’: “discutir no es malo ni es indicador de que la relación va mal, ayuda a negociar y aclarar las cosas”. Sin embargo, no sabemos discutir. Al menos no la mayoría. Navegar por un conflicto se nos antoja algo terrible, pero puede ser muy productivo si escapamos del mal hábito de ganar.

Cuando queremos ganar en una discusión, y como explicaban los psicólogos John y Julie Gottman, creadores del Instituto Gottman y expertos en relaciones de pareja, estamos dando a entender que alguien tiene que perder. “¿Qué hacen, en cambio, los maestros? Pelean para entender”, aseguraban en una charla TED. Al abordar un conflicto, la mayoría de las personas buscan salirse con la suya, mientras que otras buscan puntos en común. Las más inteligentes emocionalmente están en el segundo grupo.

La discusión como oportunidad de aprendizaje

“El conflicto ofrece la posibilidad de fortalecer la conexión y, de hecho, construir una relación”, explicaban Robert Bordone, mediador formado en Harvard, y Joel Salinas, neurólogo conductual y científico de la Facultad de Medicina de Harvard. En su libro ‘Conflict Resilience’, hablan de que es posible (y recomendable) crecer a partir del conflicto, siempre que rompamos los malos hábitos que sabotean nuestras relaciones. El primero de ellos es querer ganar.

Una discusión no es una oportunidad para ganar o intentar hacer quedar mal a la otra persona haciendo ver que se equivoca. Es una oportunidad para aprender, de entender y ser entendido. Juan Muñoz asegura en su libro 'Discutir es sano (si sabes cómo)' que cuando transformamos una confrontación destructiva en una herramienta constructiva, las relaciones se ven fortalecidas. Nos sentimos escuchados, comprendidos y apoyados aunque no estemos de acuerdo. Es importante "escuchar con la intención de entender, no con la intención de responder", explica Muñoz, y nos recuerda que “tu verdad no es la única verdad, es solo tu perspectiva".

Para superar las diferencias que surgen en una conversación, es necesario intentar comprender a la otra persona, haciendo preguntas para conseguirlo. En el proceso en el que intentamos entender a la otra persona ambos nos sentiremos más respetados. De hecho, si empiezas una discusión intentando ganar, ya has perdido porque el objetivo debe ser avanzar y encontrar un punto en común. Para Bordone y Salinas, es ahí donde surge lo que ellos llaman “resiliencia ante los conflictos”, es decir, la capacidad de aceptar los desacuerdos y crecer a partir de ellos.

Trata de escuchar a tu pareja, en lugar de persuadirla y buscar una victoria que a la larga te sabrá a derrota.

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