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¿El futuro de la moda corre peligro? Así es el panorama que tienen los nuevos diseñadores
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¿El futuro de la moda corre peligro? Así es el panorama que tienen los nuevos diseñadores

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Hasta los más grandes empezaron desde abajo. Los grandes nombres de la moda también tuvieron sus orígenes más o menos modestos, hasta que llegó su momento de gloria. Pero, ¿cómo es ese inicio del camino que tiene que recorrer un joven diseñador hasta hacerse con un nombre? ¿Es fácil lanzarse a la aventura de tener tu propia marca? ¿Tratamos bien a estas jóvenes promesas?

Muchas de las personas que cursan estudios de diseño y moda sueñan con tener su propia marca, aquella en la que puedan manifestar su creatividad y diseño personal sin ataduras y con completa libertad.

¿Cuánta cantidad producir?

Dejando a un lado las cuestiones más genéricas relacionadas con la constitución de toda empresa, uno de los mayores retos a los que se enfrentan los diseñadores que están arrancando es la producción de sus obras. Las pequeñas cantidades tienen unos costes de fabricación que son muy altos. Según Patricia Lázaro, de Chichinabo, “después la crisis los productores te escuchan más y son más flexibles a la hora de admitir pequeñas cantidades, pero sigue siendo mucho más caro”.

Venta en depósito

Tampoco es fácil acceder a las tiendas y encontrar la que sea apta para tu producto. “No puedes recorrer todas las ciudades para buscarlas”, señala Camino López, de Miclo. “Es el propio diseñador el que tiene que gestionar todas las vertientes del negocio y muchas veces no tienes perfil comercial ni tiempo para encontrar tiendas”.

Festivalet 2016 Patricia Lázara, de Chichinabo

Una vez localizada la tienda, “quiere probar el producto. Si tienes que enviar muestrario a todas las tiendas, tienes que tener mucho stock y es algo inviable”. Además, “tienes que estar dispuesto a que se estropee ese stock”.

Muchas tiendas trabajan en depósito. “Esto significa que tú dejas tus piezas en las tiendas y, cuando las venden (o cuando te dicen que las has vendido o te enteras de que se ha producido esa venta) es cuando te pagan”, explica Lázaro. Es una manera de que el retail apueste por los jóvenes diseñadores sin asumir prácticamente ningún riesgo, pero para el creador supone realizar una inversión previa muy fuerte y no ver dinero hasta el final del proceso.

Los jóvenes diseñadores tienen que dejar sus creaciones en depósito en las tiendas, lo que les obliga a hacer una inversión inicial para tener stock pero a no ver nada de dinero hasta que el producto no se ha vendido

La venta en depósito implica un control complicado para "saber exactamente cuántas piezas has dejado en cada una de las tiendas y tener un control exacto de que se ha vendido en cada una de ellas”. El hecho de que el retail no abone ninguna cantidad al diseñador hasta que no se produce la venta del artículo supone otra barrera añadida para el éxito de estas marcas. “A la tienda le interesa menos vender tu producto, dado que no ha pagado todavía nada por él, y no pierde nada si no lo vende. Por lo tanto, pone menos interés, se encarga menos y se preocupa menos de venderlo”. Esto, a su vez, obliga a estos nuevos diseñadores a dejar su material durante mucho tiempo en las mismas tiendas, con falta de rotación y renovación, para finalmente ir a recogerlo.

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¿Aliados o competencia?

Esto, a su vez, hace que se generan situaciones muy extrañas. Por ejemplo, muchos de estos nuevos diseñadores tienen su propia página web donde también reciben y tramitan pedidos. Si el producto está en depósito en algún retail y se lo reclama, las tiendas pueden incomodarse, "porque se piensan que para el diseñador la tienda es un mero almacén”, relata la gestora de Chichinabo.

Las tiendas pop-up y los mercadillos son una opción en auge, aunque implican que el diseñador tenga que pagar por un espacio para poder vender sus creaciones

En el caso de Miclo, Camino López se dedica a hacer estampados, por lo que muchas tiendas no le ven como “una marca de moda normal”. Esta diseñadora asegura que hace un producto atemporal y que se vende “igual de bien tenga un año o tres”, algo que "puede ser un problema en una tienda en la que todo lo demás cambia y tu producto permanece”.

Cuando un negocio cierra y nadie te avisa

El tener una distribución amplia con la que intentar aumentar las posibilidades de venta es importante, pero siempre está el riesgo de que una tienda cierre su negocio de la noche a la mañana sin avisar a sus proveedores. “La tienda cierra, no te paga y tampoco te devuelve el material, con lo que acabas perdiendo mucho dinero”.

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¿De qué depende de que un diseñador venda en depósito las tiendas o no? Esto varía en función de las tiendas y de las condiciones que imponga el propio creador. Lo mejor, según Lázaro, es marcar las propias condiciones de venta, aunque es un buen sistema para darse a conocer y abrir puntos de venta.

Pop-up y mercadillos, otra opción

Desde hace un par de años se han puesto de moda las tiendas pop-up y los mercadillos. En ambos casos se paga por tener un espacio dentro del mercado o de una tienda para vender los productos. Son espacios temporales en los viven distintas fórmulas: puede ser el propio diseñador el que esté físicamente vendiendo sus piezas o bien aplicar una comisión de la venta a la tienda.

Aunque son sistema que pueden funcionar bien, también suponen una inversión importante para el diseñador, tanto en tiempo como en esfuerzo. “En definitiva estás pagando por vender”, ironiza Patricia Lázaro.

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“Lo que reivindicamos es que las tiendas apuesten por el diseño y que nos den facilidades y nos ayuden, que todos al final arriesguemos”, señala Patricia Lázaro. “Si en tu tienda vendes diseño, es porque es algo especial”.

¿Tienda grande o pequeña?

¿Qué tipo de tienda es más accesible y pone más facilidades a los pequeños diseñadores? Las tiendas grandes “suelen ser más lentas, pero depende mucho de la persona, de lo organizado que lo tenga y de su espíritu a la hora de saber cuáles son más fáciles o más difíciles para negociar con los jóvenes diseñadores”.

Eso sí, según Camino López, las tiendas grandes no te suelen atender y no se tiene acceso a ellas, por lo que ninguna te acaba comprando. “Casi todas las que te compran son muy pequeñas, con volúmenes grandes para su tamaño y su capacidad“.

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Aunque no hay un asociación como tal, el boca a boca entre los diseñadores funciona muy bien a la hora de saber con qué tiendas puede negociar, cuáles funcionan mejor y cuáles son las condiciones de venta. “Es difícil cambiar las reglas del juego, pero confío en que poco a poco se vaya animando y mejorando las condiciones para los jóvenes diseñadores”, suspira Lázaro, quien lamenta que al final “prácticamente todo lo que ganas lo acabas reinvirtiendo” en crear nuevos productos.

Por eso, su consejo para quienes estén empezando es saber las reglas del juego “y saber jugarlas” además de preguntar mucho. “Hay un espíritu colaborativo entre la gente que nos dedicamos a esto y no tenemos ningún miedo a decir cómo hacemos las cosas y a compartir estas experiencias”.

Internet no es el Dorado

Respecto a Internet, Patricia Lázaro asegura que es otro canal más de venta, pero que no es precisamente el Dorado. “Tienes que invertir mucho esfuerzo en publicitarlo, en saber llegar a tu público, moverlo, gestionarlo muy bien. Es otra parte que puede funcionar muy bien... o no, quizá porque a tu público no es el que va a comprar precisamente en ese canal”.

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Camino López es de la misma opinión. “Es muy difícil posicionarse con las palabras clave. Si buscas blusas en Google puedes dar con mi tienda, pero también con otras que te cuesta cuatro veces menos y de todo el planeta. Tengo que posicionarme por diseño exclusivo, por pieza única, y quizá Internet no sea el canal de venta correcto, porque la persona que está buscando ese tipo de artículos especiales no lo busca por Internet”.

Según su visión, el diseño acaba siendo un artículo de lujo. Considera que pagar por una de sus blusas 70 € no es muy caro, pero reconoce que es una barrera de entrada para muchas personas, especialmente si la buscas por Internet.

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