Esta canadiense comprobó cómo gracias al Pilates su vida dio un vuelco, recuperando la autonomía y olvidándose incluso de usar el bastón
Que llevar una vida activa y hacer ejercicio de forma regular es una obligación si queremos mantener nuestro estilo de vida y combatir los efectos del envejecimiento, es algo que todos sabemos. Médicos y científicos se encargan de recordárnoslo a diario. Pero a veces, también viene bien conocer casos reales de personas a las que la actividad física les ha ayudado a vivir mejor.
Y este es el caso de Tricia, una canadiense de 80 años a la que el Pilates le ha salvado la vida. Y no es una exageración, es una realidad reconocida por ella misma, tal y como ha explicado en un reels publicado en la cuenta del centro de Pilates de Ontario a donde acude a practicar esta disciplina famosa entre los mayores de 50 y 60 por su bajo impacto, por ser adaptable a cada nivel físico y por la mejora del equilibrio y la postura y el aumento de la flexibilidad y de la movilidad articular.
Tricia se introdujo en el mundo del Pilates hace seis años
Esta mujer canadiense empezó a practicar Pilates hace seis años. Durante un tiempo todo fue bien, pero como suele pasar, las circunstancias cambiaron: los centros donde practicaba, las ubicaciones, los horarios. Terminó en un sitio en el que no se encontraba cómoda.
"Quedé muy descontenta", reconoce sin rodeos en el vídeo de Instagram. Fue entonces cuando alguien le habló de Christina, su instructora actual. Y ahí, casi sin darse cuenta, empezó lo que ella misma describe como una segunda oportunidad.
Tres meses después de esa primera clase con Christina, Tricia ya notaba cosas que no esperaba. Cosas pequeñas, cotidianas, que sin embargo lo cambian todo. "Ahora me siento y me levanto de una silla en casa. La mayoría de las veces sin siquiera usar los brazos", afirma.
También el dolor de rodilla, ese compañero de madrugada que no daba tregua, empezó a desaparecer. Hasta hace no mucho, la canadiense se despertaba cada hora y media o dos horas, incluso con la CPAP (el dispositivo médico que se usa para tratar la apnea del sueño) con dolor en la pierna. Ahora duerme. Y ese detalle, para quien lo ha vivido, vale más que cualquier logro medible.
Dos meses sin tocar su bastón
Hubo una mañana que lo resumió todo. Estaba haciendo la cama y se dio cuenta de que no le dolía nada. "Ni siquiera me había dado cuenta", confiesa. El bastón sigue ahí, colgado sobre la cabecera. No lo ha quitado. Quizás porque fue parte de su vida durante mucho tiempo, o quizás porque es un recordatorio silencioso de lo que fue y ya no es.
El caso es que lleva dos meses sin tocarlo. Dos meses en los que va al baño por la mañana y vuelve sola, sin necesitar nada más que sus propias piernas. "Solo tienes que decidir por ti mismo que puedes", afirma Tricia.
Ella misma aclara que no se trata de correr maratones. Que el cuerpo tiene sus años y no se puede ignorar eso. "El cuerpo está viejo. No se puede hacer mucho con un cuerpo viejo. Pero se puede detener el deterioro, y como aprendí con Christina, hay oportunidad de mejorar".
En estos momentos, Tricia no se pone objetivos. Esa etapa quedó atrás. Hace poco cogió el coche, condujo hasta Wana y pasó tres días recorriendo caminos secundarios. Y tal y como reconoce, "eso es lo que quiero seguir haciendo". Levantarse por la mañana y decidir adónde ir. Tener curiosidad. Seguir teniendo una lista de lugares en Ontario a los que quiere ir, y creer que este otoño, o el siguiente, podrá hacerlo sin problemas.
Fotografías | @k.nectpilatesstudio
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