
El sistema de pensiones fue creado para un mundo que ya no existe
La sostenibilidad del sistema público de pensiones se ha convertido en uno de los grandes retos económicos de España. El progresivo envejecimiento de la población, la jubilación de la generación del baby boom y el aumento de la esperanza de vida están obligando a replantear un modelo diseñado para una realidad demográfica muy distinta, tal y como están haciendo países como Alemania, Dinamarca o Países Bajos.
Mientras el número de pensionistas crece año tras año, el debate sobre cómo garantizar las prestaciones presentes y futuras ha dejado de ser una cuestión exclusiva de economistas para instalarse en el centro de la política, con la edad de jubilación subiendo hasta situarse cerca de los 70 años.
En ese contexto, el Gobierno continúa introduciendo cambios para favorecer que quienes lo deseen prolonguen su vida laboral. El último ejemplo es la reforma de la jubilación flexible, que amplía las posibilidades de compatibilizar el trabajo con el cobro de la pensión y abre esta modalidad a determinados trabajadores autónomos, además de incorporar nuevos incentivos económicos
Una realidad demográfica muy distinta
Como explica la periodista económica Pilar García de la Granja en el espacio Clases de Economía de COPE, el sistema de pensiones nació en una época en la que, de media, la prestación debía cubrir entre ocho y diez años de vida después de la jubilación. Hoy la situación es muy diferente. Segun esta experta, “La pensión se concibió para financiar de media entre 8 y 10 años de vida tras dejar de trabajar, pero es que ahora financia de media entre 25 y 28 años”. Una opinión con la que también coincide en lo esencial la economista Natalia de Santiago.
Este cambio demográfico supone uno de los mayores retos para la sostenibilidad del sistema. Un modelo concebido hace décadas para afrontar periodos de jubilación mucho más cortos debe hacer frente ahora a un escenario en el que los pensionistas disfrutan, afortunadamente, de una vida más larga y, en muchos casos, con mejor calidad de vida.
En este escenario, Pilar García de la Grana defiende la conveniencia de favorecer que quienes así lo decidan puedan seguir desarrollando su actividad profesional una vez alcanzada la edad de jubilación. En su opinión, prolongar la vida laboral de forma voluntaria puede ser una opción beneficiosa para quienes mantienen la capacidad y el deseo de continuar en activo. Para la experta, "es Valioso que sigan trabajando si quieren y están en condiciones".
García enmarca esta reflexión en los retos a los que se enfrenta el sistema público de pensiones. A su juicio, el progresivo envejecimiento de la población y el aumento de la esperanza de vida están incrementando la presión sobre las cuentas públicas, lo que supone un "coste enorme". Asimismo, afirmó que "tampoco se ha cotizado lo suficiente en millones de personas para la jubilación que se recibe".
La economista también ha aportado datos para ilustrar algunos de los desafíos que afronta el mercado laboral. En otra de sus intervenciones llegó a afirmar que "los trabajadores con más bajas laborales son los que tienen contrato indefinido y salario medio", recurriendo de nuevo a cifras concretas para explicar cuestiones complejas. Con las pensiones sigue esa misma línea argumental, utilizando una comparación sencilla para reflejar cómo ha cambiado la realidad en las últimas décadas.
Su reflexión no plantea que el aumento de la esperanza de vida sea un problema. Al contrario, parte de una realidad positiva: hoy las personas viven muchos más años que cuando se diseñó el sistema público de pensiones. Lo que pone sobre la mesa es que ese cambio demográfico obliga a analizar si un modelo concebido para financiar un periodo de jubilación mucho más corto sigue siendo sostenible sin adaptaciones.
En ese sentido, García centra el debate en la diferencia entre el planteamiento original del sistema y el tiempo que actualmente debe cubrir. Al recordar que las pensiones se diseñaron para financiar, de media, entre ocho y diez años de vida tras la jubilación y que ahora ese periodo se sitúa entre los 25 y los 28 años, resume de forma clara uno de los principales retos a los que se enfrenta el sistema de pensiones en la actualidad y en los años futuros.
Fotografías | Juan Diavanera para Pexels, COPE
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