
La inflamación crónica de bajo grado que se asocia al envejecimiento no es una enfermedad en sí misma, sino de un proceso biológico que se estudia por su relación con el deterioro progresivo del organismo y con el desarrollo de distintas patologías
Envejecer es inevitable, pero hay una diferencia importante entre cumplir años con autonomía y disfrutando de la vida, y cumplir años acumulando problemas de salud antes de tiempo. La hipertensión, la diabetes tipo 2 o determinadas enfermedades cardiovasculares no siempre aparecen de un día para otro. En muchos casos, los procesos que contribuyen a su desarrollo llevan años avanzando sin dar señales demasiado claras.
La médica especialista en aparato digestivo Pilar Esteban conoce de cerca esta realidad por su trabajo en el Hospital Morales Meseguer de Murcia, donde coordina el programa de prevención del cáncer colorrectal. Su experiencia la ha llevado a profundizar en el inflammaging, un concepto que relaciona el envejecimiento con un estado de inflamación crónica de bajo grado. En una entrevista concedida a La Vanguardia, la especialista explica cómo influyen la alimentación, el sedentarismo y otros hábitos en este proceso, y por qué cuidar la salud antes de que aparezca una enfermedad puede marcar la diferencia.
Qué es el inflammaging y por qué puede acelerar el envejecimiento
El término inflammaging, acuñado en el año 2000 por el inmunólogo Claudio Franceschi, describe la inflamación crónica de bajo grado que se asocia al envejecimiento. No se trata de una enfermedad en sí misma, sino de un proceso biológico que se estudia por su relación con el deterioro progresivo del organismo y con el desarrollo de distintas patologías.
Esteban aborda esta cuestión en su libro Adiós a la inflamación que te envejece, publicado por Zenith, donde pone el foco en dos mecanismos relacionados con el envejecimiento: la inflamación crónica y la disbiosis, es decir, la alteración de la microbiota intestinal.
Esteban explica que su interés por esta cuestión nació, en parte, de lo que empezó a encontrar en su trabajo hospitalario. «Me he dado cuenta de que había personas que desarrollaban lesiones preneoplásicas, como pólipos o cáncer de colon a edades tempranas, cuando lo habitual era que aparecieran a partir de los sesenta y tantos o los setenta», cuenta en la entrevista.
La especialista también señala que ha aumentado la incidencia de algunos tumores y que cada vez atienden a más personas con hipertensión, diabetes, hipercolesterolemia u obesidad. Ante esta situación, se preguntó qué factores podían estar detrás de esa evolución.
Aunque la genética influye, no explica por sí sola estos cambios. «Muy probablemente, muchos de los factores externos que nos rodean tienen un efecto biológico negativo», afirma Esteban. Algunos de esos factores pueden contribuir a que el organismo envejezca antes de lo esperado y a que determinadas enfermedades aparezcan a edades más tempranas.
Cansancio, niebla mental y molestias digestivas: las señales que explica la especialista
Uno de los problemas de la inflamación crónica de bajo grado es que no siempre resulta fácil identificarla a partir de los síntomas. No suele provocar una señal concreta que permita reconocerla de inmediato, sino que puede manifestarse mediante molestias bastante habituales.
Esteban la denomina «inflamación silenciosa» precisamente porque sus efectos no aparecen de forma brusca. «A diferencia de la inflamación aguda —una herida, un traumatismo o una infección—, que activa una respuesta inmunitaria que nos permite defendernos de estas agresiones, esta aparece de forma lenta y progresiva, en algunas personas incluso desde la infancia», explica.
Entre los factores que pueden favorecerla, la especialista menciona el sobrepeso, la obesidad y el sedentarismo. Sus manifestaciones, además, pueden confundirse con las de otros problemas de salud. «Los primeros síntomas suelen ser sutiles y comunes en el día a día: cansancio, falta de energía o neblina mental», señala.
A estas molestias se pueden sumar los gases, la distensión abdominal y las alteraciones del ritmo intestinal. También pueden aparecer dolores musculares o articulares sin que exista una lesión que los explique. Según Esteban, «las manifestaciones más habituales son el decaimiento, la neblina mental y los problemas digestivos».
Aun así, experimentar alguno de estos síntomas no significa necesariamente que exista una inflamación crónica. La propia especialista reconoce que identificarla no siempre es sencillo, precisamente porque las señales son poco específicas. Si el cansancio, las molestias digestivas u otros problemas persisten, conviene consultar con un profesional sanitario para averiguar cuál es su origen.
La médica también explica que, en algunos casos, estos cuadros coinciden con trastornos funcionales como el síndrome del intestino irritable, la fibromialgia o las migrañas. Sin embargo, la inflamación crónica de bajo grado no debe confundirse con una enfermedad concreta ni utilizarse como explicación automática de cualquier malestar.
La alimentación y el sedentarismo también influyen en cómo envejecemos
Entre los factores sobre los que podemos actuar, la alimentación y la actividad física ocupan un lugar destacado. Según explica Esteban, el exceso de azúcares y una dieta poco saludable pueden favorecer la acumulación de grasa en el hígado. Además, la grasa visceral, que se acumula alrededor de los órganos abdominales, puede producir moléculas proinflamatorias que contribuyen a mantener ese estado inflamatorio.
La especialista señala también un error bastante habitual en nuestra alimentación: consumir menos fibra de la recomendable. La encontramos en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, alimentos que deberían tener una presencia importante en la dieta cotidiana.
Y añade una recomendación sobre las proporciones que deberían ocupar los vegetales en nuestra dieta: «Las frutas y las verduras deberían ocupar aproximadamente la mitad de lo que comemos a lo largo del día, con más verduras que frutas».
La distribución de los alimentos también importa. Esteban llama la atención sobre el exceso de hidratos de carbono en algunas dietas y recuerda que la grasa no procede únicamente de alimentos que identificamos como grasos. «La gente suele identificar la grasa con alimentos como los embutidos, pero olvida que el exceso de hidratos de carbono también puede almacenarse en forma de grasa si no se utiliza como fuente de energía», advierte.
A esta cuestión se suma el sedentarismo. Pasar muchas horas sentado y realizar poca actividad física favorece un estilo de vida que puede aumentar el riesgo de desarrollar problemas metabólicos y cardiovasculares. No se trata de buscar una rutina deportiva idéntica para todo el mundo, sino de incorporar movimiento de forma regular y adaptada a la condición física y las necesidades de cada persona.
A partir de los 45 años, cuidar los hábitos puede ayudar a prevenir problemas futuros
Esperar a que aparezcan la hipertensión, la diabetes o el colesterol elevado para empezar a prestar atención a la salud puede significar llegar tarde a una parte de la prevención. «La inflamación crónica de bajo grado aparece antes de que se desarrolle la enfermedad», explica. Y pone un ejemplo para entender por qué la prevención debe comenzar antes de que aparezcan los primeros problemas: «Su hipertensión, su diabetes o su hipercolesterolemia se estaban gestando a fuego lento 15 años antes».
Por eso, la especialista considera importante adoptar medidas preventivas a partir de los 45 años, aunque los hábitos saludables deberían fomentarse desde mucho antes. La alimentación, el ejercicio físico, el descanso y la gestión del estrés forman parte de ese cuidado continuado.
La edad tampoco debería convertirse en una excusa para dejar de moverse. En la entrevista, Esteban recuerda que una persona de 60 o 70 años puede beneficiarse de cambios en su estilo de vida, aunque estos deben ajustarse a su estado de salud y a sus circunstancias. Cuando existen enfermedades crónicas o limitaciones físicas, conviene contar con la orientación de los profesionales sanitarios adecuados.
La especialista insiste en que el objetivo no es prometer que nunca vayamos a enfermar. «No quiero decir con esto que, tratando la inflamación, vayamos a evitar desarrollar enfermedades. Ese no es el mensaje», aclara. «Pero sí que, muy probablemente, podamos retrasar su aparición al eliminar uno de los factores que contribuyen a desencadenarlas».
Como resume Esteban al hablar de la importancia de cuidarnos, «lo importante no es solo sumar años, sino también disfrutarlos con una buena calidad de vida». Un objetivo que pasa por prestar atención a los hábitos cotidianos y por entender la prevención como una parte fundamental de nuestra salud, sin promesas milagrosas ni soluciones universales.
Fotografías | Dra. Pilar Esteban, Magnific
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