Mario Alonso Puig, médico cirujano: "La forma en que te hablas puede alargarte o acortar la vida"

Tu diálogo interno tiene más importancia de lo que crees. Tu cuerpo activa una respuesta química que lo siente como si fuera real.

Sara Hormigo

Editora

Hay frases que nos repetimos a diario que aunque pueden parecer inofensivas están impactando directamente en nuestra forma de vivir y, también, en nuestra longevidad. Y es que pensamientos que nos decimos casi en automático para nuestro cuerpo son como instrucciones, no solo palabras. "Tenemos que entender que nuestras células leen nuestros pensamientos y no es algo que diga yo porque si lo dijera yo tendría un valor muy limitado, lo dice la Premio Nobel en Medicina en 2009 Elizabeth Blackburn", dice el médico cirujano Mario Alonso Puig, experto en longevidad, en una de sus recientes intervenciones en televisión

"Cuando yo digo "soy inútil", "no valgo nada", "no me sale bien nada en la vida" automáticamente por los "mapas de los sentimientos" empiezo a generar una reacción en mi cuerpo en una serie de hormonas, de mediadores químicos, llamados "moléculas de la emoción". ¿Qué ocurre? Qué empiezo a liberar cortisol", continúa explicando.

En cuestión de segundos, nuestro cuerpo comienza a producir una serie de "mensajeros químicos", un concepto popularizado por la neurocientífica Candace Pert, que no son otra cosa que neurotransmisores, hormonas y otros mediadores químicos, que son los encargados de "traducir" lo que tu piensas a las células. Cuando ocurre esto el cuerpo se comienza a preparar para el "peligro" y es entonces cuando toma importancia la hormona del estrés, el cortisol.

"Ese cortisol se fija en los receptores de la membrana celular y, ¿qué hace? Puede bloquear los funcionamientos del sistema de defensa, pero además hay otras moléculas que pueden tener un impacto a nivel de los telómeros, los cuáles son predictores muy finos de la longevidad de una persona y la posibilidad de que la persona tenga una enfermedad", explica el experto.

El cortisol es esencial para vivir, nos ayuda a concentrarnos, a reaccionar rápido, a movilizar energía… pero cuando repetimos afirmaciones como por ejemplo "soy un fracaso", puede ser tan estresante que nuestro cuerpo lo interprete como un reto real y comiencen a reaccionar distintas partes: el corazón con un latido más acelerado, un cambio en la respiración, se ralentice el funcionamiento del estómago… En definitiva, se genera un cóctel químico que puede provocar: ansiedad, problemas de sueño, fatiga, cambios de humor, bajones anímicos… 

Por lo que, lo que quiere decir el doctor en su mensaje es que "mi forma de pensar está afectando a mi forma de vivir". La buena noticia es que este efecto es bilateral y funciona en ambos sentidos. Si le hablas bien tu cuerpo e incorporamos un diálogo más realista y compasivo, estaremos favoreciendo estados fisiológicos más estables y saludables, según dicen los expertos. 

Comprender este vínculo nos devuelve margen de acción: no podemos evitar todos los fracasos o dificultades, pero sí podemos decidir qué narrativa construimos alrededor de ellos y, con ello, cómo hablarnos a nosotros mismos porque el impacto que tiene en nuestra salud, y por consiguiente, en nuestra longevidad, es directo.

Fotografías |  Freepik, Instagram Programadear, marioalonsopuig.com

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