
La especialista señala que no hace falta acreditar documentalmente la entrega de la joya, aunque sí es imprescindible liquidar el Impuesto sobre Donaciones para poder justificar su propiedad
Las joyas de Zapatero llevan semanas en boca de todos. Desde que se conoció la valoración de las piezas encontradas en su despacho, 1,3 millones de euros, se ha especulado mucho con su origen. Que si era una herencia, que si era un pago en especie de algún país extranjero...
La aparición de esas joyas, y la forma en que han llegado a manos del ex presidente del gobierno, han abierto el debate sobre cómo se transmite un patrimonio de este tipo. Y la situación da pie a preguntas que casi nadie se plantea hasta que le toca de cerca: ¿hace falta un papel para regalar una joya en vida? ¿Y si llega por herencia, qué pasa con ella?
El impuesto que hay que pagar si regalas una joya en vida
La notaria María Cristina Clemente ha resuelto la duda en un vídeo suyo en el canal de Notaría Buendía en TikTok. Según explica esta profesional, no es necesario dejar constancia por escrito de la entrega de la joya. Lo que sí es obligatorio es que la persona que la recibe, el donatario, autoliquide el Impuesto sobre Donaciones.
Ese trámite, señala la notaria, tiene una función muy concreta: sirve para justificar por qué alguien tiene en su poder una pieza de valor. Sin ese impuesto liquidado, cualquier joya de cierto precio puede convertirse en un problema el día que Hacienda pregunte de dónde ha salido.
La cosa cambia si la joya no se regala en vida sino que llega por herencia. En ese caso, el heredero tiene que incluirla en el haber hereditario cuando se formalice la escritura de herencia, y a partir de ahí pagar el Impuesto de Sucesiones que le corresponda.
Por qué conviene meter las joyas en el testamento
Aquí la notaria insiste bastante: mejor dejarlo todo atado a la hora de hacer testamento que confiar en que la familia se ponga de acuerdo después. Decidir con antelación quién se queda con cada pieza, un hijo, una hija o un nieto, evita buena parte de los líos que suelen aparecer cuando alguien fallece sin dejarlo por escrito.
La ley reserva una parte de la herencia a los herederos forzosos, sí, pero del resto se puede disponer con libertad. Y el testamento tiene otra ventaja que mucha gente desconoce: se puede cambiar tantas veces como se quiera ante notario, hasta el último día.
El error que comete casi todo el mundo al hacer testamento
Redactar un testamento sin ayuda parece, sobre el papel, la opción más rápida y barata. Para Clemente es justo lo contrario. "El peor error que suelen cometer las personas a la hora de dejar testamento es que lo redacten ellas mismas, que se hagan un testamento ológrafo en casa", asegura la notaria. El motivo es que quien lo hace por su cuenta suele desconocer "en muchas ocasiones cuál es el sistema legitimario", y eso puede dejar el documento cojo o directamente impugnable.
La experta lo remarca especialmente porque las normas no son iguales en todo el país. "No en toda España existe el mismo concepto de legítima", advierte, y eso puede generar situaciones que nadie había previsto cuando se sentó a escribir sus últimas voluntades sin asesoramiento.
Lo que casi nadie le cuenta al notario (y debería)
Hay otro punto en el que Clemente Buendía pone el foco: mucha gente no aprovecha herramientas legales que tiene a su disposición porque, sencillamente, no las conoce. Un ejemplo habitual es el de designar un administrador para los bienes de un hijo menor cuando no hay confianza en cómo va a gestionarlos el excónyuge.
Para que el notario pueda aplicar ese tipo de soluciones hace falta algo previo: contarle la situación real de la familia, sin filtros. "Es muy importante que la persona no se guarde nada", afirma la notaria. Solo así puede recurrir a instrumentos como "delegar la facultad de mejora entre cónyuges o, en el caso de que haya una persona con discapacidad, grabar la legítima con una sustitución fideicomisaria".
Y hay un último consejo que la notaria repite a menudo: pensar en los escenarios que uno preferiría no imaginar, como que el heredero fallezca antes que el propio testador. Son detalles que parecen menores hasta que, el día menos pensado, se convierten en el origen de un problema mucho más grande del que se quería evitar.
Fotografías | Notaría Buendía, Ruan Richard Rodrigues, Segal Jewelry para Unsplash
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