Un investigador especializado en longevidad lo tiene claro: la primera persona que vivirá hasta los 150 años ya ha nacido, y será mujer

Según este biólogo, hay muchas posibilidades de que la primera persona que alcance esa edad sea una mujer japonesa

Nacho Viñau

Editor

Durante décadas, la idea de vivir más allá de los 100 años era considerado algo casi excepcional. Pero con el aumento de la esperanza de vida, es una meta cada vez más alcanzable. En especial, en las zonas azules del Planeta, áreas donde hay un destacado porcentaje de personas centenarias. 

En ese contexto, algunos expertos en longevidad sostienen que el gran salto ya no es solo cuestión de tiempo, sino de conocimiento. De hecho, investigadores como Steven N. Austad defienden que la primera persona que alcanzará los 150 años ya ha nacido, apoyándose en los avances en biomedicina y en nuevas terapias capaces de intervenir directamente en los procesos del envejecimiento, más allá de tratar enfermedades concretas.

Una premonición que afirma que se va a cumplir

En 2001, este biólogo y profesor de la Universidad de Alabama en Birmingham, apostó 500 dólares con el biodemógrafo Jay Olshansky, de la Universidad de Illinois en Chicago, a que la primera persona en alcanzar los 150 años ya había nacido. El dinero, depositado en una cuenta de inversión, debería crecer durante 150 años hasta que alguno de los dos, o sus descendientes, lo reclamara en 2150. En 2015, ambos lo volvieron a poner sobre la mesa y duplicaron la apuesta, añadiendo otros 150 dólares cada uno.

El origen de todo, como cuenta Austad a MIT Technology Review, fue casi accidental. En una reunión de investigadores sobre el futuro del estudio del envejecimiento, una periodista del New York Times hizo la pregunta que nadie quería responder: ¿Cuándo creen que vivirá la primera persona de 150 años?". Austad fue el único que se atrevió a contestar. "Creo que esa persona ya está viva", dijo. La frase apareció publicada en el New York Times y en Scientific American. Olshansky le llamó para retarle. La apuesta nació así, en parte por convicción científica y en parte, admite Austad, porque ambos acababan de publicar libros y pensaron que sería bueno para las ventas.

Más optimista que en 2001, pero con matices

Más de veinte años después, Austad asegura que su nivel de optimismo no ha disminuido. Si la apuesta se hizo en 2001 y la persona en cuestión debía haber nacido ya, hoy tendría alrededor de 24 años. Lo que ha cambiado, dice, es el arsenal científico disponible. "En 2001, solo conocíamos dos maneras de hacer que los animales de laboratorio vivieran mucho más tiempo: manipular su genoma o alimentarlos menos", explica el investigador. Desde entonces, se han identificado entre diez y doce fármacos con ese mismo efecto. "Tenemos tantos proyectos en desarrollo que estoy convencido de que algunos funcionarán."

Eso sí, el investigador aclara que llegar a los 150 años no será la norma sino la excepción. No habla de una esperanza de vida media de siglo y medio, sino de que una sola persona logrará alcanzar esa edad. Un aumento del 20% sobre la esperanza de vida actual, que elevaría la media de los 80 a unos 100 años, es algo que algunos demógrafos ya dan por descontado. Para Austad, sin embargo, eso no es suficiente. "Para lograr un avance significativo, necesitamos una forma completamente nueva de concebir la salud y la longevidad, una que aspire a influir en el proceso de envejecimiento en sí mismo, en lugar de limitarse a combatir procesos patológicos específicos."

Probablemente será una mujer japonesa

Cuando MIT Technology Review le pregunta a Austad quién será esa persona, el investigador explica que cree que la primera persona que alcanzará esa edad será mujer, porque las 20 personas más longevas conocidas son todas mujeres. Y si tuviera que apostar por una nacionalidad, elegiría Japón. A fin de cuentas, este país  Japón acumula décadas liderando los registros mundiales de longevidad y concentra una proporción de centenarios difícilmente comparable con la de ningún otro país.

Otro motivo para el optimismo de Austad es que varios de los nuevos fármacos estudiados parecen funcionar incluso cuando se administran en etapas relativamente avanzadas de la vida. En los estudios con ratones sometidos a restricción calórica, el efecto es mayor cuanto antes se comienza. Pero con ciertos fármacos, el patrón es distinto: algunos se administraron a ratones equivalentes a personas de entre 70 y 75 años y aun así tuvieron efectos significativos en la esperanza de vida. "Así que no me preocupa que una persona de 25 años hoy sea demasiado mayor para hacer algo que mejore sus posibilidades de vivir hasta los 150", explica.

La rapamicina, el fármaco más prometedor

Entre todos los compuestos que están sobre la mesa, Austad destaca uno por encima del resto: la rapamicina. No solo prolonga la vida de los ratones, dice, sino que también combate enfermedades comunes, fortalece el sistema inmunitario e influye en la pérdida auditiva y la periodontitis relacionadas con la edad. "Efectos que uno jamás esperaría a menos que se estuviera alterando la biología del envejecimiento", señala el investigador. La rapamicina es un inmunosupresor utilizado desde hace décadas en trasplantes de órganos, y su relación con la longevidad lleva años siendo objeto de estudio en laboratorio.

Pero Austad es prudente cuando se le pregunta si algo de todo esto ya funciona en humanos. La respuesta es clara: todavía no. "Llevar una dieta sana, mantenerse física y mentalmente activo, dormir lo suficiente. Estas cosas son realmente importantes. Y por el momento, no conocemos nada mejor." Dentro de diez años, dice, quizá haya algo que añadir a esa lista. Pero hoy por hoy, la ciencia no ha demostrado nada más allá de esos hábitos básicos. Los prometedores resultados en ratones no se trasladan automáticamente a humanos: según el propio Austad, ese tipo de traslaciones fracasan en aproximadamente el 95% de los casos.

Fotografías | Afar, Freepik  

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