Donar en vida sin saber lo que sucederá en los próximos 10 o 15 años podría ser una temeridad
Planificar una herencia y hacer testamento no es algo en lo que nos guste pensar. Entre la carga emocional que supone y lo complejo que nos parece que puede llegar a ser el papeleo, muchas familias prefieren dejarlo para más adelante. Pero anticiparse puede marcar una gran diferencia, no solo para evitar quebraderos de cabeza entre los herederos, sino para no cometer errores o también para ahorrarse un buen pico en impuestos.
En los últimos tiempos, las donaciones en vida se han vuelto cada vez más populares. Muchos padres optan por adelantar la herencia, ayudando a sus hijos en momentos clave como la compra de una vivienda. La idea suena bien sobre el papel: anticipar el patrimonio, aprovechar ventajas fiscales y, de paso, evitar posibles cambios normativos en el futuro.
Sin embargo, la notaria María Cristina Clemente advierte en uno de los últimos episodios de su podcast 'Doy fe' que esta decisión no siempre es la más acertada. De hecho, puede acabar saliendo muy cara si no se tienen claras todas las implicaciones fiscales y personales que conlleva.
Donar en vida: una decisión que requiere mucha reflexión
"Sí se puede donar en vida los bienes y hay gente que combina y entiende que su planificación sucesoria tiene que combinar la donación con la adquisición por su fallecimiento, pero lo que tenemos que tener muy claro cuando hacemos una donación es lo que implica hacerla", explica Clemente en el episodio 8 de su podcast dedicado a las herencias.
Para la notaria, donar no debería ser una decisión que se tome a la ligera, especialmente si todavía queda mucha vida por delante. "Yo nunca aconsejaría, por ejemplo, a una persona de 60 o 70 años que haga una donación de sus bienes porque no sabemos lo que va a necesitar diez años más tarde. ¿Por qué vamos a anticipar? Hagamos el testamento y esperemos", señala en el vídeo colgado en el canal de Youtube de Notaría Buendía.
Y es que la vida da muchas vueltas. Lo que hoy parece una decisión generosa y práctica puede convertirse en un problema a medio plazo. "En ese momento yo creo que se tiene que proteger y esperar porque a lo mejor después hay algo que exige un internamiento, cuidados especiales, exige una liquidez y los hijos a lo mejor esa liquidez no la van a tener", advierte Clemente sobre uno de los escenarios más habituales que ve en su notaría.
La trampa fiscal que casi nadie tiene en cuenta
Pero más allá de las necesidades futuras, hay otro aspecto fundamental que mucha gente pasa por alto: la factura fiscal. Porque donar en vida no sale gratis, ni mucho menos.
"Por otro lado, si hacemos la donación tenemos que tener muy presente de que ahí sí que va a haber IRPF. Yo antes decía, cuando una persona fallece no hay plusvalía del muerto pero sí hay plusvalía del donante y eso se le olvida a la gente", explica la notaria.
En otras palabras: salvo en casos muy concretos, como cuando un mayor de 65 años dona su vivienda habitual (una operación que está exenta de tributación en IRPF), lo normal es que el donante tenga que pagar varios impuestos al ceder sus bienes. Estamos hablando del Impuesto sobre Donaciones, la plusvalía municipal y, el más olvidado de todos, el IRPF.
"En cualquier otro supuesto primero hay que calcular qué consecuencias va a tener en IRPF porque en ese caso, junto al Impuesto de Donaciones y junto a la plusvalía municipal, vamos a tener plusvalía en IRPF y eso lo tenemos que tener claro y sobre todo no anticiparnos", insiste.
Mejor esperar y conservar el patrimonio
La conclusión de Cristina Clemente es clara: "Yo desaconsejo absolutamente que queden privados de bienes que pueden convertirse en un seguro para ellos porque tú puedes haber donado un bien a un hijo y ese hijo es autónomo y tiene problemas y le embargan ese bien, entonces conserva ese bien".
Donar en vida puede tener sentido en situaciones muy específicas, pero casi nunca cuando se hace con 60 o 70 años. El testamento sigue siendo la vía más segura y flexible para organizar una herencia. Permite tomar decisiones en vida sin renunciar al patrimonio y evita problemas innecesarios en el futuro.
Al final, se trata de protegerse a uno mismo antes de pensar en adelantar lo que, tarde o temprano, acabará siendo de los herederos. Porque nadie sabe lo que puede pasar dentro de diez años, y quedarse sin recursos por haber sido demasiado generoso es un error que puede salir muy caro.
Fotografías | Notaría Buendía, Freepik
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