
Antes de pensar que España debería copiar el modelo neerlandés, conviene entender por qué ese modelo funciona allí y por qué trasladarlo aquí no es tan sencillo
Cada vez que se publica el Mercer CFA Institute Global Pension Index, el índice que compara 52 sistemas de pensiones en todo el mundo, Países Bajos aparece arriba del todo. Este año repite con una nota de 85,4 sobre 100, una A, mientras España se queda en un discreto 63,8, un C+.
La diferencia es notable, y visto desde fuera, llama la atención sobre todo porque no se explica solo por invertir más dinero, sino por cómo está construido el sistema desde la base. La clave está en cómo está diseñado el sistema desde su origen: combina una pensión pública básica con planes de empleo obligatorios y un importante nivel de ahorro privado, lo que permite repartir mejor el esfuerzo y garantizar prestaciones más elevadas y sostenibles a largo plazo.
Un suelo público y un colchón que se construye trabajando
El sistema holandés se sostiene sobre dos pilares. El primero es la AOW, la pensión estatal básica, financiada con impuestos y de cuantía fija: unos 1.558 euros netos al mes si vives solo, algo menos, en torno a 1.067 euros por persona, si formas pareja. Aquí no importa lo que hayas cotizado ni tu salario, sino los años que hayas residido en el país, con un 2% acumulado por cada año vivido allí. Es, en la práctica, una pensión de ciudadanía.
Sobre ese suelo se apoya la segunda pata, que es la que realmente marca la diferencia: los fondos de pensiones ocupacionales. Van ligados a la empresa, la afiliación es casi obligatoria y el trabajador va acumulando capital durante toda su vida laboral, invertido en los mercados. Ese dinero, sumado a la pensión pública, es lo que explica por qué un jubilado neerlandés suele llegar al retiro con más margen económico que uno español.
Y aquí conviene no perder de vista algo que ya comentábamos al hablar de la importancia de abrir planes de pensiones y empezar a ahorrar para la jubilación cuanto antes: el tiempo que ese dinero pasa invertido pesa casi tanto como la cantidad aportada.
El modelo, en realidad, está cambiando ahora mismo
Lo curioso es que ese sistema tan elogiado a lo largo y ancho del mundo no es estático. Desde el 1 de enero de 2026, al amparo de la Ley del Futuro de las Pensiones, unos 9,5 millones de pensiones neerlandesas han empezado a trasladarse a cuentas individuales de contribución definida. Hasta ahora funcionaban como una gran hucha colectiva, donde los trabajadores más jóvenes ayudaban a sostener a los mayores y el riesgo se repartía entre todos.
Eso se está rompiendo, según recogió la agencia EFE, y el nuevo esquema asume más riesgo de mercado —más acciones, más deuda corporativa, incluso hipotecas— modulado según la edad de cada afiliado. Dicho de otra forma: incluso el sistema mejor valorado del planeta está trasladando parte del riesgo financiero del colectivo hacia el bolsillo individual de cada trabajador.
Por qué España no puede simplemente copiar el modelo
Aquí está el matiz que casi nunca se explica cuando se pone a Países Bajos como ejemplo. España y Países Bajos financian sus pensiones de forma completamente distinta. En nuestro país, el sistema es de reparto: lo que cotizan quienes trabajan hoy paga la pensión de quienes ya se han jubilado. No hay un gran fondo invertido detrás sosteniendo todo esto, y esa fórmula está bajo presión creciente, con un gasto en pensiones que ya supera el 12% del PIB y que las proyecciones europeas sitúan cerca del 16% en 2050.
La respuesta que se ha dado hasta ahora en España ha ido, sobre todo, por el lado de los ingresos: el Mecanismo de Equidad Intergeneracional, una cotización adicional que este año es del 0,9% y que subirá hasta el 1,2% en 2030, pensada para reforzar el Fondo de Reserva. A eso se suma el destope progresivo de las bases máximas de cotización, algo que ya veíamos al analizar cómo evoluciona la pensión máxima de jubilación en 2026.
Pasar de un sistema de reparto a uno de capitalización como el neerlandés tropieza, además, con el llamado problema del doble pago. Durante toda la transición, una misma generación tendría que sostener a la vez las pensiones de los jubilados actuales, comprometidas ya por ley, y ahorrar simultáneamente para la suya propia. Es pagar dos veces. Y los fondos holandeses, por otro lado, no se han creado de la noche a la mañana: son el resultado de décadas de acumulación que aquí no existen.
Lo que sí se está debatiendo en España
El debate real en España no pasa por importar el modelo entero, sino por tocar dos palancas concretas. Una es subir la edad de jubilación, algo que ya viene ocurriendo de forma progresiva y que en 2027 dejará fijados los 67 años como edad ordinaria de retiro. Incluso empieza a sonar en algunos informes, y para horror de todos, la cifra de los 71 años para quienes hoy tienen 30 y trayectorias laborales cortas.
La otra vía es reforzar ese segundo pilar todavía muy incipiente en España: los planes de pensiones de empleo. La Ley 12/2022 buscaba impulsarlos, y el número de partícipes ha pasado de unos dos millones a comienzos de 2023 a cerca de tres millones en 2025, según datos de Inverco. Es un camino lento, pero apunta en la misma dirección que siguió Países Bajos hace décadas: sumar un pilar de ahorro invertido al sistema público, sin sustituirlo.
Fotografías | PAyşenur Tekinel para Pexels, Magnific
Ver todos los comentarios en https://www.trendencias.com
VER 0 Comentario