
Puedes hacer tú sola o en pareja durante una semana y después, empezar a ver las discusiones recurrentes con otros ojos
A pesar de que ahora mismo estoy soltera, en los últimos 20 años de vida he tenido pareja y soy muy consciente de lo complicado que puede ser a veces. Aunque exista mucho amor, los roces son parte de la relación y discutir es algo normal. Solo que muchas veces no lo hacemos por lo que creemos. No discutimos de fregar los platos cuando discutimos de fregar los platos. A veces hay algo oculto bajo la superficie que requiere un poquito de atención.
Alejandra de Pedro, psicóloga terapeuta de parejas y autora del libro ‘Por qué me cuesta tanto olvidarte: 20 preguntas acerca de relaciones en el siglo XXI’, propone en sus redes sociales un pequeño ejercicio de terapia que puedes hacer tú sola o en pareja. Consiste en que, durante una semana, observes tus discusiones más recurrentes y que identifiques cuatro cosas. Si puedes escribirlas a mano en un cuaderno, mejor que mejor.
Los detonantes
Según de Pedro, “los detonantes son aquellas cosas que despiertan nuestras inseguridades o nuestro malestar emocional estando en pareja”. Muchas discusiones que tenemos en pareja pueden producirse porque esa persona hace algo que no te cuadra. Por ejemplo, que tu pareja mire el teléfono mientras le hablas, que deje la tapa del váter levantada o que desaparezca por el trabajo y no te avise antes de que está ocupada.
Si consigues identificar por qué es un detonante para ti, mejor. De Pedro ponía un ejemplo que es que critique tu forma de conducir mientras estás en el coche y podría ser un detonante porque te recuerda a cómo para tus padres nunca era suficiente lo que hacías.
Tus comportamientos de protesta o de protección
“Estas son las cosas que haces en respuesta a esos detonantes. Solemos llevar a cabo este tipo de conductas para reducir nuestro malestar emocional, pero por lo general lo agravan”, explicaba. Por ejemplo, tu pareja hace algo que es un detonante para ti y tú enfadas. Entonces tu pareja te pregunta qué te pasa y tú contestas: “no me pasa nada”. Una conducta de protesta cuando no me siento escuchada puede ser perseguirte por toda la casa diciéndote cosas hirientes y atacándote, y una de protección, huir en mitad de una discusión e ignorar a la otra persona”, explica la psicóloga.
Cuál es tu necesidad subyacente
Cuando De Pedro habla de necesidad subyacente, habla de “lo que realmente estás buscando cuando llevas a cabo esta conducta de protesta o esta conducta de protección”. Es decir, cuando le persigues puede que lo que busques sea que tu pareja reaccione, te escuche y entienda lo que te está pasando. O cuando huyes, como explica de Pedro, puede que “lo que estoy buscando en realidad es algo de tranquilidad, porque siento que nos estamos haciendo tanto daño que si digo algo va a estar mal o voy a dar algún paso en falso y esto se va a romper”.
Qué puedo decir en lugar de seguir con el patrón
Para la psicóloga, esto es lo más importante de todo el ejercicio, y es pensar “de qué manera puedo expresar esa necesidad que subyace de manera menos reactiva”. En vez de seguir el patrón que sigues hasta ahora (se produce un detonante → tengo una conducta de protesta o protección → la discusión se magnifica), piensa en si hay otra forma de actuar. “La próxima vez que tú detones mi malestar, en lugar de pincharte y atacarte, ¿puedo pedirte de alguna otra manera que necesito sentirme escuchada?”, explica de Pedro.
Si en un momento de calma hacemos este ejercicio, es posible que en la próxima discusión piedras tenerlo más presente y evitar que la discusión escale hasta convertirse en una pelea.
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