Platón, filósofo: "Llenos de deseos no encontraremos en la vida ni un solo momento de auténtica libertad ni de verdadera amistad"

Platon Y Los Deseos

Aunque hay muchas citas de Platón circulando por ahí, no todas las dijo, ni remotamente

Anabel Palomares

Editor

El problema de hablar de filósofos que vivieron hace dos milenios es que puede que encuentres citas que se les atribuyen pero en realidad no son suyas. O citas que parecen encajar con su pensamiento pero que no dijeron. Lo más normal es que termine llegándonos una cita apócrifa, una frase de dudosa autenticidad, como ocurre con “la pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos” que se atribuye a Platón. 

No aparece de forma literal en ningún texto platónico conservado y ha llegado hasta nosotros como una cita de autoayuda poco fiable. Lo curioso es que la idea de fondo de esa frase sí que es una de las más recurrentes de su obra. Y su visión sobre los deseos es bastante más sofisticada y mucho más reflexiva. 

El círculo vicioso de los deseos

En su libro ‘Gorgias’, Platón describe un diálogo de Sócrates con Calicles. El pensador sofista, el segundo, defiende que “el que quiera vivir bien debe dejar que sus deseos alcancen la mayor intensidad y no reprimirlos”. Sócrates responde que permitir que los deseos alcancen la mayor intensidad y darles satisfacción es una vida terrible, “parecida a la de un tonel agujereado que no puede contener nada viéndose obligado, su propietario, a estar llenándolo día y noche sin cesar”, porque el alma que vive dominada por deseos sin límite es como el tonel agujereado. No importa cuánto eches dentro porque siempre estará vacío. Sorpresa, la psicología le ha dado la razón a Platón y a Sócrates. 

En 1971, los psicólogos Philip Brickman y Donald Campbell describieron la adaptación hedónica. Es la tendencia humana a volver al mismo nivel de felicidad después de conseguir algo que deseábamos. Una casa más grande. Un coche más rápido. Un móvil mejor. Lo conseguimos, nos adaptamos y un nuevo deseo nace. El círculo empieza de nuevo hasta que nos damos cuenta de que nunca estamos satisfechos del todo porque siempre hay un deseo nuevo que sustituye al ya alcanzado. Eso es, en términos psicológicos, el tonel agujereado de Platón. Y también es agotador, la verdad, y fruto de vivir en una sociedad en la que, como afirmaba el filósofo Zygmunt Bauman, todas las ideas de felicidad siempre acaban en una tienda.

Sócrates cuestiona de nuevo a Calicles cuando le dice que “si una persona tiene sarna y se rasca, y puede rascarse sin limitación, ¿vivirá felizmente, al pasarse la vida rascándose? [...] ¿acaso no es espantosa, vergonzosa y desgraciada esa vida? ¿o te atreverás a sostener que esos hombres son felices, si poseen abundantemente lo que desean?”. Esos deseos que nos consumen no nos aportarán la felicidad sino lo contrario. 

No se trata de suprimir los deseos, sino de ordenarlos

En ‘La República’, Platón explica que hay deseos necesarios que están vinculados a la supervivencia y la salud, y deseos innecesarios que apuntan al estatus o la novedad. Los primeros hay que satisfacerlos (como el hambre) y los segundos "no tienen punto de término" (como querer un móvil mejor cada año), porque cada satisfacción abre la puerta a un deseo nuevo aún más exigente que el anterior. “Si los deseos mandan sobre la razón, nos impiden ser feliz”, podríamos resumir de una forma sencilla y siguiendo la estela del pensamiento platónico. De hecho, el psicólogo Rafael Santandreu ya decía en el libro ‘El arte de no amargarse la vida’ que la infelicidad surge de las necesidades, entendiéndolas como los deseos innecesarios de los que habla Platón. 

El alma que se deja gobernar por esos deseos innecesarios es, según Platón, un alma enferma e infeliz. "Llenos de temores y deseos de toda clase, no encontraremos en la vida ni un solo momento de auténtica libertad ni de verdadera amistad", escribía. Platón no propone suprimir los deseos sino ajustarlos a la razón. Así, esa riqueza de la habla la frase apócrifa del principio, es nuestra capacidad de encontrar suficiencia. Quien desea sin límite será pobre con mucho y quien desea bajo la razón, podrá ser feliz con poco.

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Fotos | World History, Anastase Maragos en Unsplash 

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