Aristóteles, filósofo: "Enfadarse con la persona correcta, en el momento justo y por el motivo adecuado no es tarea fácil"

Ira Virtuosa Aristoteles

El filósofo no pedía que suprimiéramos la ira, sino que la gobernáramos. Dos mil cuatrocientos años después la lección sigue siendo difícil de aprender

Anabel Palomares

Editor

Aristóteles escribió en el siglo IV a.C., hace más de 2.400 años, algo muy interesante sobre la ira. Decía en su ‘Ética a Nicómaco’ que "cualquiera puede enfadarse; eso es fácil. Pero hacerlo con la persona correcta, en el grado justo, en el momento oportuno, con el propósito adecuado y de la manera apropiada: eso no está al alcance de todos, ni es fácil". Lo que aseguraba el filósofo griego es que no debemos contener la ira o el enfado, sino usarla a nuestro favor. 

La ira convertida en virtud

Para él, la ira debe cumplir cinco requisitos para convertirse en virtud, conseguir gobernarla y que así, nos sea realmente útil. Lo que propone Aristóteles es convertir la ira en una fuerza que llama "gentileza”, que actúe como una especie de motor. No nos domina, pero sí nos impulsa a hacer algo. Pongamos un ejemplo para entenderlo. Estás en el trabajo y un compañero tuyo se atribuye tus méritos como suyos. Tu jefe le cree y le da la enhorabuena. Para que la ira o el enfado sean justificados, siempre se deben cumplir cinco cosas:

  1. La persona. El enfado debe dirigirse a quien ha actuado mal. No sirve que nos enfademos con nuestro jefe por haber creído al compañero, con la empresa misma o con ese becario que ha pasado por nuestro lado. Ese enfado debe ir dirigido a la persona que realmente ha actuado mal, nuestro compañero que ha mentido a todos.
  2. El grado. Aristóteles habla de grado para referirse a que el enfado debe ser proporcional a la gravedad real del problema. En este caso debe ser una queja y no una campaña completa de descrédito.
  3. El momento. No todo el enfado vale, asegura Aristóteles. Debemos “usarlo” cuando la situación lo permite y cuando realmente puede ser útil. Ponernos a gritar en medio de la reunión y delante de todos no tendrá ninguna utilidad aunque nos haga sentir bien momentáneamente o sea lo que esa emoción pide en ese momento.
  4. El propósito. Para Aristóteles, la ira o el enfado son motores de cambio para corregir injusticias y no formas de desahogarnos como aseguraba Víctor Küppers, experto en psicología positiva. Para el filósofo griego esa emoción tiene un propósito claro de reparación.
  5. El modo. La forma en que nos enfadamos es también importante. En este caso es mejor tener una conversación directa y asertiva y huir del sarcasmo, por ejemplo. 

“El hombre virtuoso es aquel que siente las pasiones correctas, en los momentos correctos, con las personas correctas, por la razón correcta y de la manera correcta; y en esto consiste la excelencia moral, pues el exceso y el defecto son igualmente reprochables”, aseguraba. Si hiciéramos una parafrasis más moderna podríamos decir que “sentir emociones como la ira no es malo si es en el momento, hacia las personas y por los motivos adecuados: en ese justo medio está la virtud”.

Si cumplimos con todos los requisitos, el enfado estará justificado según Aristóteles y no solo eso, nos será útil. ¿Es fácil aplicarlo? Rotundamente no. Han pasado 2.400 años y no dejarnos llevar por una emoción tan potente como el enfado es complicado, aunque no imposible.

La ira virtuosa de Aristóteles no es perfecta, solo está en el punto medio entre la indiferencia, que nos hace no reaccionar ante una injusticia; y la cólera, una ira mucho más reactiva que provoca una respuesta desmedida. Se trata de “hallar el punto medio de la cólera: ni la ausencia total de enojo ante lo injusto, ni la cólera desmedida son correctas; la excelencia consiste en sentir y expresar la ira justamente”, sentenciaba. En ese equilibrio es donde esa emoción es gobernable, algo que los estoicos no compartían porque para Séneca, en su tratado ‘Sobre la ira’, la ira siempre es un error porque perturba nuestro juicio. 

Es importante entender que Aristóteles no habla de una técnica ni es una fórmula de inteligencia emocional que podemos aplicar en situaciones concretas, sino que habla de carácter o como él denominaba, éthos. Para el filósofo el éthos es una disposición estable que se forma a través de la repetición de hábitos a lo largo del tiempo. Quien se enfada bien no lo consigue analizando la situación sino porque ha cultivado su moralidad, sensibilidad y templanza. 

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