
El cambio de armario hay que aprovecharlo para deshacernos de prendas que ya no usamos y para limpiar y ordenar los espacios que dedicamos a la ropa
Después de un mes de un arranque del otoño con temperaturas más elevadas de lo normal, llega el momento de hacer el cambio de armario. Guardar de forma definitiva la ropa de verano y sacar la ropa de entretiempo, para hacer frente a un otoño en el que tenemos que convivir con semanas frescas y lluviosas, con semanas en las que a medio día hace más calor de lo normal y por la noche o a primera hora de la mañana apetece abrigarse algo.
Hacer el cambio de armario es algo que sé que da pereza. Y de hecho, a veces vamos sacando poco a poco esa ropa de abrigo, conviviendo en el armario con las prendas más de verano. Y eso, es un error tremendo, porque al final, hace que acabemos con el armario lleno de ropa que ya no vamos a utilizar durante meses, mientras que las prendas que realmente necesitamos siguen ocupando su sitio en cajones y perchas. Y porque al menos dos veces al año deberíamos hacer una limpieza en profundidad del armario o del vestidor.
Cómo hacer de forma correcta el cambio de armario
Los que me conocéis, sabéis que en el tema de la casa intento ser muy práctico, poniendo en marcha trucos que hacen que mantener el orden en casa sea más fácil. Y en el caso del vestidor, también hay una serie de consejos que podemos llevar a cabo para que esta tarea tenga como resultado tener unos armarios ordenados con lógica, con el fin de aprovechar al máximo el espacio y hacer que nuestro día a día sea más fácil.
Para empezar, y aunque nos dé pereza, debemos aprovechar para vaciar todos los armarios y cajones donde guardamos la ropa. Y esto hay que hacerlo por dos motivos. El primero, para saber lo que tenemos, y decidir qué nos quedamos, o que desechamos para ganar espacio, y para limpiar esos espacios a los que no solemos prestar atención, y que a buen seguro acumulan polvo y pelusas.
En mi caso, lo que hago es que vaciarlo por completo y extender las prendas sobre mi cama. Ya sé que hay gente que recomienda sacar la ropa poco a poco, y no sacarla toda de golpe y dejarla sobre la cama. Pero así sé que tengo ese día para hacer esta tarea, y que pase lo que pase, mi cama tiene que estar despejada para irme a dormir evitando la procrastinación.
De esa manera, con la ropa extendida, puedo ver toda la ropa que tengo, y decidir qué ropa me quedo. Normalmente, aprovecho para probarme esas prendas que hace tiempo que no me pongo, para ver si me veo bien o si no me entra porque he engordado o adelgazado. Y es en ese momento cuando decido qué se queda en mi armario, o qué ropa regalo o la bajo al contenedor de reciclaje de ropa que tengo cerca de casa.
Y aunque todas las expertas recomiendan deshacerse de esas prendas que ya no nos valen, o que hace tiempo que no nos ponemos, reconozco (y sin culpa además), que no les hago caso y sigo guardando ropa que me gusta, que me ha hecho feliz, o ropa que me va pequeña, por si algún día adelgazo. ¿Qué me deshago de prendas cada vez que vacío el armario para hacer más sitio? Pues sí. Pero también es verdad que me quedo con prendas que cualquier gurú del orden me recomendaría eliminar sin pensárselo, pero que a mí me da felicidad tenerlas, ya sea por haber vivido momentos felices con ellas, bien porque son de diseñadores que me gustan.
Para hacer esa limpieza de prendas, puedes clasificarlas en tres grupos: las que vas a conservar, las que necesitan reparación y las que vas a donar o vender. Si una prenda lleva varias temporadas sin salir del armario, pregúntate si realmente te la vas a poner. No hace falta desprenderse de todo lo que no hayas usado recientemente, pero sí evitar guardar por inercia.
Limpiar el armario y clasifica la ropa
Una vez que tengo la ropa y los accesorios sobre la cama, y tras decidir qué me quedo y qué regalo o dono, es el momento de limpiar el armario. Con las perchas, los estantes y los cajones vacíos, verás la cantidad de polvo que se ha ido acumulando desde la última limpieza que hiciste. Y antes de volver a meter la ropa en su lugar, lo mejor es aprovechar para limpiar a conciencia el interior. Usa un aspirador para limpiarlo bien, y una vez aspirado, limpia con un jabón neutro. Y no te olvides tampoco de limpiar la parte más alta.
Una vez que tenemos el armario limpio, es el momento de comenzar a clasificar la ropa para poder guardarla de nuevo, y también de pensar si hay alguna idea que te puede ayudar a mejorar el orden. Por ejemplo, es muy útil aprovechar el espacio en vertical, instalando estantes adicionales, perchas o incluso ganchos en las puertas o en el lateral del armario. De esos ganchos, suelo colgar por ejemplo los bolsos y mochilas. También tengo una barra dedicada exclusivamente a colgar las corbatas, y una bandeja con divisiones para guardar cinturones.
A la hora de guardar la ropa de nuevo, hay que intentar siempre dejar a mano y a la vista la ropa que más te pones, ya sea porque es la que te pones para trabajar, o porque es la que repites habitualmente porque es la que mejor te sienta. La ropa que menos te pones, o la que menos necesitas, puedes ponerla en las zonas más escondidas, o a más altura.
Mientras vas colgando la ropa, hay un aspecto que ayudará a que tu armario o vestidor se vea mejor. Orienta todas las perchas en la misma dirección, a ser posible, con los ganchos mirando hacia adentro. Eso ayudará a descolgarlas con más facilidad, y a transmitir una sensación de orden con poco esfuerzo. Y si además, todas las perchas son iguales, del mismo color, y en un material cálido como la madera, mejor que mejor.
Las perchas finas y antideslizantes permiten aprovechar mejor la barra, mientras que las de madera o con hombros anchos son adecuadas para chaquetas y prendas estructuradas. Los jerséis de punto, en cambio, es preferible guardarlos doblados para evitar que se deformen.
Cuelga o guarda todo por categorías. Pantalones, camisetas, vestidos, trajes, ropa de fiesta, formal, informal... No hay una forma exclusiva de organizar, porque el armario de cada persona es único, y todo dependerá de tu estilo de vida y del tipo de prendas que tengas.
Americanas, blusas, camisas y vestidos, siempre colgados. En el caso de americanas, trajes y chaquetas que no te pongas habitualmente, lo mejor es meterlas en una funda para evitar problemas con el polvo o con las polillas. Y si no son transparentes, puedes poner una etiqueta que diga qué hay en el interior. Para los pantalones, nada mejor que hacerse con una percha especial para que no se arruguen. Incluso puedes comprar una percha múltiple para colgar varios modelos ocupando un espacio mínimo. Y para las faldas, usa las perchas con dos pinzas.
En el caso de los cajones, mi consejo es usar el doblado vertical, ya que permite identificar las prendas sin tener que levantar toda una pila. Y para alguien como yo, que va siempre corriendo, eso es importante para evitar tener que desordenar toda la ropa para encontrar la prenda que busco. Este tipo de doblado es perfecto para camisetas, pijamas, ropa deportiva y prendas de punto. Eso sí, no conviene comprimir demasiado los tejidos, ya que deben quedar accesibles y sin arrugas excesivas.
Para guardar los jerséis, sepáralos por tipo: por color, por cuello pico, por cuello de cisne, cuello redondo, o por grosor... Eso hará más fácil la tarea tanto de guardarlos como el momento de buscar el que necesitas en un momento dado.
Reserva un espacio para esos conjuntos que te pones siempre
Seguro que tienes camisas que te pones siempre con el mismo pantalón, o faldas que combinas siempre con la misma blusa. Para esos casos, yo tengo una zona del armario destinado a guardar esos conjuntos en la misma percha. De esa manera, el día que me apetece ponerme esa camisa, no pierdo tiempo en buscar el pantalón aparte. Así ahorro tiempo y nervios a la hora de buscar esas prendas. Y ante un día de prisas, sé que tengo un conjunto listo para ponerme sin perder tiempo en pensar qué me pongo.
Guarda la ropa del verano siempre limpia
Hasta ahora hemos hablado de la ropa de temporada que vamos a volver a colocar, pero también hay que hablar de la ropa de verano que vamos a guardar hasta el próximo año. Tanto si la guardamos en el propio armario, como si la guardamos en cajas que subimos a la parte alta del armario o que guardamos en el trastero, es importante guardarla completamente limpia.
Aunque una camiseta o una falda parezca limpia después de un solo uso, el sudor, los restos de desodorante o las manchas invisibles pueden deteriorar los tejidos durante el almacenamiento. Por eso, antes de guardar cualquier prenda, es importante lavarla siguiendo sus etiquetas, asegurándonos de que está bien seca antes de guardarla. Y eso es especialmente importante con la ropa blanca o con las prendas delicadas.
Y si tienes poco espacio para guardar la ropa de otras temporadas, siempre puedes apostar por las bolsas de compresión para ahorrar espacio con algunas prendas resistentes, como ciertos textiles de verano.
Deja algo de ropa de entretiempo
En otoño, especialmente cuando las temperaturas cambian tanto de una semana a otra, tener un pequeño fondo de armario de transición resulta más práctico que separar por completo ambas temporadas. En días templados puedes necesitar ropa ligera al mediodía y algo más abrigado a primera hora de la mañana.
Y esta selección evita tener que revolver el armario cuando cambian las temperaturas. Así que reserva un espacio para las chaquetas ligeras, las camisas, los cárdigans y las prendas que permiten añadir o quitar capas.
Y para acabar, dos consejos: El primero, no compres cajas, separadores ni organizadores antes de terminar de revisar la ropa. Primero comprueba cuánto tienes que guardar y qué espacio disponible hay. Así elegirás las medidas adecuadas y evitarás llenar el armario de accesorios que, en lugar de resolver el problema, terminan ocupando más sitio.
Y el segundo, compra ambientadores para colgar de las barras. Y si puede ser, compra alguno que también decore, ya que además de conseguir que el armario o el vestidor huela bien, también le darás un toque diferente.
Fotografías | Vika_Glitter de pixabay, Nacho Viñau
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