La culpa como herencia femenina o por qué seguimos sintiéndonos mal incluso cuando “hacemos todo bien”

Nos lleva siglos persiguiendo por un sencillo motivo: es una herramienta de control que ahora nace de nosotras sin darnos ni cuenta

Anabel Palomares

Editor

La culpa es una de las emociones más complejas de transitar. Nos atenaza el pecho y nos llena la cabeza de pensamientos intrusivos. Como explican las psicólogas de Somos Estupendas, la culpa “surge cuando sentimos que hemos roto una norma ética o hemos causado daño o dolor” y tendemos a rechazarla porque “es desagradable, nos hace sentir mal y en ocasiones puede ser destructiva”. Y para las mujeres, por desgracia, es una emoción heredada. 

Cuando hablamos de herencia no lo hacemos de genética. No es que el ADN de una mujer la predisponga a sentir una mayor culpa, sino que existe una relación entre la socialización femenina y la culpa a nivel cultural y patriarcal. No es una percepción ni una sensación más. Es una realidad probada. Se ha visto que las mujeres experimentan un mayor sentimiento de culpa y vergüenza que los hombres en muchos ámbitos de la vida, desde el trabajo a la vida personal. 

La culpa como constructo social para las mujeres

La culpa llegó cuando la primera mujer según el cristianismo, Eva, mordió la manzana. Desde ella, la culpa y la feminidad han ido de la manita para que no nos perdiéramos por el camino. Siempre nos ha acompañado como si fuera nuestra propia sombra. Durante la Edad Media y la Edad Moderna el deseo femenino fue asociado con el pecado y la mujer era responsable de “provocar”. De nuevo la culpa encima de nosotras, en este caso solo por existir. Luego llegaron las cazas de brujas y el tratado Malleus Maleficarum ya decía que éramos proclives al mal por nuestra "debilidad moral" y ser mujer ya implicaba potencial de culpabilidad. 

Al llegar al siglo XX, la culpa se convierte en una carga permanente y nunca es suficiente. La mujer moderna se siente culpable por no cumplir las expectativas que la narrativa social nos dice que tenemos que cumplir: ser una mujer trabajadora (valga la redundancia), buena madre, buena hija, buena pareja, buena amiga, buena ama de casa, buena mujer… Tenemos que ser todo y aunque estemos cerca de la excelencia, sentimos que no es no es suficiente. La culpa te come por no ser todo lo perfecta que te dijeron que debías ser. No es seamos más culpables, es que históricamente se nos ha situado en un lugar en el que somos responsables de todo lo que nos rodea.

Explicaba Judith Butler, en ‘El género en disputa’, que el género no es una esencia interna ni una verdad biológica. Tampoco es un hecho inmutable, sino una "performatividad" que se rige bajo ciertas normas sociales y la culpa puede funcionar así como una señal de que estás saliéndote del guion que otros han escrito para ti. Pensemos además en lo que Simone de Beauvoir decía en ‘El segundo sexo’, analizando como la figura de la mujer siempre se ha perfinado como un complemento orientado a los demás. Cuando las expectativas a cumplir son las de otros, o mejor dicho las de toda una sociedad, no llegar a ellas no solo es frustrante sino que nos hace sentirnos culpables. No ser “suficientemente buena madre”, “suficientemente atractiva”, “suficientemente comprensiva” activa la culpa autopercibida, y lo hace así por cómo hemos sido educadas. 

Existe una diferenciación entre cómo se educa a hombres y mujeres y eso influye en cómo se experimentan y regulan emociones como la culpa o la vergüenza. Por eso también hay diferencias en el desarrollo emocional de ambos géneros. En muchas culturas a las niñas se les refuerza el cuidado, por eso se les regalan bebés de juguete a los que cuidar. O se les anima a buscar la validación por su aspecto, por eso se le regalan muñecas para peinar, maquillar y vestir. A una niña, se le exige una mayor responsabilidad emocional. 

Cuando la culpa se usa como narrativa para el control

A día de hoy, la culpa funciona como un fenómeno social impuesto si eres mujer. Las prácticas disciplinarias que Michel Foucault describe en su libro ‘Vigilar y Castigar’, como una forma de moldear a los seres humanos y volverlos dóciles, útiles y obedientes, es algo que nos persigue desde que somos niñas. Según Sandra Lee Bartky, la disciplina descrita por Foucault se aplica de forma especialmente intensa sobre los cuerpos de las mujeres. Nuestro cuerpo siempre es vigilado (no envejezcas, mantente joven y delgada, evita las arrugas), vivimos en un autoexamen continuo y hemos interiorizado estándares imposibles.

Aunque el filósofo y psicólogo francés no habla específicamente de género en su obra, sí desarrolla algo clave y es que el poder moderno no actúa solo castigando desde fuera, sino produciendo sujetos que se autocontrolan. Un poco como reflexionaba el filósofo Byung-Chul Han en ‘La soledad del cansancio’ cuando decía que hemos pasado de ser explotados a ser autoexplotados

La culpa, de esta forma, se ha convertido en una herramienta de control para regular nuestra conducta mediante la vigilancia constante e internalizada (te juzgas tú), la normalización (que establece lo que está bien y lo que no) y la propia disciplina que moldea las conductas. Si trasladamos esto al género, la culpa funciona como un dispositivo de autocontrol. Nadie tiene que castigarte porque ya sientes tú que has fallado aunque lo hagas todo bien. Y aunque la culpa puede ser adaptativa y ayudarnos a corregir errores, para nosotras se convierte en una losa. Dice la psicóloga Liliana Mizrahi que “en muchas oportunidades las mujeres quedamos inhibidas para luchar por nuestros derechos, o defender nuestras ideas, percepciones y sentimientos”. 

Es necesario matizar algo importante y es que si asignamos la culpa como algo impuesto a las mujeres corremos el riesgo de convertirnos en una marioneta y muchas nos resistimos a ello precisamente hablando de cómo la culpa nos quema por dentro. Replanteándonos si es un sentimiento real o autoimpuesto. Tal vez el problema no es que la culpa sea heredada, sino que se interioriza de una forma diferente si somos mujeres. Con ese ligero cambio de perspectiva daremos un paso más y sacudirnos esa culpa será un poquito más fácil cada día.

Nota: algunos de los enlaces de este artículo son afiliados y pueden reportar un beneficio a Trendencias.

Fotos | Nora (2025)

En Trendencias | Diez directoras de cine español que tienes que tener en tu radar este 8M y todos los días del año (y dónde ver sus mejores películas)

En Trendencias | Ocho micromachismos tan interiorizados que aún no somos conscientes del daño que hacen

Ver todos los comentarios en https://www.trendencias.com

VER 0 Comentario