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Por qué llevo a mis hijas a un cole sin deberes (y eso que nunca pensé que lo haría)

Por qué llevo a mis hijas a un cole sin deberes (y eso que nunca pensé que lo haría)
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No es una cuestión de estudios y tampoco de luchar contra la desigualdad. Francamente y aunque suene políticamente incorrecto, espero que mis hijas tengan más oportunidades que el resto. Se llama instinto de supervivencia y me siento orgullosa de él. Mis hijas van a un cole sin deberes porque no quiero que odien el cole. Quiero que les guste aprender. ¿Es mucho pedir?

Todo empezó en un cole tradicional. Con una niña de 4 años. Todos los días llegaba a casa con una ficha de lectura, tres páginas de cálculo y dos paginas de caligrafía. No me parece mucho y no me importaba que le dedicara un buen rato. ¿Una hora? Bueno. No pasa nada. Tiene energía. Ha de aprender la ley del esfuerzo. Sí, porque soy de las que cree en el trabajo y en el esfuerzo como base de toda recompensa.

Así que me "arremangué" y me puse con ella a leer, a repasar y a practicar ortografía. Efectivamente, tal vez alguien se lo pregunte, es molesto saber por tu hija que en el cole les ponen películas (sin valor lectivo) en lugar de dar materias, o ver que eres tú quién le está enseñando a leer... ¿Para qué pago un dineral a un concertado? ¿En concepto de guardería? Desde luego que no ayuda. Tampoco ayuda que los deberes estén mal. Sí. Mal. Las operaciones no son las ajustadas al programa, las poesías que memorizan se encuentran en webs malas de Internet. ¿Tanto cuesta buscar poemas clásicos? Esto lo pedí y lo conseguí. Pero mi sensación de que el camino no era ese, no me abandonaba.

Llegó al cole mi hija pequeña. Más perfeccionista. Más realista. Una niña muy alegre y divertida que se me marchitó. No pude tolerar la presión que sentía esa pequeña de cinco años. Cada noche me decía que no quería ir al cole. Había hecho sus tareas. Pero temía que estuvieran mal, haber olvidado algo... No es que las noches fueran un infierno, pero el cole, definitivamente, no le gustaba.

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Investigué. Había grandes colegios muy bien valorados y puntuados que tenían sistemas mas abiertos. Reflexioné. Lo que nos valió a una generación sin distracciones, sin tecnología en cada minuto, sin tablets. ¿Tiene que valer hoy? A nosotros nos preparaban para aprender cosas. Hoy la diferencia la marca quién imagina soluciones. Soy creativa. Y creo que esa herramienta será la que marque la diferencia laboral. Las enseñanzas del cole serán estándares. Todos los niños sabrán lo mismo. Las herramientas para afrontar los problemas, no se enseñan cómo las matemáticas o la gramática. Por otra parte, curiosamente, aquellos que defienden nuevos modelos educativos coinciden en que no haya tareas por norma y que éstas, no sean estándar. Y que los niños descansen cuándo lleguen a casa y no trabajen otras tantas horas más.

Hicimos el cambio. Contra todo pronóstico, ojo, y con muchas dudas, porque somos padres que creen en el esfuerzo más allá de lo que se pide. Porque nuestra educación ha sido tradicional y nos ha ido bien. Cambiamos a un cole sin deberes. Y sin libros. Sin exámenes. Sin uniforme (no os imagináis lo que me costó renunciar a esa comodidad).

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Cómo ha sido el resultado después de más de tres años sin deberes

Al principio fue un shock. Dudaba de si sería un error. Pero entonces sucedió. Escuché a mis hijas que su cole era el mejor. Lo nombraban con un diminutivo cariñoso. Querían ir al cole. Estaban deseando ir al cole. Forman parte de algo más grande que ellas y les gusta.

Actualmente la mayor cursa sexto de primaria. No tiene deberes. Pero llega a casa y estudia. Nos pide a su padre o a mí que le pongamos ejercicios. Hace esquemas, dibujos, mapas. Sabe dónde flojea. Sabe cómo prepararse. También toca un rato la guitarra (un día con un profe y el resto de días con Youtube), tiene un blog y dibuja por placer. No ve la tele. Si hace buen tiempo, baja a la urbanización a jugar con sus amigas.

La pequeña (ella fue la que me conmovió y me hizo dar este paso) cursa cuarto de primaria. Le encanta el cole. Nunca más dijo que no quería ir o se inquietó. Ahora, con otra madurez, adora hacer trabajos voluntarios en PowerPoint. Todos los días llega a casa, entrena y lee. Hace fichas de lectura. Escribe un libro con su portátil. Incluso los fines de semana. Trabaja duro, pero con alegría, cuando alguna asignatura se resiste o no entiende algo. Le encanta bailar y hacer gimnasia rítmica. Y tiene tiempo para todo.

No hay exámenes, pero hay un gran coaching y autocontroles de conocimientos. Además, ellas son responsables y quieren aprender.

No creo que cualquier niño encaje en este sistema educativo sin deberes, ni exámenes, ni libros. Algunos necesitan disciplina y se relajan porque no se autoexigen. Una amiga trajo a su hija (al ver lo contentas que estaban las mías y la sacó al año siguiente). Además, todavía es pronto. Nos queda la adolescencia: un momento clave en el que los niños viven una gran distracción. Y puede que tengamos que cambiar de nuevo de idea. Pero hemos conseguido que les guste el cole y les guste aprender. Hay muchos motivos para llevar a tus hijos a un cole sin deberes, pero nosostros estamos felices porque creemos que es el mejor regalo que le podemos hacer a nuestras hijas y el mejor comienzo para una vida de esfuerzo.

Imágenes| Pixbay. En Trendencias|Esa extraña edad a los doce, trece años en la que no quieres que crezcan y a la vez deseas que lo hagan

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